#Gratitud

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A menudo encontramos en las redes sociales la etiqueta #Gratitud, para expresar agradecimiento por gestos de solidaridad, amparo, ayuda… pero otras veces persigue el objetivo de recaudar fondos para alguna causa, el fallecimiento de alguien fuera de su tierra natal y sin la compañía de los suyos; para un enfermo que necesita un costoso tratamiento, y la vemos asociada a mensajes de GoFundMe, la plataforma líder para solicitar fondos en línea.Pero a mí, en particular, me gustaría invitarlos a adentrarnos en el sentimiento de gratitud y su expresión, porque como pasa con muchos de los valores que están en crisis en épocas de crisis (redundancia intencionada), ha perdido algo de sentido, significado y presencia en la sociedad cubana contemporánea.

Un estudio sobre el tema, a través de una dinámica social, publicado en https://www.gaceta.unam.mx/la-gratitud-conciencia-y-apreciacion-de-lo-significativo-y-valioso/ y desarrollado en la facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de México (UNAM), hace una descripción psicológica del sentimiento:
“Es importante tener en cuenta que la gratitud es una emoción que depende del pensamiento. Cuando se trata de gratitud social, lo primero consiste en percibir que otra persona haya realizado de forma libre y desinteresada un acto bondadoso por nosotros. Una acción benigna puede ocurrir sin que las personas beneficiadas experimenten gratitud, en tanto la gratitud es una emoción que requiere cierta sofisticación cognitiva. Así, la interpretación del hecho será fundamental:
a) Cuando las personas interpretan el acto de dar como intencional, libre y no merecido, entonces experimentarán gratitud.
b) Cuando la acción del otro no se interpreta como desinteresada, en lugar de sentir gratitud, las personas pueden contraer una deuda moral hacia el otro. Esta sensación en general es desagradable, dado que produce en las personas que lo reciben un sentido de obligación por devolver el acto bondadoso.

“Cuando se trata de gratitud personal, tiene que ver con un efecto cognitivo que puede ser un rasgo de personalidad (sentir que, en general, hay mucho en la vida qué agradecer) o un estado provocado (sentirse agradecido en un momento particular). De esta forma, este tipo de gratitud puede concebirse como un foco cognitivo mayor en los aspectos benéficos de la vida, que conlleva experimentar mayores emociones positivas”.

A estas alturas, y si todavía me lee, podríamos hacer un ejercicio de introspección, y recordar cuántas veces nos ayudaron y si expresamos o devolvimos el sentimiento de agradecimiento, o al menos sentimos respeto por aquella persona que nos tendió una mano, ocupó su tiempo en nosotros, se desprendió de algo para aportarlo, dio un buen consejo, o simplemente nos sostuvo en horas difíciles y desbrozó caminos enyerbados para nosotros.

No se trata de estar de manera eterna en reverencia, porque de esa manera estaríamos dando por sentado que actuamos buscando un agradecimiento, o que ayudamos en busca de que el otro se sienta en deuda; pero sí hay mucha gente por ahí a quienes se lo olvida lo que es la gratitud, y hasta algunas veces enarbolan en falso la etiqueta sin sentir el menor de los recatos, sabiéndose verdaderos ingratos camaleónicos, que como diría mi abuela Doña Tomasa, “Cierran los ojos para no agradecer”.

Volviendo a la dinámica social desarrollada y publicada por la UNAM, cito: “La expresión interpersonal de la gratitud es de particular interés, ya que ofrece muchos beneficios a las relaciones. Por ejemplo, fortalece los lazos sociales. La gratitud busca completar un circuito que nutre la socialización. Las nexos sociales son tan importantes para la felicidad, que nutrirlos puede ser lo más significativo que ocurre en la vida cotidiana”.

Hace poco, y aprovecho para ilustrar, en una conversación virtual con una vecina, enfermera, quien vive allende los mares, me anunciaba que envió un medicamento para mi hipertensión crónica, porque supo no hay ahora mismo en nuestra red de farmacias. Me recordó que me tomaba la presión con frecuencia, y pensó en mí. Ella no se olvidaba del colchón de cuna que le regalé para su bebé, que antes había pertenecido a mi hijo, allá por los duros años 90. Y entonces vinieron a colación las inyecciones a mi madre, en las madrugadas, cuando padeció una linfangitis complicada, en silencio, para no despertar a su nieta recién nacida en un apartamento mínimo.

Cuántos ejemplos de actos que pueden parecer comunes y sin embargo son extraordinarios, atesoramos en nuestras vidas, que merecen agradecimiento, y que muy bien pueden llevar la etiqueta de #Gratitud. Entonces, los invito a traer a esta dura realidad que vivimos, más momentos así, y menos egoísmo, envidia y celos, pero de verdad, vamos a mirarnos por dentro.

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Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social.

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