Nace Cienfuegos. Origen del apellido

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Las excepcionales cualidades de su bahía facilitaron el comercio de la próspera colonia, asentada en feraces tierras.
Las excepcionales cualidades de su bahía facilitaron el comercio de la próspera colonia, asentada en feraces tierras.

La Real Orden de la Corona espa√Īola que dispon√≠a otorgar el t√≠tulo de Villa a la colonia Fernandina de Jagua, firmada el 20 de mayo de 1829, no se conoci√≥ aqu√≠ hasta el 2 de octubre de 1830, es decir, un a√Īo, cuatro meses y trece d√≠as despu√©s. Fue precisamente en esta √ļltima fecha que se inscribi√≥ en los libros oficiales y comenz√≥ a regir ese est√≠mulo y honor.

Es cierto que por esos días las comunicaciones eran difíciles y acaso los males del burocratismo ya hacían de las suyas, pero lo más probable es que deba atribuirse a maniobras de los enemigos de la nueva colonia, que no veían con buenos ojos el creciente desarrollo de ésta por la competencia comercial que les hacía.

Aquella Real Orden tan tard√≠a en llegar, autorizaba a tomar el apellido del Capit√°n General de la Isla, Don Jos√© Cienfuegos (ya fallecido para entonces) quien, junto con el Intendente de Hacienda, Alejandro Ram√≠rez, fueron socios del fundador, Don Luis DeClouet, en la empresa del nuevo asentamiento aleda√Īo a la bah√≠a de Jagua.

La Villa fue bautizada Cienfuegos en honor del Capitán General de la Isla Don José María Cienfuegos y Jovellanos.
La Villa fue bautizada Cienfuegos en honor del Capitán General de la Isla Don José María Cienfuegos y Jovellanos.

Los m√©ritos para la r√°pida denominaci√≥n de Villa se deben a su acelerado desarrollo econ√≥mico y social, debido a favorables coyunturas hist√≥ricas, entre ellas, la producci√≥n aqu√≠ de productos muy apreciados: az√ļcar, caf√©, tabacos, mieles, ganado vacuno, porcino y caprino, maderas preciosas…, todo con mercado asegurado por las relaciones de DeClouet con comerciantes europeos. Las cualidades de la espaciosa bah√≠a facilitaban el comercio exterior.

El ‚Äúboom‚ÄĚ azucarero y el lucrativo negocio de las casas comerciales que entregaban dinero con intereses, produc√≠a ping√ľes ganancias. Posteriormente, el mercado de venta de esclavos, que llevaron sobre sus hombros el peso de todas las producciones, hizo nacer capitales millonarios como, m√°s adelante, los de las familias Casta√Īo, Cacicedo, Falla, Terry y muchas otras. Tales fueron las razones para aquel rapid√≠simo florecer de la reci√©n nominada Villa.

Y tambi√©n, fue ese el origen turbio del capital que naci√≥, aqu√≠ tambi√©n, como describi√≥ Marx, ‚Äúchorreando sangre y lodo por todos sus poros‚ÄĚ. Es crudo se√Īalarlo as√≠, pero es la verdad hist√≥rica. Sus habitantes m√°s humildes no tienen absolutamente nada que ver con esos or√≠genes capitalistas, excepto la gran cuota de sudor, sangre y l√°grimas que aportaron a ellos por la explotaci√≥n a que fueron sometidos.

A partir del carácter de municipalidad otorgado tan tempranamente, la Villa de Cienfuegos aporta mayor interés y seguridad a quienes deseaban invertir aquí sus capitales para el fomento de la industria azucarera y otras; se organiza entonces la Aduana, el Correo, la Zona Fiscal, toda la administración oficial y así, en el lapso relativamente breve de apenas media centuria, la Villa de Cienfuegos adquiere su título de Ciudad en 1880.

EL APELLIDO. SU ORIGEN

Pero, ¬Ņde d√≥nde surge el apellido de Cienfuegos que llevamos? El origen de este apelativo, con su resonancia de fulgores, est√° relacionado con la leyenda de los cien paladines, nombre que en la Espa√Īa del Medioevo se le aplicaba a los Caballeros valerosos, se√Īalados por sus haza√Īas. Cuenta la leyenda que uno de aquellos notables, oriundo de los antiguos Consejos Asturianos ‚Äíapellidado Garc√≠a Gonz√°lez de Quir√≥s‚Äí, era jefe de cien paladines cristianos y una noche recibi√≥ la orden del Rey de desalojar de la costa a un campamento de moros de 10 mil efectivos. El Caballero orden√≥ a sus cien paladines que encendieran teas y se lanzaran monte abajo corriendo sobre sus enemigos. Que al llegar a la base apagaran bien las teas y subieran con ellas a oscuras, las volvieran a encender y bajaran de nuevo, repitiendo esta maniobra numerosas veces. As√≠ creaban la ilusi√≥n de que era una considerable fuerza se reagrupaba para atacar el campamento invasor. Los moros se tragaron como cierta la estratagema y abandonaron el sitio desordenadamente. En pago a esos servicios, el Rey le otorg√≥ la gracia a Garc√≠a Quir√≥s del derecho de usar un escudo de armas compuesto por cien fuegos sobre campo sangriento. As√≠ naci√≥ el apellido que familiares del Capit√°n General de la Isla ten√≠a y de esa forma nos lleg√≥ el topon√≠mico. ¬ŅVen como en la historia todo tiene un origen y una explicaci√≥n?

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