Adolescentes de dos tonos de azules

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A veces, sin siquiera percatarnos, los símbolos nos atraen con fuerza de imán competitivo.

Cursaba yo el noveno grado en la secundaria de Palmira cuando los vi por primera vez. Dos compañeros del año superior habían ido a hacer el décimo en la “Lenin” en ciernes. Aún faltaba casi un año para que la inauguraran, con Brézhnev presente y trasmisión televisiva, cuando Moisés y Giseldo regresaron al pueblo luciendo la última novedad textil, y peletera también.

Eran tiempos de La nueva escuela. En la pequeña pantalla la serie, blanca, negra y verde esperanza. Y en la radio la voz de Silvio que conjugaba vocablos en una estrofa sin verbos de acción: jardines, semilleros, adoquines, vergüenza, piedra y lucero.

Y el Primero de Mayo de aquel lejano año de Perón resucitado y Allende traicionado, los de la “Lenin” hicieron en la Plaza la pasarela nacional de aquella combinación de azules que comenzó a enamorar a una pléyade de jóvenes sin celulares y un montón de sueños por hacer, a mano y sin permiso.

Y junto con el águila por el mar pasó el verano de un tirón, y antes de mediados de septiembre ya estábamos allí en la escuela escapada de la fábula televisiva y de las alas de la canción, para hacerse tan real como el hormigón de trazar aceras nuevas, los pupitres con olor a celofán y las pizarras más vírgenes que una vestal recién llegada al templo.

Pero en esos primeros días nos faltaba un retazo del sueño. O un aderezo.

Hasta que una noche, a los de Décimo primero, de algo nos valía haberle desbrozado unos días al calendario y adjudicarnos el título oficioso de fundadores, nos llevaron al aula de Dibujo Técnico, primera planta a la derecha, y tras el reparto más lindo del mundo salimos cargados de azules y emociones.

Azul de Prusia en sayas y pantalones, y celeste en blusas y camisas. No logro precisar si las chaquetas de invierno con aquella hebilla enorme como de mariscal soviético nos las dieron en ese momento, quizás fue cuando el invierno amenazaba con su timidez.

Además, estaban los complementos. Uno que se convertiría casi en leyenda generacional, los Kikos plásticos.

Mocasines paras las niñas y de cordones para los aspirantes a hombrecitos. Y las medias, blancas, como dicen que es la pureza. Las de ellas hasta media pierna según marcaba la rigidez del reglamento escolar. Los chicos camisa por dentro del pantalón, complementado por un cinto tan plástico como los Kikos.

Y todos tan contentos.

Y tan bonito(a)s, compañera nostalgia, que a veces te da por visitarme a mediados de mayo.

Nota: El 12 de septiembre harán 50 años exactos de la llegada del grupo inicial de alumnos para estrenar la primera Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) del antiguo Regional Cienfuegos. Esta crónica es un retal de las memorias que, acunadas en aquellas tierras rojas donde plantamos naranjos, perviven a la distancia de medio siglo.

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Francisco G. Navarro

Periodista de Cienfuegos. Corresponsal de la agencia Prensa Latina.

9 Comentarios en “Adolescentes de dos tonos de azules

  • el 23 mayo, 2023 a las 6:37 pm
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    Que bonito recuerdo,mi hermana mercy estaba en Juan Alberto Díaz, yo en San Rafael,un curso después,y para verla me incorporé al equipo de baloncesto para participar en los juegos Inter ESBEC, porque no coincidíamos en los pases, ojalá y alguien de mi grupo se proyecte y ponga alguna foto de aquel entonces 🤗, allí comenzamos con estudiantes de Aguada, Camarones y Cienfuegos 💞.

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    • el 24 mayo, 2023 a las 7:59 pm
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      Francisco, me encantó tu crónica, y soy testigo de la hermandad y camaradería que une a aquellos “muchach@s”. Yo comencé el Preuniversitario en septiembre de 1980, en el “Bárbaro Álvarez”, de Barbarita Veloz, y allí te tuvimos de profesor de Historia, me ha provocado mucha nostalgia tu crónica!!! Excelente trabajo!!!

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  • el 22 mayo, 2023 a las 1:14 am
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    También por esos días abrió la ESBEC: Braulio Coroneaux de Cumanayagua. Aún faltaban los toques finales para terminar la escuela, pero así iniciamos. Era mi primera experiencia de becario. Iniciaba el 7mo grado. Recuerdo que mi padre era el Jefe de la Brigada que construyó la escuela. En septiembre se cumplen 50 años de la inaguración de esa ESBEC.

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  • el 20 mayo, 2023 a las 9:08 am
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    Caramba Pancho, me sorprendió tu artículo. El asunto es que después de tantas sesiones de pasarela y modelaje llegaron los “guachangūear” (como le decíamos en la Lenín por aquello de wash & wear). Fue para el desfile del Primero de Mayo en la Plaza, donde Fidel mostraba de azul a su obra del momento aun en nacimiento como bien apunta el periodista amigo, la Lenín. Éramos la avanzada del desfile, hasta con una banda musical en formación también. Ese dia no alcancé a terminar el acto, porque después de desfilar salí con mi uniforme para la Terminal de Omnibus, que me quedaba cerca para aprovechar y llegar hasta Palmira. Estaba muy complicada la lista de espera y fuí para los ferrocarriles. Logré conseguir un cupo en el “plateado” y llegué felizmente en la madrugada a Palmira vestido de azul y encorbatado donde fui recibido a esa hora por Omar Santos (EPD), mí amigo jefe de estación y por Amores, ese utility de la estación palmireña, que casi era su casa. Gracias Pancho por recordarme este pasaje de mi vida y al Dr Santiago Gómez, destacado ortopedista cienfueguero, ex-Ismaelillo y gran amigo nuestro residente en España que recién publicado el artículo en el 5 lo leyó y me escribió un WhatsApp indagando sí era yo el Moisés de la historia. Gracias amigos por la vivencia.

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    • el 20 mayo, 2023 a las 1:59 pm
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      Oiga! Usted es un guayabo del 5, lo digo por lo temprano de tu lectura
      Yo acabo de ver la croniquilla editada
      No se como aquel pasaje de nuestra adolescencia se me habia quedado Guardado en una esquina de la memoria. Debe ser por la novedad que represento en su momento. Me imagino a tu regreso a la Lenin cuantas niñas palmireñas irían al parque a echarte un vistazo. Como el dijo el gran Paco Mortadella “recordar es volver a vivir”. Un abrazo.

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      • el 20 mayo, 2023 a las 5:11 pm
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        No recuerdo si fue el mismo 12 de septiembre que también abrió la Gustavo Machín, pues a veces el debut dependía del estado constructivo.
        Lo cierto es que son inolvidables esas memorias,que 50 años después despiertan nostalgias,no solo se trata de símbolos físicos,como el azul o los kicos ,lo más añorado es la transparencia de aquellos tiempos.
        De ahí nació nuestra confraternidad generacional

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        • el 21 mayo, 2023 a las 1:05 pm
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          Si Dagmara, Machin inició junto con Juan A Díaz, el que si mal no recuerdo empezó un tiempito corto después fue Federico Fernández Cavada, pero en ese mismo curso escolar.

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          • el 21 mayo, 2023 a las 2:10 pm
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            Es así como ud. lo comenta, Dr. Carmelina y La Puntilla comenzaron por las mismas fechas en aquel septiembre del 73. Mijalito unos meses más tarde. Ya en el siguiente curso empezó Reinaldo Naranjo Leyva (San Rafael), y en septiembre del 75 Félix Edén Aguada (San Ignacio). Luego, sucesivamente, Francisco del Sol (Vista Hermosa); una bien cerca de la sede de la dirección de la empresa Horquita cuyo nombre no recuerdo, y al final de ese propio camino la última de las que se hizo en aquellos años: Eusebio Sánchez (Guanal), de una tipología distinta a las anteriores. Unas fueron convertidas en comunidades de trabajadores agrícolas, otras acusan un avanzado estado de abandono y deterioro que hacen que uno se le apriete el pecho, o como el caso de la última mencionada, de la que sólo quedan ruinas.

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