Historias desde el barrio: Sofía

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El barrio de Pastorita no tiene al flautista de la muy conocida fábula de Hamelin, pero tiene a Sofía Caballero Fuentes, una niña de 11 años, quien se inició en el estudio de la flauta hace unos diez meses, desde los talleres de verano, en la Escuela de Arte, Benny Moré, de Cienfuegos. Ella espanta, con sus acordes musicales, las frustraciones del bregar cotidiano de la gente del barrio.

Pero era ya una artista desde que, a los seis años, con aptitud y actitudes para el canto, la música y la actuación, se integrara a la compañía infantil de las reconocidas Rosa Campos y Nuria Vega, en específico a la agrupación coral: Amanecer Feliz.

Al principio de la carrera de la futura flautista, los ensayos en casa al regresar de la escuela, y coincidentes con las noches de apagón en el reparto eran una agonía, no se acoplaban la boquilla y el cuerpo de sonido del instrumento, y nos traía, literalmente, “locos”; era como un desgarro de la barrera del sonido, los mosquitos de mil y una especie en pleno verano, las manos cansadas de tanto abanicarnos, el sudor bajo el mosquitero, los dolores articulares del chikungunya. Yo misma, que soy amantísima de ese instrumento, ya quería escuchar un progreso.

Si, si, la, la, sol… de “La lluvia”, iniciaban cada tarde, no importaba la música del ayer que pone para el barrio un vecino melancólico; ni mucho menos la repetitiva, Voy a ponerme bonita, de la Señorita Dayana, que otra vecina comparte, sin pedir permiso, con los habitantes de esta especie de “cuarterías sonoras”, que suelen ser los asentamientos poblacionales de edificios; a la postre, la flauta de Sofía ganaba la competencia, por resultar la de mejor gusto.

Pero la situación económica se tornó más difícil, agravada por la crisis energética, y entonces se acortaron los horarios en su Escuela de Arte, que se supone sea una enseñanza intensiva, por la escolaridad, el solfeo, estudio del instrumento…, todo matizado por las dificultades para transportarse, pero Sofía quiere ser músico a toda costa y costo, y anda desde las madrugadas, en la jornada que tiene lecciones, “luchando”, literalmente, para llegar hasta la avenida 5 de Septiembre, donde está su Escuela, con la flauta a la espalda, los libros y una lonchera para la merienda y el almuerzo.

Y son el empeño y el esfuerzo de esta niña los que asombran, los que nos hacen encontrar música en las durezas de la vida, porque ella no puede asumir un plan de emergencia, en el que por razones obvias hubo ciertas transformaciones en los sistemas de enseñanza, porque el talento no espera, para esos niños en formación el tiempo es oro, porque entonces estaríamos hipotecando el futuro o negando aquello de lo que nos ufanamos en este archipiélago con ese Mar Caribe que nos baña, somos insularidad que resalta en ritmos y deporte.

Foto: Magalys Chaviano Álvarez / 5 de Septiembre
Foto: Magalys Chaviano Álvarez / 5 de Septiembre

Por eso en Pastorita, los vecinos más cercanos, aplaudimos a Sofía y sus ejecuciones de flauta, el progreso en el estudio del instrumento; pero también aplaudimos su tenacidad y el apoyo de una familia que le respalda, porque no se permiten ver el tiempo pasar, el talento se construye en el día a día, de lo contrario, no tendremos mañana. ¡Bravo, Sofía!

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Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social.

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