Robótica: imperativo estratégico para el desarrollo

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En el panorama del siglo XXI, el fomento de la robótica ha dejado de ser una opción tecnológica marginal para convertirse en un pilar fundamental en la estrategia de desarrollo de cualquier nación que aspire a la soberanía tecnológica, la eficiencia económica y el progreso social.

La integración de sistemas robóticos y de automatización inteligente en los sectores productivos, desde la agricultura y la industria hasta los servicios y la salud, representa una palanca para incrementar la productividad, optimizar recursos escasos, mejorar la calidad y seguridad de los procesos, y generar productos y servicios de mayor valor añadido.

Para un país, dominar esta disciplina significa no solo consumir tecnología importada, sino desarrollar capacidades endógenas de diseño, fabricación y adaptación, reduciendo dependencias y creando un ecosistema de innovación que atrae talento y estimula la creación de empresas de base tecnológica. El retraso en esta arena conlleva el riesgo de profundizar la brecha digital y productiva, relegando a las economías a un papel de mera extracción de materias primas o ensamblaje, en un mundo donde el valor se genera cada vez más en la intersección entre el software, la mecánica de precisión y la inteligencia artificial.

Sin embargo, este impulso nacional hacia la robótica no puede surgir de manera espontánea ni limitarse a la adquisición de equipos. Su verdadero sustrato y garantía de sostenibilidad es la robótica educativa. Esta no debe entenderse únicamente como la enseñanza para construir pequeños artefactos, sino como una metodología pedagógica poderosa que, desde edades tempranas, fomenta el pensamiento computacional, la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la creatividad y una comprensión profunda de las STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).

Foto: Creada por el autor con IA

Es la vía para sembrar la semilla del interés, para formar la cantera de técnicos, ingenieros y científicos que darán vida y mantendrán esos sistemas complejos. Sin un programa robusto, accesible y escalable de robótica educativa, cualquier iniciativa de alto nivel quedará huérfana de relevo generacional y carecerá de la masa crítica de ciudadanos con la alfabetización digital necesaria para interactuar con un mundo cada vez más automatizado. Por tanto, invertir en robótica educativa es invertir en el capital humano más valioso y en la construcción de una cultura tecnológica proactiva.

En el contexto específico de la provincia de Cienfuegos, y en línea con los objetivos de su estrategia de desarrollo territorial que identifica problemáticas como la necesidad de innovación en la producción agroindustrial, la modernización de los servicios, la sustitución de importaciones y el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica local, instituciones clave están llamadas a desempeñar un rol protagónico y articulado. La Universidad Carlos Rafael Rodríguez, como centro rector de la educación superior en el territorio, tiene la responsabilidad y la capacidad de ser el núcleo de investigación y desarrollo. Sus facultades de Ingeniería y Tecnologías pueden liderar proyectos de I+D+i aplicada a problemas concretos: diseño de prototipos robóticos para la selección y empaque de productos agrícolas de la provincia (como el tomate o la fruta bomba), desarrollo de estaciones meteorológicas y de monitoreo de suelos automatizadas para la agricultura de precisión, o sistemas de telepresencia y asistencia remota para el sector de la salud, facilitando consultas especializadas en zonas de difícil acceso. Además, debe fortalecer y actualizar sus planes de estudio, incorporando la robótica avanzada, la visión por computadora y la inteligencia artificial, y ofrecer programas de diplomados y maestrías para la capacitación de profesionales en activo.

La Unión de Informáticos de Cuba (UIC) en Cienfuegos, aglutinando a los profesionales del sector, puede actuar como un dinámico puente entre la academia, la industria y la administración del gobierno. Su contribución puede centrarse en la creación de comunidades de práctica y clubs de robótica para profesionales, organizando talleres, hackathones y seminarios de transferencia tecnológica sobre plataformas de código abierto. Puede promover y asesorar la creación de Empresas de Base Tecnológica (EBT) o empresas emergentes dedicadas a brindar servicios de automatización, mantenimiento robótico y desarrollo de software de control a entidades estatales y privadas. Asimismo, puede jugar un papel crucial en la sensibilización y capacitación de directivos y tomadores de decisiones sobre las ventajas y el impacto de la robótica, ayudando a identificar oportunidades de automatización en las cadenas productivas locales y a formular proyectos de inversión más fundamentados.

Foto: Creada por el autor con IA

Por su parte, los Joven Club de Computación y Electrónica, con su extensa red de instalaciones y su tradición de acercar la tecnología a la comunidad, son el eslabón esencial para la masificación de la robótica educativa. Su acción debe dirigirse a captar el interés desde la base. Pueden implementar talleres regulares y atractivos para niños, adolescentes y jóvenes, utilizando kits educativos asequibles y reciclados, programación en entornos gráficos y competencias locales que estimulen la creatividad. Su reto es democratizar el acceso, llegando a todos los municipios y convirtiéndose en el semillero donde se descubran y estimulen los talentos que luego la Universidad y la UIC podrán potenciar. Además, pueden ofrecer cursos de capacitación técnica básica para trabajadores de sectores priorizados, creando una primera línea de soporte técnico descentralizado.

El panorama global de la robótica muestra avances vertiginosos que trascienden el ámbito industrial. Desde robots quirúrgicos que permiten operaciones de extrema precisión y drones que realizan entregas de medicinas en áreas remotas, hasta sistemas autónomos de logística en almacenes, robots sociales para el acompañamiento de adultos mayores y soluciones de agricultura vertical automatizada para la producción sostenible de alimentos, la robótica se ha integrado como un facilitador transversal del bienestar y la eficiencia.

El potencial de empleo de estas tecnologías en pos del desarrollo integral de la sociedad es inmenso. Para una provincia como Cienfuegos, y para Cuba en general, una apropiación estratégica de la robótica, comenzando por su fomento educativo y la acción coordinada de sus instituciones, podría significar un salto cualitativo.

Podría traducirse en una agroindustria más resiliente y con menos pérdidas, una industria más competitiva y segura, servicios de salud y educación ampliados mediante la telepresencia, y la generación de empleos de alta calificación que retengan el talento joven.

Foto: Creada por el autor con IA

El camino no es la mera importación de soluciones llave en mano, sino la construcción endógena de capacidades. La articulación virtuosa entre la Universidad Carlos Rafael Rodríguez (como faro de investigación y formación avanzada), la Unión de Informáticos (como dinamizadora del ecosistema profesional y empresarial) y los Joven Club (como pioneros de la socialización del conocimiento), puede colocar a Cienfuegos a la vanguardia de un movimiento nacional que entienda que el futuro no se espera, se construye con circuitos, código, ingenio y una visión de desarrollo profundamente humana y sostenible. La robótica, en este empeño, es mucho más que máquinas; es la herramienta para materializar un proyecto de país más próspero e innovador.

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Pablo Morales Concepción

Ingeniero Radioelectrónico. Director Territorial de Control del Ministerio de las Comunicaciones en Cienfuegos.

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