La plenitud de Genaro

Este obrero de la Termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes, resultó elegido primer delegado directo, de Cienfuegos, al XXI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba

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Desde hace 33 años, Genaro Márquez García se desempeña como mecánico de mantenimiento industrial en la Termoeléctrica de Cienfuegos. / Foto: Juan Carlos Dorado
Desde hace 33 años, Genaro Márquez García se desempeña como mecánico de mantenimiento industrial en la Termoeléctrica de Cienfuegos. / Foto: Juan Carlos Dorado

Hace más de tres décadas que Genaro Márquez García no sabe de otra cosa que de válvulas, compresores, averías. Este es su mundo desde el día en que pisó la Termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes, de Cienfuegos. Posiblemente también sea su principal pasatiempo, a saber de las horas dedicadas al trabajo, por salario, y por amor.

Llegó a la empresa con 24 años, lleno de ese entusiasmo juvenil que todavía, a los 57, intenta mantener detrás su canoso bigote, o debajo del casco, donde esconde el sentido de la palabra experiencia. Los genes familiares, afectos por tradición al sector eléctrico, lo guiaron hasta la industria cienfueguera, cuando ya esta figuraba entre las mejores de Cuba. Y por supuesto, como al resto de sus parientes, le gustó, y se quedó.

“Comencé aquí en 1985, cuenta Genaro. Yo provenía del Ministerio de la Construcción, pero siempre quise trabajar en la Termoeléctrica. Desde entonces me desempeño como mecánico de mantenimiento industrial y he escalonado sus distintas categorías hasta alcanzar la máxima. La base primordial de la entidad es, precisamente, la superación técnica de todos los obreros”.

Para él fue una prueba de fuego, la primera de muchas que le esperarían a lo largo de años, y años de labor. Sin embargo, debió asumirla, no solo en provecho de la “Carlos Manuel de Céspedes”, sino en beneficio propio. Ahora, cuando ha dejado de sentirse muchacho, les aconseja a los jóvenes superarse, porque día a día, —asegura— se aprende y enfrenta algo nuevo.

“En el tiempo que llevo en la empresa he realizado varias tareas: la reparación de bombas de aguas, compresores; la solución de roturas importantes en los ‘calentadores de aire regenerativo’, en los ‘ventiladores de tiro forzado’, y algunas otras”, dice, como quien guarda prisa por volver a su faena habitual.

¿Y cuál ha sido la más difícil?, le pregunto, y se entusiasma un poco. “Una avería en la que tuvimos que trabajar 36 horas ininterrumpidas”, responde, casi con la misma premura con que antes hubiera deseado terminar la entrevista. Genaro recuerda que eso sucedió en pleno Periodo Especial, en época de apagones y carencias por doquier.

“Fue en los años 1993 o 1994, relata. La Unidad 3 quedó limitada a 80 megawatts y para resolver el problema hubo que ponerla fuera de servicio. El reto era grande: debimos ejecutar aquella labor lo antes posible para devolver la planta al Sistema Electroenergético Nacional”.

Aunque es un hombre corto de palabra cuando se trata de hablar de sí mismo, la sola alusión a las 38 ocasiones en que la Termoeléctrica ha recibido la condición de Vanguardia Nacional, descarrila su orgullo. “Se dice fácil, pero hay que lograr muchas cosas, alega. Ninguna otra entidad del país ostenta este reconocimiento tantas veces”.

Genaro lo afirma con las vivencias que le legaron sus responsabilidades como sindicalista, siempre con la mira, ambiciosa, de prolongar el prestigio ganado por la industria cienfueguera, hasta hoy la mejor dentro del Sindicato Nacional Energía y Minas. Por eso siente también que lo honra el ser elegido primer delegado directo, de Cienfuegos, al XXI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

“Fui seleccionado entre tantos compañeros valiosos, y ahora debo representarlos. Me corresponde transmitir sus propuestas e inquietudes”, sostiene.

Luego, sin interrogante de por medio e inusitada locuacidad, prosigue en lo que actualmente le ocupa: “ejecutamos la modernización de la Unidad 3 de la Termoeléctrica y confiamos en concluir el proceso según lo acordado en el cronograma. Yo trabajo, por ejemplo, en las bombas de condensado, las cuales están listas. Faltan las mallas giratorias para la filtración del agua que requiere la planta”.

Mientras el diálogo avanza, es visible que a Genaro Márquez García pocas cosas le satisfacen más. Narra cuanto hace con similar pasión al del joven que se propuso aprender de válvulas, compresores y averías por seguir una corazonada de sangre. Fue su deseo llegar allí y convertir esta empresa en su otra familia, donde, tras 33 años de sudoroso bregar, cree hallarse en plenitud.

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