Fermín Valdés Domínguez: El amigo de Martí

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Fermín Valdés Domínguez y José Martí en Cayo Hueso, en 1894. Al centro, Panchito, hijo del Generalísimo Máximo Gómez.
Fermín Valdés Domínguez y José Martí en Cayo Hueso, en 1894. Al centro, Panchito, hijo del Generalísimo Máximo Gómez.

Ha sido poco divulgada la figura de Fermín Valdés Domínguez, el amigo del alma de José Martí. Aunque la hermosa película El ojo del canario le hace meridiana justicia. Nació en La Habana el 10 de julio de 1853, cinco meses y medio después de nuestro Héroe Nacional. Tan ligado que estuvo a él desde su niñez hasta la organización de la “guerra necesaria”, no se explica que resulte poco conocido por generaciones de cubanos. Por eso, en ocasión de su natalicio, hemos de someterlo al juicio de la historia.

Ambos coinciden en las aulas del poeta, patriota y forjador de hombres libres, Rafael María de Mendive. Este unió a “Pepe”y a Fermín en la pasión libertaria de la Patria. Luego, una tragedia juvenil los convirtió en hermanos. Fue cuando concibieron juntos escribir una carta –que Martí redactó- para dirigirla a un condiscípulo que pasó a formar filas en el Cuerpo de Voluntarios españoles, al que calificaron de apóstata (persona que cambia de doctrina religiosa, política o ideología). Quiso la mala suerte que un grupo de voluntarios que irrumpieron en la casa y escuela de Mendive, encontraran la misiva aún no enviada.

Detuvieron y llevaron a juicio a José y a Fermín, que reconocieron su autoría. Martí, por escribirla, recibió una condena de seis años de prisión con trabajos forzados en las canteras de San Lázaro, y Fermín seis meses de cárcel por cómplice; pero luego, en ocasión del proceso contra los ocho estudiantes de Medicina que fueron fusilados, en el que también condenaron a otros estudiantes, Fermín   fue uno de esos sancionados a seis años de prisión. Éste, con voluntad acerada, al cumplir la sentencia se graduó de doctor en Medicina.   Los dos amigos se reunirán en España, cuando se les deporta a ambos. Años después Fermín invita a “Pepe” a viajar a México y allí se reúne Martí con sus padres en una estancia felicísima que les proporciona el gran amigo.

Cuando Martí va a Estados Unidos, y va a residir en Nueva York, Fermín se instala en La Habana como médico, pero después decide trasladarse a Baracoa para la práctica médica donde es más necesaria y allá realiza además, una destacada labor patriótica como Delegado del Partido Revolucionario Cubano creado por Martí en 1892, en lo que colaboró inicialmente su gran amigo Fermín.

Cuando el Maestro cae en combate en Dos Ríos, el dolor que siente su hermano del alma hace que éste, que por entonces está en Norteamérica, abandone todo y venga a Cuba en la expedición de Carlos Roloff, a luchar en la guerra organizada por “Pepe”. Aquí Fermín organiza la Sanidad del Ejército Libertador en la provincia de Las Villas donde batalla. Luego acude invitado a la Asamblea de Jimaguayú y es elegido Secretario de Relaciones Exteriores y Ayudante del Generalísimo Máximo Gómez. Participa en la Batalla de Maltiempo, cerca de Cruces, junto a Antonio Maceo; colabora con la prensa mambisa y escribe un libro y al fin de la contienda libertaria, en 1898 vuelve a ejercer la Medicina hasta su muerte, ocurrida en 1910. Fermín permaneció siempre fiel al Maestro, fiel a la Patria, sujeto a los avatares de la lucha, en los sacrificios y en sus dolores. Sencillo y humilde al lado del Apóstol, tan sencillo y humilde que apenas se le conoce.

Tal es la historia emotiva y poco conocida del “hermano del alma” de José Martí.

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