La evolución de la ciudad contada por su maqueta

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A pesar de su contemporaneidad, ni la fotografía ni el video compiten con una técnica  —¿o arte?— mucho más antigua, capaz de registrar hasta en sus más mínimos detalles las características de una urbanización o el relieve de un terreno.

Quizás esa ventaja radique en la perspectiva tridimensional con que una maqueta asume la representación de la realidad.

“Es que lo que estás creando lo estás viendo en dimensiones reales, delante de ti, en una escala reducida: ese es elemento fundamental de las maquetas. Lo que no está a escala ya no es maqueta. Puede ser una reproducción, una artesanía, cualquier cosa, pero ya no es una maqueta”, argumenta Manuel Díaz Ceballos, ejecutor de la maqueta del Centro Histórico de Cienfuegos, en la que trabaja desde hace ya varios años.

En los ámbitos de la arquitectura y de la ingeniería, de donde procede Manuel, dedicarse a la confección de maquetas es una opción bastante común. “Pero la tecnología ha ido mutilando poco a poco esta profesión  —se queja—  con nuevos software que han aparecido, como los diseños en 3D. Al menos en Cuba, los maquetistas hemos comenzado a caer en el olvido”.

Tanto menos justificada esa situación si se considera la utilidad de ese desempeño para actividades de comercialización, promoción y propaganda, además de una herramienta de trabajo para muchas profesiones.

LA MAQUETA DEL CENTRO HISTÓRICO
Sección de la maqueta correspondiente a las manzanas comprendidas entre las avenidas 44 y 46, por Prado. A la derecha, el Tropisur. En la manzana siguiente, a la izquierda de la foto, el color marfil indica el predominio de las edificaciones levantadas o transformadas durante la etapa de la Revolución. /Foto: del autor

Pocas ciudades de Cuba tienen hoy una maqueta de sus respectivos centros históricos. La Habana cuenta con dos y Camaguey con una, al igual que Santiago. En proceso están las de Trinidad, Sancti Spíritus y Cienfuegos.

En la nuestra, Manuel trabaja en una parte del área declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, que comprende desde la calle 19 (Arango) hasta 39 (Cristina) y desde aproximadamente la avenida 60 (Santa Elena) hasta 40 (Campomanes). Por Prado abarcaría desde esta última hasta la avenida 68 (Padre de las Casas).

“La maqueta de Cienfuegos tiene las mismas características de señalización que  la primera que se hizo en La Habana, expuesta en el reparto de Miramar”, explica Manuel. “Cienfuegos fue la segunda ciudad de Cuba que comenzó a hacer una maqueta y siguió ese mismo patrón, con tres colores que la definen correspondientes a diferentes períodos de nuestra historia: la Colonia, la República y la Revolución. De esta manera, el chocolate o carmelita identifica a la Colonia; el amarillo, a la República y el color marfil, a la etapa de la Revolución. Las transformaciones en el tiempo de un mismo inmueble están reflejadas también con sus respectivos colores”.

Según este maquetista, su obra permitiría apreciar la evolución de un sector de la ciudad a golpe de vista, con solo comparar los colores.También se podría trabajar con ella para estudiar los proyectos o las intervenciones que se pretendan hacer en el centro histórico, tanto en edificaciones nuevas como renovadas, o en la evaluación de nuevas funciones para locales ya existentes. Sería una herramienta de trabajo de suma utilidad para quienes planifican la conservación y el desarrollo de esta área privilegiada de Cienfuegos.

¿Y CÓMO SE HACE?

“En el caso mío —explica Manuel—  empiezo interviniendo una manzana, independiente una de otra. Comienzo a medir las fachadas, los patios y los techos de viviendas y edificaciones. Todo lo visual es lo que se toma de referencia”.

Se podría pensar que semejante acción estaría condicionada por el empleo de un instrumental complejo. Pero en realidad, los recursos utilizados para hacer un levantamiento como ese son los típicos: las fotos, la lienza, la tablilla y el lápiz. Con ellos se van plasmando los detalles fundamentales.

“Después del levantamiento —puntualiza Manuel— lo que sigue es llevar todos los dibujos a la escala de trabajo, para luego imprimirlos. A partir de cada uno de los elementos plasmados (altura, tipos de techos, etc.) es que se empieza entonces la maqueta”.

El trabajo del maquetista no deja de tener sus riegos. Hay lugares muy peligrosos, sobre cubiertas de hormigón colocadas a diez o doce metros de altura o cúpulas muy elevadas. “Se debe tener mucho cuidado. Estar muy atentos, porque cualquier equivocación puede provocar un accidente”, sentencia.

A Manuel lo compensa no obstante la actitud de las personas a cuyas viviendas o propiedades acude para hacer su trabajo. “Hasta ahora no he tenido quejas. Ha sido una colaboración muy buena, de la que estoy muy agradecido. Ha habido sus excepciones, claro, pero estas no hacen la diferencia”.

Le sorprende cómo incluso en los días más difíciles de la pandemia, los cienfuegueros le abrieron sus puertas sin reservas. No deja de pensar en cuánto sentido de pertenencia y orgullo por la ciudad que compartimos tienen gestos como esos.

“Estoy muy satisfecho porque me han atendido bien y han sido personas muy abiertas, que me han permitido realizar mi trabajo sin ningún tipo de dificultad”, concluye.

Una vez terminada, la obra de Manuel quedará expuesta en el antiguo Palacio Garcia de la Noceda, futura sede de la Oficina del Conservador de la Ciudad.

Allí, en un área especialmente diseñada para la promoción de la cultura arquitectónica de Cienfuegos, el Centro de Interpretación del Patrimonio, la exhibición de la maqueta de Manuel estará llamada a ser uno de sus principales atractivos.

El taller de Manuel Díaz Ceballos no requiere de mucho espacio. Basta el que le proporciona la sala de su casa./Foto: del autor

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Omar George Carpi

Periodista del Telecentro Perlavisión.

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