Orestes el limpiabotas o cómo lustrar la vida cotidiana

Orestes el limpiabotas o cómo lustrar la vida cotidiana

Orestes Lima Álvarez encuentra ánimos para sentirse todavía útil a sus 82 años. /Foto: Magalys Chaviano

Orestes Lima Álvarez encuentra ánimos para sentirse todavía útil a sus 82 años. /Foto: Magalys Chaviano

Orestes Lima Álvarez llega todas las mañanas hasta la céntrica esquina de Castillo y Tacón, en el Parque Villuendas de la ciudad de Cienfuegos, donde tiene su puesto de limpiabotas, un oficio que comenzó a desempeñar en la vejez.

Es una mañana de lunes y vengo de caminar unas cuantas cuadras, todavía embriagada por una humana historia de vida que quizá llenó mi día de ese romanticismo imprescindible requerido en el oficio de periodista.

– ¿Me permite tomarle una foto?, le pregunto.

– “No”, responde tajante el limpiabotas de la esquina, este anciano de estatura pequeña, sombrero y guantes manchados de tinta y betún.

Vuelvo a la carga y le digo que soy periodista, y como se me queda mirando con aires de incredulidad con sus clarísimos ojos donde una se pierde, echo mano a mi credencial, que está como nueva, porque usualmente la gente cree cuando me identifico, y prescindo de mostrarla.

Entonces al fin accede y comienza nuestro diálogo, cliente de por medio, porque no iba a dejarlo plantado cuando ya había comenzado a lustrarle sus zapatos.

Lustrar la vida

Sabe qué pasa periodista, que muchos llegan y toman las fotos sin siquiera pedir permiso, a pesar de provenir de un mundo supuestamente civilizado, y eso no es así. Algunos las toman para desacreditar a Cuba, y hasta dicen, miren a los viejos cómo trabajan, y no es cierto, yo me considero con mucha suerte el tener las fuerzas para salir de casa todos los días, aportar a la economía familiar, además del dinerito de la chequera, y disfrutar de este parque y de los cienfuegueros que vienen y van, y de quienes todavía creen, como yo, que andar con los zapatos lustrados es una buena costumbre.

Orestes cuenta entre quienes acertadamente todavía creen que andar con los zapatos lustrados es una buena costumbre. /Foto: Magalys Chaviano
Orestes cuenta entre quienes acertadamente todavía creen que andar con los zapatos lustrados es una buena costumbre. /Foto: Magalys Chaviano

Tengo 82 años, y claro que no siempre fue limpiabotas. Aunque este es un oficio que amo, soy licenciado en Historia y Ciencias Sociales, y fui profesor casi toda una vida. Fui fundador de la escuela de conducta en Cienfuegos, en el internado 5 de Septiembre que allá por los 60 del pasado siglo estaba en Lajitas. Comencé por hacer el sexto grado, la Secundaria Obrera Campesina, la escuela para Maestros Primarios, y así llegué hasta la Universidad. Recibí mi título a los 48 años”.

Pide permiso para continuar lustrando los zapatos del cliente, quién también se ha animado con nuestra conversación, y algún que otro transeúnte nos mira con curiosidad:

Es una historia larga, pero he tenido una vida larga también, y de estudios, y míreme, aquí estoy, interponiendo mañas, practicando un oficio para el que no es necesario tener conocimientos de historia, ni de Ciencias Sociales, pero que puede, sin embargo, contar momentos de esta nación.

Tengo una sola hija, vive fuera de Cuba, y dos nietos, varones, de 10 y 14 años; el menor creo será el segundo Frank Fernández de Cuba, es un pianista con mucho talento, que lleva las raíces cubanas muy hondo”.

Continuamos conversando en la esquina de Castillo y Tacón, en Cienfuegos. La gente viene a conectarse en la zona wi-fi, saludan a Orestes y él responde: “Ve periodista, eso me hace sentir bien, me siento estimulado por mis clientes y llevo una vida sencilla. Este trabajo es muy importante para mí, me saca de casa y me hace confraternizar, sentirme útil. Allá en casa me espera mi esposa Sylvia Eras, que no se ha querido morir dice y sonríe, y he tenido la suerte de que me acompañe.

También practico tai-chí, un arte marcial terapéutico que me beneficia la salud. Acudo tres veces a la semana y nunca falto, esos días llego sobre las diez de la mañana. Comencé a incursionar en esta gimnasia china porque antes trabajaba en un organopónico, pero de buenas a primeras se me presentó una hipertensión arterial y tuve que dejar los canteros; pero en cuanto me controlé, busqué algo útil que hacer, y aquí estoy, lustrando zapatos, que es como lustrar la vida, la de mis clientes y la mía, que mucho bien me hace”.

“Sabe qué pasa periodista, que muchos llegan y toman las fotos sin siquiera pedir permiso", me dice Orestas el limpiabotas del parque Villuendas. /Foto: Magalys Chaviano
“Sabe qué pasa periodista, que muchos llegan y toman las fotos sin siquiera pedir permiso”, me dice Orestas el limpiabotas del parque Villuendas. /Foto: Magalys Chaviano

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