La tanqueta rojinegra del central Andreíta

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En el Memorial Granma junto a otros íconos logísticos de la insurrección armada, como el camión de entregas postales empleado en el asalto al Palacio Presidencial, jeeps que hicieron las campañas de la Sierra, un avión King Fisher arrebatado al ejército y el tanque T-34 que firmó la victoria con sus esteras en las arenas de Playa Girón, se exhibe un arma de guerra fabricada por obreros cienfuegueros, la tanqueta construida en los talleres del antiguo central Andreíta, en Cruces.

De la docena de trabajadores del ingenio propiedad de la familia Falla que participaron en la construcción de la máquina bélica al momento de contar esta historia a finales de 2008 sólo sobrevivía José “Pepín” Hernández Roque, incansable narrador de aquella gesta laboral que concluyó a las ocho de la mañana del 28 de diciembre de 1958.

Tras 18 horas de trabajo continuo un tractor International TD-6, de los llamados de estera, empleados en la roturación de tierras para futuros cañaverales, salió del taller metamorfoseado en una especie de tanque de guerra que apoyaría las acciones de la ofensiva final del Ejército Rebelde en la antigua provincia de Las Villas, recuerda Pepín a punto de cumplirse medio siglo de la hazaña.

El día 26, luego de consolidar horas antes la liberación Cumanayagua, Ranchuelo y Cruces, la tropa guerrillera del comandante Víctor Bordón Machado había sido repelida en las afueras de Santo Domingo por fuerzas batistianas superiores en número y armamento.

Mientras preparaba la toma de Santa Clara el comandante Che Guevara había ordenado a Bordón la destrucción de los puentes sobre el río Sagua la Grande en las inmediaciones de aquella localidad del oeste villareño, a fin de evitar la entrada de refuerzos desde La Habana a los efectivos cercados en la capital de Las Villas.

Decidido a reorganizar y fortalecer su grupo guerrillero Bordón regresó a Cruces a la medianoche del propio día 26. A la mañana siguiente, reunidos varios componentes de la tropa en la casa de la calle Trujillo marcada con el número 107, el rebelde Roberto García inquirió sobre la posibilidad de regresar mejor pertrechados a la conquista del puente sobre la carretera Central.

Informado de que en el central Andreíta contaban con los materiales necesarios para construir una tanqueta “criolla”, García lo consultó con su jefe, quien apremiado por los acontecimientos que se sucedían a una velocidad de vértigo dio su consentimiento.

A Pepín se le grabó para siempre la frase aprobatoria de Bordón: “Si lo hacen en menos de 24 horas que le metan mano”.

Juanito Bravo, segundo jefe de máquinas del central, diseñó el carro de combate y dirigió su ensamblaje que comenzó con el corte de chapas metálicas. El improvisado taller funcionó dentro de la casa del ingenio, bajo los tachos. Del grupo que participó en el montaje de la tanqueta sólo uno carecía de un oficio relacionado con el taller. Adelaido Rodríguez era un viejo boyero que protegió la labor de los operarios con un decimonónico fusil Winchester que le había arrebatado a un guardajurado del central.

Apenas dados los toques finales a la máquina de guerra, sus armadores la montaron sobre un camión habilitado al efecto y se apresuraron a entregarla a Bordón, quien había salido de Cruces la tarde del 27 de diciembre. Roberto García y Mario Terry, conductor del tractor en la cotidianidad, conocieron durante el trayecto que ya Santo Domingo había caído en manos rebeldes, hecho que privó a la tanqueta del Andreíta la posibilidad de probarse en combate. Quedó aparcada cerca del pueblo de La Esperanza, de donde Pepín se encargó de regresarla al ingenio. A la vuelta fue pintada con los colores rojo y negro del Movimiento 26 de Julio.

La tanqueta estaba acondicionada en su interior para llevar un conductor y dos tiradores de ametralladora que combatirían en posición horizontal. Por aquellos mismos días en otro central azucarero del norte de Las Villas los obreros fabricaron un artefacto muy parecido, el Dragón I, empleado por Camilo Cienfuegos en la toma de Yaguajay.

Conocedor el Che del aporte bélico de los trabajadores del central crucense mandó a buscar la tanqueta en las primeras semanas de enero del 59 y la ubicó en la fortaleza de La Cabaña, donde tenía instalada su Comandancia.

El administrador del central, Fernando Fernández Monnes, comisionó luego a Pepín para que fuera a La Habana en busca del tractor agrícola. Por intermedio de un subalterno el Che respondió que el TD-6 constituía un trofeo de guerra y como tal permanecería en su emplazamiento.

Transcurrió el tiempo y el revolucionario argentino pasó a desempeñar tareas de gobierno hasta que otras tierras del mundo reclamaron el concurso de sus modestos esfuerzos. La tanqueta de Andreíta quedó en áreas de la principal fortaleza colonial de la América española hasta su instalación definitiva en el Memorial Granma, el museo al aire libre que aglutina a los principales íconos bélicos de la Revolución.

Pepín Hernández estaba convencido de una cosa: “Fidel fue quien mandó a buscarla a La Cabaña para darle su merecido puesto en el Memorial”.

Participantes en la construcción de la tanqueta:
  • Juan Bravo Molejón, segundo jefe de máquinas.
  • Hirám Borbolla González, jefe del taller de soldadura.
  • Silvio Lanza Díaz, soldador.
  • Aurelio Morales Sader, soldador.
  • Raúl Estévez Diepa, tornero.
  • Antonio Quintana Martínez, mecánico de tractores.
  • Leandro Losada Palma, jefe de taller automotor.
  • Luis M. Abreu Marrero, ayudante de herrería.
  • Marcos Carrillo Carrillo, jefe de la herrería.
  • Adelaido Rodríguez González, boyero.
  • Mario Terry Terry, tractorista.
  • José S. Hernández Roque, jefe de compras.

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Francisco G. Navarro

Periodista de Cienfuegos. Corresponsal de la agencia Prensa Latina.

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