¡Gracias, Elefantes de Cienfuegos!

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Cuando el pasado 4 de enero el estelar Frank Abel Álvarez dejaba con la carabina al hombro al cachorro Dagoberto Agüero para decretar la victoria de Pinar del Río sobre Holguín en el tan llevado y traído juego sellado entre ambas novenas, concluía el sueño de los Elefantes de clasificar hacia los Play Off de laiude Béisbol.

Sueño que parecía imposible al inicio del certamen, debido a la historia reciente de los elencos cienfuegueros en el principal espectáculo deportivo de la Isla, la cual para casi nadie podría ser cambiada por un seleccionado con muchísima juventud en sus filas, además de estrenar nuevo mentor.

Pero la actual manada de paquidermos, con su mánager Yoandri Moya a la cabeza, se dio a la tarea de transformar la imagen, y contra todo pronóstico luchó a brazo partido el boleto clasificatorio hasta el último día del calendario regular, e incluso un poco más allá, cuando encomendó su destino a los ya asegurados holguineros, que decidieron preservar a sus principales figuras de cara a la postemporada, y aun así vendieron cara la derrota ante los vueltabajeros con cerrada pizarra de tres carreras por dos.

Islay Sotolongo resultó el caballo de batalla desde la lomita.

Mucho se ha hablado del desenlace, e injustamente algunos arremeten contra los nuestros, pues todo parecía indicar que su presencia en los Play Off estaba asegurada.

Es cierto que hubo una recaída en la recta final, y esas dos subseries perdidas frente a Villa Clara y Granma revirtieron la situación. También es verdad que el desafío confiscado por la utilización de un lanzador impropio impidió la concreción del objetivo.

Pero, calenturas a un lado, revisemos con objetividad la actuación de los Elefantes. Esos mismos aficionados que hoy critican, ¿de verdad confiaron desde el debut en la clasificación de los nuestros?, ¿Son conscientes del desempeño de un equipo que comenzó con balance de una sola victoria en ocho presentaciones y a la postre casi se cuela en la fiesta?, ¿No recuerdan la cantidad de choques que enfrentó sin poder contar con sus principales lanzadores y con figuras imprescindibles en la alineación, y a pesar de ello sacó renta positiva en la mayoría de los casos?

Aunque lógicamente también deseaba la clasificación, yo prefiero quedarme con esa imagen del seleccionado que borró la imagen de conjunto sotanero, ese que recuperó la competitividad, que volvió a llenar las gradas de su cuartel general, que jamás bajó las armas, que mostró garra, compromiso, entrega, vergüenza deportiva, y sobre todo alegría y compañerismo.

Erick Acevedo aportó un mundo a la causa de los Elefantes.

Vencidas con creces las metas iniciales, fueron por más, y se convirtieron en un verdadero dolor de cabeza para todos los rivales, haciendo caso omiso a rango, fortaleza e historia.

¿La muestra más fehaciente de su potencial? La subserie ganada ante los Cocodrilos de Matanzas luego del mazazo psicológico que sin dudas resultó el juego confiscado y las posteriores dos derrotas ante Artemisa. Las gradas coreando el apellido del director cienfueguero y las lágrimas de este ante tal reacción fueron el mejor regalo por la labor realizada.

Claro que el fatídico juego confiscado será el marcado como el culpable de todo, pues ese se ganó en el terreno. Pero errar es de humanos y esta Serie ha sido un ejemplo de cuánto tiene que cambiar el Reglamento de la justa. A la hora del recuento también pesaron errores que costaron en partidos decisivos, o la cantidad de hombres dejados en circulación a la espera del batazo clave, o decisiones arbitrales más que cuestionadas, sobre todo en desafíos contra equipos de los llamados “grandes”.

Muy satisfactoria la actuación de José Carlos Sarría.

Moya y su cuerpo de dirección pasaron la difícil prueba con notas sobresalientes, sacando magia de la chistera en los momentos más peliagudos, exprimiendo al máximo su nómina, y dando oportunidad a todos los jugadores a defender con orgullo la franela de los Elefantes.

Para nosotros la Serie 64 ya es historia, pero de seguro el excelente desempeño del conjunto servirá de punto de partida para, desde ya, prepararnos para la venidera edición.

Por lo pronto, solo queda gritar, a toda voz: ¡Gracias, Elefantes!

Raúl Pérez respondió cuando más hacía falta.

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Carlos E. Chaviano Hernández

Periodista y Director de programas de televisión.

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