Perfeccionamiento educacional en Cuba: noble proyecto con aristas por limar

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Miguel Díaz-Canel inauguró, en septiembre de 2017, el preuniversitario cienfueguero Martín Dihígo, plantel acogido al III Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación: 162 en la nación; siete en Cienfuegos./Foto: Julio Martínez Molina
Miguel Díaz-Canel inauguró, en septiembre de 2017, el preuniversitario cienfueguero Martín Dihígo, plantel acogido al III Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación: 162 en la nación; siete en Cienfuegos./Foto: Julio Martínez Molina

En reciente entrevista concedida al autor de estas líneas por Cira Piñeiro Alonso, viceministra primera del Ministerio de Educación, ella emitió una valoración positiva en torno a la marcha del III Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación a nivel de país, más allá de sus aristas por limar.
La vicetitular encomió la puesta en práctica de la experiencia, el actual curso, en 162 centros docentes de la nación. Reflexionó sobre “cómo se interactúa estrechamente con los docentes de dichos planteles en Perfeccionamiento, de quienes se recaba su valoración de los materiales lectivos, en constante recogida de la información para mejorar aun más la experiencia. Esos criterios están encaminada a que los colectivos de autores de dichos textos continúen trabajando en cualquier mejoría posible, de ser necesario”.

Consideró que “el nivel de comunicación logrado con los colectivos y el grado de compromiso de estos centros seleccionados ayudan al correcto desarrollo de la marcha del proceso, durante esta etapa de experimentación”.

Resaltó que “hemos estado identificando, sobre todo, la necesidad de ir buscando una mayor correlación entre el trabajo metodológico y la calidad de la clase y del aprendizaje; al tiempo que apreciamos el loable encarrilamiento de los programas y el vínculo de docentes/alumnos con el libro de texto y los cuadernos de trabajo”.

Para focalizar el tema, dialogamos además con la directora provincial de Educación en Cienfuegos, Odalys Carranza Ojeda, quien destacó cómo “el Perfeccionamiento ha permitido que se fortalezca el conocimiento en los siete centros seleccionados del territorio, en los cuales también se impulsa la integración escuela/alumno/comunidad y el protagonismo de las organizaciones estudiantiles. Los planteles del territorio que adoptan la nueva experiencia son el círculo infantil Veinte primaveras; la escuela especial José Siverio Talavera; la primaria Carlos Manuel de Céspedes; la secundaria 5 de Septiembre; el preuniversitario Martín Dihígo; el politécnico 5 de Septiembre y el sistema de educación de adultos que radica en esta última instalación”.

El Perfeccionamiento propone la transformación de los métodos y estilos de trabajo en la institución docente; así como el quehacer de educadores/pupilos con nuevos planes y programas de estudio, libros de texto, orientaciones metodológicas y cuadernos de trabajo. Es un empeño que potencia el componente educativo, en el cual intervienen alumnos, profesores y familia.

Entre otras ventajas, no aludidas por las entrevistadas, figura la introducción en décimo grado de una asignatura de tanta utilidad como Cultura artística. Hoy, como nunca antes, deviene materia esencial. Enriquece el mapa cultural del adolescente y le ayuda a construir su sensibilidad artística, dos elementos cardinales para descifrar el actual escenario de símbolos e imágenes. El profesor de la especialidad en el “Martín Dihígo” insta a sus alumnos a que asistan a funciones en los teatros, complemento de veras plausible. Pero como todo obra humana, el Perfeccionamiento resulta mejorable.

Si bien la educación mundial tiende al trabajo en equipo desde finales del siglo XX -también la cubana lo fomenta-, precisa evitarse una saturación de esa premisa. La labor en colectivo brindaría beneficios que el espacio impide consignar; pero en la práctica la verdad es que los “equipos” estudiantiles no suelen ser tales y, por ende, hay integrantes muy sobrecargados, mientras otros están distendidos. Al final, en cualquier caso, todos son medidos por igual rasero, lo cual no es factible desde ningún prisma evaluativo.

También debe existir cuidado en la sugerencia de “iniciativas” para trabajos prácticos, seminarios integradores u otras tareas lectivas que pudiesen sobrepasar la capacidad resolutiva (no en términos académicos, sino en el sentido de dar respuesta a determinada demanda objetiva) del pupilo, en aras de no cruzar la definida línea entre el entusiasmo creativo y lo supra-educativo.

No ha de perderse de vista, tampoco, que todo el crisol de valores y preceptos formativos que pretende forjar la experiencia en curso no puede eclipsar a la instancia primera de la adquisición del conocimiento, razón de ser del estudiante, porque habría de escorarse el superobjetivo general; sino que, antes bien, uno y otro empeño deben fundirse en real articulación armónica.

Estas u otras sugerencias, las cuales seguramente tienen detectadas los planteles acogidos, no son óbice para elogiar el alcance del empeño; sino solo proposiciones encaminadas a conferirle aun más solidez, verismo e intencionalidad a un proyecto que, en algún momento, podría generalizarse.

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