Dianas

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Las “Diana” constituyen la principal inversión del país para satisfacer la demanda de los territorios a escala gradual. /Foto: Juan Carlos Dorado

A un precio simbólico, Ángel Daniel toma cada mañana en la comunidad de Junco Sur un ómnibus de la ruta 6, para trasladarse hasta la Universidad de Cienfuegos, donde estudia. Muchas veces esa guagua es una “Diana”.

Si dicho alumno debiera alquilar un auto o un coche de caballos (puesto que resulta imposible efectuar a pie la trayectoria entre dos polos geográficos opuestos), el importe a pagar rondaría de los 80 a los 100 pesos, sin distinción, en tanto ya entre el desplazamiento interno por equino o por combustible no resulta apreciable mucha diferencia en cuanto al gravamen monetario.

Ángel Daniel, sus padres, las miles de personas que viven en Junco Sur agradecen que, gracias a una de las decisiones de la Dirección de Transporte más elogiadas de los últimos años, pueda existir un medio estatal que —con una frecuencia bastante adecuada—, los conduzca hasta el lejano Cuatro Caminos, por apenas centavos. Si es un ómnibus de los “largos”, bien; si es una “Diana”, también. La cuestión es llegar.

En entrevista con el ministro de Transporte, publicada en el diario Granma por este autor hace cuatro años, el entonces titular del ramo ponderaba la importancia de las “Diana” como alternativa para el transporte urbano en el país a escala futura. En el propio medio y sobre todo a raíz de la reproducción de dicho texto en Cubadebate, con casi un centenar de comentarios de lectores, varios de estos cuestionaban el “confort” de los mencionados vehículos.

Sí, OK, no son Mercedes Benz u otro ómnibus europeos (cuyo precio actual por unidad se sitúa en 62 mil 500 euros), en tanto ese es el mercado más cercano, pues el bloqueo norteamericano impide adquirirlos allí a un país como el nuestro que, además de verse muchas veces maniatado frente al cerco económico de la primera potencia del planeta, es tercermundista y pobre: algo a no olvidar. Sí, OK, durante la temible “hora punta” cuesta trabajo su acceso, movimiento interior y salida. Los asientos son duros, el pasillo estrecho.

Me sirvo de las “Diana” de forma cotidiana; no hablo desde la posición de quien no ha experimentado con su servicio. No obstante, pese a las citadas o cuantas otras “incomodidades” pueda encontrárseles, cumplen de forma útil su objeto social y resultan infinitamente mejores para la mayoría del pueblo que un coche de caballos o un carro de alquiler, el cual cobra tres CUC por par de kilómetros. De ahí que, en tanto ciudadano, agradezco sobremanera su presencia y abogo porque se multipliquen en nuestro paisaje urbano.

Los referidos ómnibus —conformados en la Empresa Evelio Prieto, conocida de forma comercial como Caisa, en el municipio de Guanajay, provincia de Artemisa—, constituyen la principal inversión del país para satisfacer la demanda de los territorios a escala gradual. Allí trabajan además para, escalonadamente, introducir mejorías en el diseño.

Comenzadas a producir en 2012 (solo 27 aquel año), para el actual la cifra prevista es de 480. Hasta el momento de la entidad han salido algo más de mil 500 “Dianas”. Al margen de los incrementos anuales experimentados, los números por calendario indican que aún los volúmenes productivos no están en capacidad de cubrir las demandas poblacionales del país, mas la suma anual de unidades va acrecentando paulatinamente el parque automotor de los territorios.

Más que alternativa, en las actuales circunstancias económicas (si no nos eliminan el bloqueo, si no hallamos petróleo, si no mejoramos la eficiencia productiva o los márgenes de utilidades que nos permitan adquirir ómnibus de otro tipo), las “Diana” son realidad tangible y esperanza próxima; no quimera.

Habrá quien lo acuse de conformarse con muy poco, pero de manera objetiva el autor las ve como la añoradísima —y ojalá no apagada en algún momento, por cualquier razón— luz al final del túnel para un sistema de transporte sumido en la depresión permanente con posterioridad al período especial.

Claro está, el firmante puede equivocarse, pero según su opinión personal estas devienen una de las pocas salidas (realistas, y desde el plano estatal) definibles, a un plazo mediato, para emigrar del Medioevo en el tema transporte urbano e interurbano en provincias.

Por tanto, choferes y pasajeros debemos cuidarlas. Eso puede lograrse —en buena medida— no sobrecargándolas, lo cual afecta las condiciones de explotación y puede reducir su ciclo de servicio. Resulta difícil no hacerlo en nuestras condiciones, cierto; si bien es indispensable para prolongar su vida útil. Lo que nos presta provecho colectivo merece el trato adecuado, en aras de su preservación. Y las “Diana” nos ayudan, mucho, cada día.

4 Comentarios

  1. Nuestra prensa no sólo se lee en nuestra ciudad, exitosamente trasciende hasta otras latitudes; en ocasión de la entrega de un reconocimiento del PCC Provincial al “5 de Septiembre” hice referencia al lugar donde se tomó la foto publicada en esa crónica la cual, a mi apreciación, no estaba acorde con el simbolismo del hecho en sí.
    Ahora vemos la guagua Diana y la limpieza exterior de la misma da mucho que desear, no es queramos ocultar nuestras realidades, por muy penosas que puedan resultar son las nuestras, pero pienso que la prensa debe ser más cuidadosa en esos aspectos.
    Nuevamente reconozco la calidad de los reportajes de este destacado periodista

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