La fallida experiencia de las salas 3D en Cuba

La aplicación de la experiencia de las salas de proyección 3D en Cuba ha sido un desacierto desde el punto de vista artístico.

No constituye propósito del comentario valorar si los diez pesos cobrados por ponerse las gafitas para ver la tontería de la semana, o acaso la generación de algún limitado margen de empleo, aliente a los Centros Provinciales de Cine (en su peor momento histórico a lo largo de casi todo el país, aunque tampoco es objetivo del texto dilucidar el tema ahora) a apostar por una alternativa que podrá generar alguna ganancia monetaria -perdida por los tiempos corrientes y por la limitada gestión en otros flancos mucho más significativos-, pero que en cuanto a saldos culturales ningún provecho ha tenido. Todo lo contrario.

Me explico. La política cultural de la Revolución Cubana siempre privilegió la búsqueda de un beneficio gnoseológico y estético para distintas generaciones de espectadores patrios. Fidel, Guevara, García Espinosa y todas las almas fundacionales de las estructuras de promoción del séptimo lo tuvieron clarísimo desde el principio. Si muchos recuerdan, a cada rato, la frase del líder histórico de los cubanos: “La Revolución no te dice cree, te dice lee” y que lo primero publicado por las editoriales socialistas fue el cervantino Quijote, no todos evocan lo germinal privilegiado por el sistema naciente en cuanto a exhibición cinematográfica.

Aquí no solo se abjuró de la distribución monolítica impuesta por las corporaciones norteamericanas en la Isla antes de 1959; sino que se estimuló y estampó el más rotundo espaldarazo al visionaje de las mejores experiencias del cine a la sazón: La Nueva Ola francesa; el Free Cinema británico; el Cinema Novo Brasilero; el cine de la (in) comunicación de Antonioni; las obras de Bergman, Kurosawa, Ozu, Wajda, Bardem, Berlanga; los clásicos soviéticos y también el mejor cine sajón: Welles, Wilder, Hawks, Preminger, Aldrich, Kubrick, Hitchcock y muchísimos más de dicha área como de todo el planeta, los cuales iluminaron -entonces y después- las pantallas. Nuestro espectador, dueño de una cultura cinematográfica que también escoraba en el estado teórico de las mejores brazadas de sueños de un arte que tuvo sus Conversaciones de Salamanca y su Cine Imperfecto, veía y hablaba de todo.

Salvando las distancias epocales e inherentes modulaciones en los hábitos de recepción a través de los años como resultado de la incidencia de numerosos factores, la agenda de las salas 3D de la nación hoy día -tan pedestres como lo fueron por un breve trecho las análogas particulares clausuradas en 2013-, observa un criterio de selección que no tiene en cuenta ni las tendencias, ni las corrientes, ni los autores, ni las distintas cinematografías del universo.

Tales programaciones parecen realizadas por algún servicio de las diferentes agencias desestabilizadoras empleadas por el sistema hegemónico, como parte de su abierta guerra cultural contra Cuba y el resto de las alternativas sociopolíticas de nuestro mundo.

Salvo muy señaladas excepciones, solo muestran cine norteamericano elefantiásico. Solo mainstream barato. Solo superproducciones enajenantes. Acaso algún estropicio asiático de artes marciales para complementar, con mucho blockbuster de animación repetido. Abierto contrasentido cuando se habla -con suma urgencia-, de priorizar contenidos, de ensanchar los referentes audiovisuales de la población, de “contrapaquetes” y “mochilas”.

¿Dónde quedó la otra abrumadoramente magna parcela del Cine en las salas de marras? ¿Por qué, nada más de forma muy esporádica, la presencia de un cineasta de primera fila en estos espacios de exhibición? He inquirido al respecto en varios sitios del país y la respuesta viene más o menos por las mismas cuerdas de sentido: “Esto no es para eso, sino para desconectar. Además, solo ese tipo de películas están en 3D. Los directores esos que dice no hacen eso. Es un problema del soporte”.

Lo de “desconectar” es casi una coña. Si seguimos haciéndolo llegaremos a convertirnos en zombies, entre telenovelas mexicanas, recreativos miameros y mucho trap que no calla ni ante tragedias ciclónicas. En cuanto a lo segundo, si usted, lector, pregunta y le responden lo mismo, le proporciono continuación una lista de realizadores (de imprescindibles a notables o atendibles) que han filmado en formato tridimensional: los franceses Jean-Luc Godard, esteta del lenguaje cinematográfico, y Jean-Jacques Annaud; los mexicanos Guillermo del Toro, Carlos Carreras y Alfonso Cuarón; el cubano Ernesto Padrón; el taiwanés Ang Lee; el franco-argentino Gaspar Noé; el francés el argentino Gustavo Cova; el ruso Andrei Konchalovsky; el neozelandés Peter Jackson; el japonés Hayao Miyazaki; el británico Mike Figgis; los alemanes Wim Wenders y Werner Herzog; el italiano Darío Argento; el coreano Choo Sang-rok; el filipino Brian Yuzna; el español Manuel Huerga; el canadiense James Cameron (pionero de la revitalización y la epifanía en el siglo XXI de una experiencia surgida en realidad en 1952, y él uno de los pocos grandes apreciados en la aventura 3D insular junto al estadounidense Martin Scorsese, el principal cineasta vivo de su país); los norteamericanos Steven Spielberg/Quentin Tarantino/Tim Burton/John Lasseter/Robert Rodríguez/Robert Zemeckis/Sam Raimi/Bryan Singer/Henry Sellick…

Y eso para no hablar de la “dimensionalización”; o sea, de las películas convertidas a 3D luego de ser filmadas convencionalmente. Cada octubre, al Festival Internacional de Cine de Busán, en Corea del Sur, llevan -incluso- producciones en cine estereoscópico de bajo presupuesto.

No obstante lo anterior, es cierto que, por imperativos industriales, en estos momentos el rodaje en el formato ha ido limitándose, algo a señalarse también y quizá elemento que haya contribuido a dificultar la adquisición de títulos.

Pero como en todo, siempre hay brechas, la posibilidad de expandir las escogencias audiovisuales sobre la palanca de la intencionalidad y la generación de saberes y de no irse por la vía menos complicada, a resultas de deteriorar todavía más el ya bastante zarandeado patrón de juicio, el sistema valorativo/ jerárquico de muchos. De, lamentablemente, quizá demasiados espectadores cubanos de la actualidad.

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

8 Comentarios en “La fallida experiencia de las salas 3D en Cuba

  • el 20 septiembre, 2017 a las 11:53 pm
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    De acuerdo en todo menos en que Gustavo Cova sea «imprescindible, notable o atendible». Ése hombre le ha hecho mucho daño a la industria de cine argentino.

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    • el 21 septiembre, 2017 a las 4:02 pm
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      Jose, y si así fuera,?no crees por eso que también sea atendible el hombre). Aunque, punto aparte, «City Hunters» y «Nada que ver» no creo le haga mucho daño a ninguna industria. Peores son algunos capítulos televisivos de Campanella en los USA y es un consentido de la industria argentina, salvando las enormes distancias entre ambos. Estimo su comentario y se lo agradezco. Saludos.

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  • el 20 septiembre, 2017 a las 9:22 am
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    Cada vez que leo estos artículos, en que alguien trata de imponer su criterio desde su posición de privilegio en un medio de comunicación, lo unico que hago es acordarme del discurso supermanido de los años 70 y 80, de que nosotros somos los buenos y todos los demás son los malos y no solo son malos, sino que todo lo que hacen es en función de destruirnos a nosotros, los cubanos y nuestro proyecto de sociedad, somos tannnnnnnnn importantes.

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    • el 20 septiembre, 2017 a las 11:53 am
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      Ernesto, es tan ambiguo lo que dices, que no sé tiene una idea clara de qué tratas de apuntar. No se sabe a qué te refieres, si estás en desacuerdo con que las salas sean un desacierto o si eres un antiguo dueño de las privadas. ¿Por qué no te explicas para saber tu opinión y tus criterios¿ En cuanto a lo de imposición, tus propias palabras se desinflan con tu participación aquí. El medio te da el derecho a exponer tus criterios, que como los expones bien en la cuerda de lo impuesto están aunque estás opinando, sin que quede claro bien de qué. En cuanto a tu discurso de buenos y malos que aquí ni pitoche tiene que ver con nada, en nada comulgo con ese resentimiento explícito. Léete el discurso de Trump ayer en la ONU y sigue pensando que el de nosotros es por gusto. Saludos y buen día.

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  • el 19 septiembre, 2017 a las 2:20 pm
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    Pipo, con el mismo respeto: Si mal funcionan con el Estado muchísimo peor lo hicieron con los particulares. No es la regencia, sino la propuesta. Yo sé lo que ponían las privadas, por regla todavía peor que lo programado por las estatales. Por ahí no va la línea de mi texto. Saludos del autor.

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    • el 20 septiembre, 2017 a las 1:10 pm
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      Con todo el respeto Julio, a qué te refieres con que las salas 3d privadas funcionaban peor que las estatales? Mi opinión es que en el arte, sólo de la diversidad sale lo bueno. Cuando comienzan los cierres y restricciones, las pocas opciones que quedan, por lo general tienden a ser muy malas por la falta de referencia, por no decir «competencia». El ejemplo más elocuente es nuestra música: hay ofertas muy buenas y las hay no tanto, pero de la diversidad surge indiscutiblemente la calidad.

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      • el 21 septiembre, 2017 a las 3:54 pm
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        Raúl, en lo relativo a programación, que es estrictamente a lo que se ciñe el texto, sí eran mucho peores que las estatales, que ya es mucho decir. Las estatales están al nivel de mainstream, pero aquellas eran puro Sharknado. El texto mío no tiene que ver con las salas particulares, ni con la competencia, ni con los cierres y las restricciones. Es simplemente de calidad en la programación de las que están en funcioanamiento ahora. Saludos y gracias por su comentario.

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  • el 19 septiembre, 2017 a las 10:50 am
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    Con mucho respeto le digo que estas salas solo son un desacierto solo para el estado,por la falta de gestión y como todo en este país la falta de interés personal y como nada es de nadie,pero como no fueron perdidas para los particulares cuando las tenían ilegales,aaaaaa el proara todo debe haber un doliente,alguien que le cueste la inversión ,alguien que no podrá comer si no invierte bien ….,las personas estuvieron dispuestos hasta pagar por este servicio 1 CUC y la cuenta daba,porque a los cines del estado con tan solo diez pesos les cuesta tanto trabajo acercar a las personas…,se los dejo de tarea.

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