Un infidente en el corazón de Isla de Pinos

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Muy cercanos ya al aniversario 173 de la caída en combate de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, proponemos a nuestros lectores Infidente, del narrador y poeta tunero Nelton Pérez Martínez (Manatí, 1970), con la cual hace once años obtuvo el Premio de Novela Alejo Carpentier.

El jurado del certamen, compuesto en aquel momento por Francisco López Sacha, Dazra Novak y Rafael de Águila, valoraron en este texto el noble empeño por resignificar uno de los periodos menos conocidos de Martí durante su estancia en la otrora Isla de Pinos hacia finales de 1870.

“Reescribí como nunca antes lo había hecho, fue duro pero placentero… fue meterme en camisa de once varas, lo sé. A Martí se le idolatra como un santo. Pero mi reto fue intentar verlo como un muchacho desconocido y quebrado físicamente, pero tan grande que su alma no cabía ya dentro de sí”, expresó como parte de una entrevista el autor a un medio de prensa. Y bien que lo hizo, pues como ya se dijo, logró enamorar a los evaluadores del certamen con una plausible mezcla de referencias históricas y su fértil imaginación de literato.

Escrita en dos tiempos fundamentales, la obra transcurre a saltos entre los 65 días que estuvo el Apóstol en la finca El Abra de Nueva Gerona, propiedad del catalán José María Sardá (amigo del padre, Mariano Martí), y los años 80 del pasado siglo, partiendo de los tristemente célebres sucesos de la embajada de Perú en La Habana y el éxodo masivo por el puerto de Mariel. Enlazando de modo ingenioso ambos cronotopos, logra “una verdadera hazaña intelectual (…) que puede leerse como una indagación histórica bajo el criterio de que la ficción también colabora con la realidad”, al decir del ya fallecido Francisco López Sacha.

Los lectores hallarán insertado en las páginas de Infidente un grupo amplio de cartas, que enriquece notablemente la trama, con las cuales el escritor rinde honores no solo a Martí, sino a un género por naturaleza intimista y cercano a los públicos. Dirigidas en su mayoría a la madre Leonor Pérez y a sus hermanas, dichas epístolas ꟷproducto también de la inventiva o por lo menos dejan margen a las dudasꟷ son las encargadas de desvelar poco a poco aquella estancia del penitente exiliado en su propio país, y el duro contexto habanero que oprimía al unísono a su familia.

Antes de ser yo enviado acá, ¿sabían ustedes de la existencia de esta isla? No, solo los piratas y los pineros que son bien pocos (…) Pueden imaginarse que Nueva Gerona, una ciudad que hace llamarse tal, además de los deportados, no hay ningún teatro ni ferrocarril? He descubierto que como no hay ópera ni vida nocturna para sanar el alma con algazara y festín, hay entre sus habitantes la extendida manía de mentir, y son muchos los que lo hacen con mucha gracia y don”.

En dicho “refugio”, provocado por el delito de infidencia, el jovencito de 17 años dibujado por Pérez Martínez ꟷquien, vale decir, vive en la Isla de la Juventud desde 1983ꟷ, expone las posibles relaciones; diálogos, desavenencias e intimidades que pudo haber tenido tanto con el señor Sardá, su esposa, la amulatada Trinidad Valdés Amador, así como con los criados de la emblemática casa, en especial la negrita Dolores, o con un personaje local tan pintoresco y difuso como el Barón Herrera, cuya mejor habilidad consistía justamente en contar chismes con “gracia y don”.

El texto también sirve como trampolín para la reflexión social y política, que se cimenta en dos épocas distintas pero con muchas similitudes. Cada una logra captarse en esos otros apuntes que andan dispersos en la novela; notas que le envía Carmen, una perspicaz especialista que trabaja en la casa Sardá, convertida ya en museo desde 1944, al joven tesiante Armando (Mandy) durante la convulsa década del 80, mientras ata cabos para su proyecto de investigación vinculado al Maestro.

La novela es, desde otra perspectiva, una oportunidad para que los lectores descubran y aprecien la naturaleza decimonónica en la Isla de Pinos; sus aves y plantas y sientan ese “olor a yagrumas” que inunda cada uno de los espacios, sin olvidar el paisaje total bajo la mirada recreada de un José Martí, que arribó y partió en dos meses de aquellas costas por pensar distinto a la Metrópoli española.

Infidente llegó en 2015 para reafirmar el quehacer intelectual de un Nelton Pérez que ya poseía disímiles galardones, entre los cuales destaca el Premio de la Ciudad de Nueva Gerona en el año 2000, el Premio de Novela Erótica La llama doble (2004), el Nacional de Poesía Paco Mir (2005) o el Premio Internacional de Poesía Eduardo Carranza de Colombia en 2011. De este autor pueden encontrarse en bibliotecas otras obras, dígase los libros El viaje (1998), Bitácora y Un café en el París de entonces, ambos de 2005, y la también laureada novela El enigma y el deseo (2006).

El escritor Nelton Pérez mientras recibía el galardón literario./Tomada del portal La Jiribilla.

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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