Cándido Díaz, padre de La Correspondencia

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París era una fiesta, aunque Hemingway aún no hubiera inmortalizado la frase. Viernes 11 de julio de 1924 y el reloj rajaba las dos de la tarde, cuando ajena al jolgorio cultural de la capital francesa el alma de Cándido Díaz Álvarez decidió abandonar el cuerpo del fundador del periódico cienfueguero La Correspondencia para hospedarse en el eterno albor de la Ciudad Luz.

La noticia llegó a la redacción de la cienfueguera calle San Carlos a las nueve de la noche cuando ya los operarios tenían armada más de la mitad de la edición sabatina, pero a tiempo para incrustar la necrológica al centro de una primera plana preñada de corondeles negros.

Cándido, que partió de niño de su Asturias natal para venir a Cienfuegos y emplearse en el comercio como muchos de sus compatriotas, comprendió que el mostrador no sería el signo definitivo de su vida, y a los 19 años fundó el diario que con el tiempo se preciaría de ser el decano del Interior de la República.

Florencio Velis Mojena y Francisco Diego Madrazo, cienfuegueros y tan jóvenes como el astur, le acompañaron en la aventura mediática que vio la luz el 31 de octubre de 1898, cuando la guerra independentista intervenida por los gringos sólo aguardaba por la firma del armisticio parisino.

En 1907 Cándido Díaz decidió radicarse en La Habana, pero seguiría fungiendo como director de la publicación, mientras Velis administraba el patrimonio común. Su corresponsalía desde la capital de la Isla a través de la columna Postal habanera convirtió al fundador en uno de los periodistas más leídos en la Perla del Sur hasta el año anterior a su muerte.

El día final de octubre de 1923 el periódico celebraba sus Bodas de Plata y Cándido escribió un editorial desde Serín, su aldea natal, sin saber que serían sus últimas letras impresas por la rotativa de La Correspondencia.

Pasaron 25 años al cabo de los cuales lo más significativo es que siguen al frente de La Correspondencia las mismas personas que en 1898, en la flor de la mocedad, acometieron la ardua tarea de crearla y criarla; han pasado 25 años y sigue en su mismo puesto de honor, con el mismo programa, con la misma fe, con la misma decisión, atemperados y mejorados con las objetivas lecciones del tiempo”.

Las muertes en los próximos meses de Luis González Costi y Denís, periodistas salidos del semillero que él fundó en la calle De Clouet número 32 altos, lo afectaron en demasía, porque según sus colegas más cercanos Don Cándido hacía de la amistad un culto.

“Estoy de turno”, le escribió por esa época a Florencio Velis.

Es que el 22 de junio de 1922 le sobrevino una grave afección hepática y tres días más tarde sobrevivió milagrosamente a una primera intervención quirúrgica en la clínica habanera Núñez-Bustamante.

Luego de consultarse con los mejores especialistas de los Estados Unidos, en abril de 1923 viajó a Europa a ver si con el cambio de clima evitaba una nueva operación, y “salgo de enfermo”.

Acompañado por su esposa, Carmita Pérez Galdós y Desvernine, se instaló en una casita que mandó a construir en Serín, donde los aires de la tierra madre y las aguas del Cestona le devolvieron el vigor físico al inicio de su estadía.

En el invierno viajó a Madrid, quizá con la intención de rememorar su visita a la Corte en 1920. En la capital del reino fue objeto de varios agasajos, en uno de los cuales y sin que él lo supiera brotó la idea de solicitar a Don Alfonso XIII el título de Marqués de Serín para el padre de La Correspondencia.

Antonio Monasterio, uno de los proponentes, logró sumar el apoyo de la Colonia Española de Cienfuegos y sus similares de Sagua La Grande y La Habana, firmantes de la solicitud al monarca con fecha 2 de junio de 1924.

Como a finales de ese propio mes la enfermedad no remitía, aconsejado por su pariente político el doctor Carlos Desvernine, Don Cándido consintió en trasladarse a la capital francesa y ponerse en manos de una de las más reputadas “cuchillas” galas.

La operación del 9 de julio en principio pareció un éxito rotundo de la cirugía, pero en 48 horas sobrevino la complicación con el consabido fatal desenlace.

La Asociación de Corresponsales de Cienfuegos suspendió el banquete en homenaje al doctor Bienvenido Rumbaut, director de El Comercio, que iba a dar la noche del 12 de julio en el restaurante El Louvre. Y las muestras de dolor del periodismo local y cubano llenaron páginas en La Correspondencia durante la semana siguiente.

Según acuerdo del 14 de julio la Colonia Española de Cienfuegos, por mediación de Antonio Monasterio, encargó al escultor madrileño Victorio Macho un busto del ilustre desaparecido para colocarlo en sitio prominente de su sede social, decisión que sería cumplida en ocasión del primer aniversario de la muerte del hijo predilecto de Serín.

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Francisco G. Navarro

Periodista de Cienfuegos. Corresponsal de la agencia Prensa Latina.

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