El alzamiento independentista olvidado en el centro del país

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Con la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) por José Martí, el 10 de abril de 1892, se iniciaba una nueva etapa en la historia nacional dirigida a poner fin al gobierno colonial imperante en la Isla. De igual modo, la agrupación política proponía la adhesión de todos los elementos útiles para el ansiado logro de la independencia.

En sus momentos fundacionales, el PRC enfrentaría numerosos contratiempos que frenaban su quehacer y desplegó una serie de actividades en aras se alcanzar su principal objetivo. Para ello, se enviaron al territorio cubano disímiles emisarios, el primero de ellos el comandante del Ejército Libertador Gerardo A. Castellanos Lleonart, con la finalidad de conocer el estado de ánimo de los conspiradores allí residentes, preparar las células partidistas y evitar todo tipo de alzamiento espontáneo y aislado que afectara los avances ya obtenidos por el PRC.

La complejidad de los trabajos desarrollados por los primeros comisionados enviados a la mayor de Las Antillas residió en la zona central del país. El panorama regional de esta parte de la Isla resultaba en extremo complicado como resultado del desigual desarrollo alcanzado por las ciudades que componían el mapa geográfico. A ello se debe sumar, que no toda la región había constituido escenario bélico durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Guerra Chiquita (1879-1880), situación que motivó la proliferación de los mal llamados “caciques militares” y el control de espacios territoriales determinados que solo respondían a su autoridad. Durante la primera visita de Gerardo A. Castellanos a la Isla, entre agosto y noviembre de 1892, varios veteranos de las beligerancias pasadas y ya afiliados al autonomismo, como Juan B. Spotorno y Marcos García, no reconocieron la autoridad del PRC y ejercieron una notable influencia en sus respectivas regiones para que se mantuviera una postura de rechazo a la idea separatista mediante las armas. Como contrapartida a ello, en las regiones donde no existían los “caciques militares”, la falta de experiencia combativa hacían mella en la organización de un movimiento estructurado.

Durante las primeras visitas de Castellanos Lleonart y de otros comisionados, se pudieron frenar el estallido de varios alzamientos; sin embargo, para abril de 1893 los hermanos Sartorio, al frente de veinte patriotas, se alzaron en armas en la inmediaciones de Purnio y Velazco, en el oriente del país. A pesar de que este movimiento respondía a una falsa orden a nombre del PRC, los implicados no lograron superar la fase de supervivencia y la acción sería neutralizada días más tarde. La intentona fallida puso a relieve errores en la organización partidista hacia el interior de la Isla, la descoordinación de acciones entre las instituciones ubicadas en la emigración cubana y el no reconocimiento de la figura de José Martí como máximo artífice de la nueva etapa de lucha que se avecinaba. Como resultado de ello, las autoridades españolas arreciaron sus actividades de espionaje que obligó, a los conjurados más comprometidos con la revolución, a salir hacia el exterior.

No obstante, la desautorización del Delegado del PRC y el malogro de este movimiento no serviría de ejemplo a otras regiones que, buscando la gloria por una acción redentora, no repararon en la necesidad de estructurar detalladamente en cada paso a seguir ni en las implicaciones funestas para la materialización de los objetivos propuestos por el Partido. El 6 de noviembre del propio año, se produjo otro levantamiento armado en el centro del país. Esta vez, la revuelta comenzó por el poblado de Cruces, bajo la jurisdicción de la otrora villa Fernandina de Jagua. Esta tuvo un carácter espontáneo pues el PRC no estuvo al corriente sobre tales acontecimientos. Los telegramas a Nueva York desde La Habana y Madrid, dejaban en un estado de confusión al Delegado y a los emigrados cubanos.

El pronunciamiento estuvo dirigido por Federico Zayas, conspirador en jefe de esta zona tras las primeras visitas de Gerardo A. Castellanos Lleonart a la localidad. En tal sentido, tanto José Martí como Serafín Sánchez Valdivia y el propio Castellanos Lleonart poseían las sospechas de que esta figura actuaba como un doble agente del gobierno colonial. Los criterios sustentados por Federico Zayas al momento de iniciar la revuelta era que cuatro emigrados residentes en Cayo Hueso habían cooperado en su organización. Ya desde el día 4, Higinio Esquerra y Manuel Quevedo habían salido de Santa Isabel de las Lajas, al frente de 10 hombres, para ofrecerlos en el pronunciamiento del poblado vecino. A ello se añade, que desde el municipio de Ranchuelo, habían partido con igual propósito Eligio Rodríguez y Victoriano Cardoso con 15 hombres a su disposición. Sobre el primero de los salidos de Ranchuelo, figuró como toda una sorpresa pues en las guerras pasadas había figurado como oficial del ejército colonialista y para este entonces era sargento de los voluntarios ranchueleros.

En total eran 25 hombres los alzados, todos a caballo y armados con machetes pero con escaso armamento de fuego. Las dos partidas, reunidas detrás de la iglesia de Cruces a la espera de órdenes de Federico Zayas, quién había sido detenido por la Guardia Civil, no les quedó más opción que replegarse hacia el territorio de San Juan de los Yeras, al sur del poblado. Según declaraciones posteriores de Federico Zayas, este había salido de su vivienda con la intención de suspender el movimiento pero como fue detenido producto de una delación de Victoriano Cardoso, por lo que no pudo dictar sus orientaciones y las partidas se lanzaron por su cuenta. Varios historiadores aluden que estas declaraciones no fueron más que una falsa debido a su doble función como agente del gobierno español. En carta escrita a José Martí, en diciembre de 1894, Federico Zayas le explicaba que tras su apresamiento fue conducido a Santa Clara donde fue sentenciado al fusilamiento, pero la mediación de algunos miembros del alcalde de esta ciudad y otras figuras distinguidas su sentencia fue revocada a un año de prisión.

Por otro lado, en su traslado hacia la zona sanjuanera, los conjurados aumentaron sus miembros hasta llegar a 60 hombres e Higinio Esquerra sería nombrado como jefe de la sublevación. De igual modo, se produjeron diversas escaramuzas bélicas, siendo las más importantes la de Potrerillo y San Juan de los Yeras. Esta última fue un rotundo fracaso, lo que provocó la dispersión de todos sus miembros. Hasta la actualidad no se puede certificar que fue de los conjurados dispersos, solo que Higinio Esquerra depuso las armas y se marchó hacia los Estados Unidos, en febrero de 1894. En la emigración cubana, se levantaron suposiciones contra José Martí al acusársele de haber promovido la intentona de Lajas-Cruces-Ranchuelo, como se le reconoce en la historiografía nacional y regional a dicho alzamiento armado. Sin embargo, desde el periódico Patria, el Delegado del PRC protestó ante tales acusaciones y reconoció que, si el levantamiento superaba su fase de supervivencia, el Partido apoyaría unánimemente a los separatistas de esta parte del país.

Son contados los historiadores e investigadores sociales que abordan en sus estudios este suceso ocurrido en plena organización de la Guerra Necesaria (1895-1898). Tampoco es recordado en los distintos niveles de enseñanza de la provincia cienfueguera. Sirva pues, este artículo, como un homenaje a la figura de Higinio Esquerra y a los hombres anónimos que se levantaron en armas contra el régimen colonial español el 6 de noviembre de 1893 sin más esperanza que visualizar una Cuba libre e independiente.

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Dariel Alba Bermúdez

Profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos ¨Carlos Rafael Rodríguez¨. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC)

Un Comentario en “El alzamiento independentista olvidado en el centro del país

  • el 29 octubre, 2022 a las 5:10 pm
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    Muy interesante este artículo, rescata lo que no debió olvidarse. Gracias!

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