Pablo Lafargue: el yerno cubano de Carlos Marx | 5 de Septiembre.
lun. Ago 19th, 2019

Pablo Lafargue: el yerno cubano de Carlos Marx

Tomó parte en numerosos congresos, fundó periódicos y participó en la creación del Partido Obrero Francés y escribió varios libros. Algunos de sus biógrafos le censuran su casi nula solidaridad con la causa independentista cubana del siglo XIX./Foto: Tomada de Internet

Pablo Lafargue que falleció el 25 de noviembre de 1911, ha sido llamado por el intelectual cienfueguero Carlos Rafael Rodríguez, “el gran mulato cubano” y es que entre sus muchas singularidades se cuenta la de ser descendiente de varias etnias y razas; culturas y continentes distintos confluyeron en su sangre y en su condición humana. Con el tiempo fue el yerno cubano de Carlos Marx.

Pablo Lafargue tenía sangre caribe, judía, y mulata criolla, entre otras. Era una mezcla rara que acaso explique su impetuosidad, su vigor, su inteligencia y su atrayente personalidad. Descendía por línea paterna de francés girondino y de mulata dominicana. Por línea materna, de judío francés y de india taína. Su familia emigró a Haití y luego cultivó café en el oriente cubano. Y allá en Santiago de Cuba, el 15 de enero de 1841 nació Pablo, y siempre se ufanó de ser cubano.

Otras singularidades de Pablo resultan de diversa índole.  Veamos:

En Santiago de Cuba fue alumno de José de la Luz y Caballero y recibió influencias de José Antonio Saco.  Continuó estudios en Francia y en la universidad se apasionó por la ciencia marxista. Tal fue su conmoción por esta ciencia que decidió irse a Inglaterra y conocer en Londres a Carlos Marx y Federico Engels, los fundadores del socialismo científico. Se las ingenió para llegar a casa de Marx y no solo escudriñó a fondo las teorías de los geniales pensadores, sino que a su vez despertó en ellos enorme curiosidad científica por el cubano, a quien acribillaron a preguntas sobre los movimientos obreros y estudiantiles de Francia, del Caribe, de Cuba y de otras regiones del planeta.  Desde la primera mirada escrutadora, Marx descubrió en su pelo ligeramente rizado, tez morena, bigote espeso y maneras locuaces, su cepa criolla y su erudición.

Se creó una verdadera amistad entre estos tres hombres que apreciaban entre sí el pensamiento independiente y abierto, la cultura general, la elaboración filosófica y económica de sus pensamientos. Pero Lafargue encontró algo más en casa de Marx: halló su gran amor en Laura, la hija segunda, encantadora muchacha de belleza y hermosura  sonrosada, en la que también despertó  enorme pasión. Desde el primer golpe de vista ambos quedaron prendados. El amor floreció entre ellos, a hurtadillas del padre, pero con la aprobación y complicidad de Jenny de Westfalia, su madre. Después, a Marx le centellaron los ojos cuando Laura le confesó su amor por el mulato cubano y el idilio terminó en boda. Hay cartas de Marx a Engels en que bromea acerca del “muchacho que buscó mi amistad pero terminó llevándose a mi hija”. Hubo una larga y feliz convivencia familiar y Pablo se convirtió en uno de los más experimentados divulgadores del marxismo. Colaboró en la traducción de “El Capital” al idioma francés; viajó a España, siempre acompañado de Laura, y contribuyó a la evolución del Partido Comunista Español.

También Lafargue se graduó de Medicina, pero después del fallecimiento de dos de los hijos de ambos, abandonó decepcionado esa Carrera, según dijo, “porque no puede ganarle la lucha a la muerte”.

Resultó una alegría para el ya anciano Carlos Marx, que Pablo y Laura se decidieran a sumarse a las tareas de la Internacional Comunista, donde Pablo resultó excelente polemista y orador de barricada. Tras la muerte de Marx, la familia de Pablo y Laura fueron a residir a Francia y allí continuaron luchando por las ideas marxistas hasta la muerte de ambos, ocurrida por voluntad propia el 25 de noviembre de 1911, “antes de que llegue la senilidad”, como dejaron escrito.

Entonces ocurre otra singularidad.  El orador que despidió el duelo calificó a Lafargue como “uno de los más aptos y profundos divulgadores del marxismo”. Quien opinó así de nuestro coterráneo fue. Vladimir Ilich Uliánov, “Lenin”.  Explicó que paralelamente con esa divulgación, Lafargue esclareció las raíces sociales de la Filosofía, de la Literatura, del folklore, la etnología y la antropología y junto con ello participó directamente en las batallas del proletariado.

Así fue reconocido por Lenin, nuestro compatriota poco conocido, un socialista consecuente en el hogar, en la barricada, en el Partido y en el Parlamento. Y siempre junto a Laura Marx, esposa y compañera, en la vida y en la muerte.

Paul Lafargue y Laura Marx en 1870.
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