Efemérides: Comienza la Crisis de Octubre

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Técnicamente la Crisis de Octubre, como la llamamos los cubanos ‒Crisis del Caribe la llamaron los soviéticos y de los cohetes nucleares o de los misiles, los norteamericanos‒, comenzó aquel 22 de octubre de 1962, cuando el Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy pronunció un agresivo discurso y anunció el inicio de un bloqueo naval con sus buques de guerra alrededor de la isla de Cuba.

En respuesta, a las 5:40 de la tarde de aquel día, el Comandante en Jefe Fidel Castro dio la Alarma de Combate, y nuestro pueblo, este que ha jurado ¡Patria o Muerte!, fue a ocupar sus puestos y se dispuso a defender el suelo patrio con su sangre.

Técnicamente puede considerarse que comenzó así, el 22 de octubre de 1962, pero históricamente comenzó mucho antes. Muchísimo antes. Acaso en 1783, cuando el norteamericano John Quincy Adams dijo en el seno del gobierno de su país que “es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a la República Federal es indispensable para la Unión Norteamericana”. Desde entonces comenzaron nuestras diferencias. De una parte quien quería engullirnos; de la otra, este pueblo que no se dejaba tragar, empeñado en seguir siendo dueño de esta islita de coraje y sueños.

Pero más cercanos en el tiempo histórico, podemos analizar que la derrota militar y política sufrida por Estados Unidos en Playa Girón, aquel 19 de abril de 1961, no llevó al Gobierno de Kennedy a la reflexión, sino a la revancha. La Comisión Taylor, designada por el mandatario estadounidense para analizar el fracaso de la Brigada mercenaria y sus consecuencias, recomendó al gobierno de Kennedy “emprender nuevas medidas político-militares, económicas y propagandísticas contra Castro”, y ello sirvió de base para un nuevo plan de operaciones encubiertas, denominado Operación Mangosta, que a partir de noviembre del propio año 61 desencadenó cientos de actos de sabotaje, planes de asesinato de dirigentes cubanos y agresiones armadas.

Pocos meses más tarde, el General Maxwell Taylor, al frente de la Junta de jefes de Estados Mayores del Ejército de Estados Unidos, le aseguró al Presidente Kennedy que. “sería imposible el derrocamiento del Gobierno cubano sin la intervención directa de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”, y recomendó comenzar con un golpe aéreo masivo sorpresivo y realizar una invasión armada.

Conocida en Cuba esta decisión, se aceptó la propuesta del Gobierno de la Unión Soviética de instalar en la Isla cohetes de alcance medio, con carga nuclear, para poder garantizar que los norteamericanos no invadieran la Isla, como habían hecho tantas veces con otros gobiernos del área latinoamericana. En Cuba se aceptó esa propuesta, aunque se esclareció a los soviéticos que para contribuir a fortalecer las posiciones socialistas en el mundo.

A pesar de ser este un acuerdo legal, una prerrogativa de concertación con un gobierno amigo, ambos soberanos, una práctica común entre países aliados en el mundo, la URSS no aceptó la propuesta de Fidel, basada en esas consideraciones, de hacer públicas esas decisiones, lo cual sirvió de pretexto a Kennedy para desatar la crisis cuando sus aviones espías descubrieron el emplazamiento de los cohetes nucleares.

Desde principios de agosto de 1962 comenzaron a llegar a Cuba tropas y armas soviéticas para la defensa de la Isla, movimientos que no fueron detectados por el espionaje enemigo. No obstante, ya desde el día 26 de septiembre Kennedy había recibido del Congreso norteamericano la facultad de atacar a Cuba militarmente. El 16 de octubre aviones espías norteamericanos del tipo U-2 confirmaron el emplazamiento en Cuba de los cohetes nucleares, y fue entonces que Kennedy pudo armar todo el alboroto propagandístico para ordenar el bloqueo previo al ataque a nuestro país.

Comenzó entonces, desde el 22 de octubre de 1962, lo que el Comandante Ernesto Che Guevara expresó en su carta de despedida a Fidel cuando refiere: “He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios”.

Durante aquellas fechas, Fidel dispuso que la defensa en las distintas provincias cubanas estuvieran comandadas por él en La Habana, Che en Pinar del Río y La Habana, Almeida en Las Villas, y Raúl en 0riente y Camagüey. En esos días memorables de la Crisis de Octubre el pueblo cubano “fue un Maceo gigantesco”, como apreció Che, un pueblo unido que en ningún momento vaciló en ocupar sus puestos de defensa a pesar del peligro de guerra atómica al que nos enfrentábamos. Otra vez en nuestra historia la decisión era morir antes que entregar la Isla. Así como nos enseñaron los bayameses en 1869.

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