El crimen de Tarará | 5 de Septiembre.

Yuri Gómez, Orosmán Dueñas y Rafael Guevara fueron velados en el edificio del Ministerio del Interior durante aquella mañana del 10 de enero, cuando un mar de pueblo les dijo el último adiós./Foto: Diario Granma.

El  9 de enero recordamos un crimen espantoso. Ocurrió en 1992 y la motivación fue una Ley norteamericana que permitía que cualquiera que llegase a Estados Unidos, por cualquier vía ilegal y aunque hubiera delinquido para hacerlo, sería bienvenido y recibiría todos los beneficios que jamás concedieron a latinoamericano alguno. Era la Ley Helm Burton, que después reforzó en su maldad  la Torricelli. El imperialismo norteamericano las aprobó mediante sus mecanismos “democráticos”, para promover la salida de cubanos para manejarlo en sus campañas mediáticas como cuestión política.


Un grupito de elementos marginales de la sociedad  estudió durante varios días la manera de penetrar en la Base Náutica de Tarará, en esa playa habanera, para apoderarse de una embarcación e ir a La Florida. Así lo hicieron mediante engaño y sorpresa, y capturaron a los custodios.

Éstos eran  todos jóvenes:  los sargentos de la Policía Nacional Revolucionaria, Rolando Pérez Quintosa y Yuri Gómez Reinoso; el miembro de Tropas Guardafronteras, Orosmán Dueñas Valero; y el agente del Cuerpo de Vigilancia y Protección, Rafael Guevara Borges.

Todos fueron amarrados por sus captores y estando así indefensos, sin razones para hacerlo, los ametrallaron y los abandonaron desangrándose. Tres de ellos murieron en el acto. Sólo Rolando Pérez Quintosa sobrevivió pocas semanas, pero pese a todos los cuidados de la ciencia, falleció. Fueron semanas en que, dramáticamente,  los cubanos, cada amanecer, inquiríamos en los medios de prensa y entre vecinos y compañeros de labor acerca del estado crítico del joven que agonizaba. Pero éste, antes de morir, identificó a uno de los asesinos.

Se trataba de un delincuente, un violador reiterado que realizó algunas de estas fechorías en la zona de Tarará y estaba siendo buscado. Ni este, ni ninguno de sus cómplices escaparon de la implacable persecución de los órganos de la Seguridad del Estado y del pueblo conmovido por el crimen múltiple.  Los autores de los asesinatos fueron juzgados y fusilados. Sus cómplices, incluidas algunas mujeres, fueron condenados a prisión. Ninguno pudo salir del país porque todas las embarcaciones estaban protegidas para que no pudieran ser operadas por merodeadores, y eso lo desconocían los autores de estos hechos.

Una de las víctimas de este horrendo crimen era un cienfueguero: Orosmán Dueñas Valero, oriundo de Guasimal, en el municipio de Abreus. Allí nació, creció, estudió y se hizo revolucionario. Era el mayor de sus hermanos y compartió la alegría de tener una familia donde padres y abuelos eran revolucionarios, y tíos y primos eran internacionalistas con misiones de todos tipos.

Por la familia en que crece y los maestros que colaboraron en su formación,  por los vecinos y amigos que influyeron con su ejemplo en su desarrollo ciudadano, Orosmán se formó como un joven sano y justo, alegre y responsable, un producto genuino de la Patria en que nació.  Por eso al llegar a la edad de su Servicio Militar Activo, fue designado para el Ministerio del Interior. Así eran también los otros tres jóvenes revolucionarios de nuestro austero y glorioso tiempo de Revolución, que resultaron víctimas de la maldad de sus agresores.  Todos estos compañeros de martirologio estaban en las filas de los buenos patriotas y eran apreciados en sus barrios tanto como queridos por sus familias, y ahora por el pueblo cubano que honra a sus héroes y mártires.

De esta historia triste que hoy recordamos queda una enseñanza para siempre, para todos los tiempos: los cubanos debemos permanecer unidos y estar siempre alertas y desconfiados, porque la maldad de un enemigo empecinado, implacable y artero, sabe como calar en las mentes débiles, engañar a personas ignorantes y egoístas, de bajos sentimientos,  que pueden provocar hechos como el que marca hoy el almanaque y no debemos olvidar.

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1 comentarios en “El crimen de Tarará

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