Trump repliega silenciosamente a militares estadounidenses y desmantela centro clave para la tregua en Gaza
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La Administración Trump se dispone a cerrar el centro de coordinación gestionado por el ejército estadounidense en las cercanías de Gaza, una estructura concebida como pieza angular del plan de paz para el territorio palestino y que, según fuentes familiarizadas con el asunto, arrastra un saldo de incumplimientos: no ha logrado supervisar eficazmente el alto el fuego entre Israel y Hamás, ni ha conseguido facilitar un flujo sostenido de ayuda humanitaria hacia la población sitiada.
El cierre del Centro de Coordinación Civil-Militar (CMCC), ubicado en territorio israelí, representa un nuevo golpe al ya maltrecho andamiaje diseñado por el presidente Donald Trump para Gaza, un plan que acumula reveses frente a la cruda realidad sobre el terreno: los repetidos ataques israelíes registrados desde la tregua de octubre y la negativa categórica de Hamás a deponer las armas han ido erosionando, uno a uno, los pilares de la iniciativa estadounidense.
Diplomáticos y funcionarios consultados —todos bajo condición de anonimato por no estar autorizados a realizar declaraciones públicas— coincidieron en señalar que esta medida, sobre la cual no existía información previa, pone de manifiesto las enormes dificultades que enfrentan los esfuerzos de Washington para fiscalizar la tregua y coordinar la asistencia humanitaria, en un contexto donde Israel continúa apoderándose de más territorio gazatí y Hamás consolida su control en las zonas que permanecen bajo su dominio.
Mientras fuentes oficiales estadounidenses han descrito en privado la operación como una mera reestructuración administrativa, diplomáticos con conocimiento directo del plan afirman que, en los hechos, equivale al cierre definitivo del centro una vez que la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) asuma formalmente sus funciones.
Las cifras del repliegue son elocuentes: un diplomático informado sobre los detalles del plan reveló que la dotación de soldados estadounidenses asignados a la renovada ISF se reduciría drásticamente, de unos 190 efectivos a apenas 40. Washington buscaría cubrir ese vacío con personal civil procedente de otras naciones, una maniobra que, según las mismas fuentes diplomáticas, genera más interrogantes que certezas sobre la capacidad operativa real de la fuerza una vez consumada la transición.
Los diplomáticos consultados son contundentes al evaluar el legado del CMCC: el centro careció desde su nacimiento de la autoridad necesaria para hacer cumplir el alto el fuego o para garantizar de manera efectiva la distribución de la ayuda humanitaria. En ese contexto de debilidad estructural, resulta incierto —advierten— si su integración formal en la ISF producirá algún efecto práctico significativo sobre la dramática situación que viven los palestinos.
Un funcionario del llamado Consejo de Paz de Trump —instancia creada específicamente para supervisar la política hacia Gaza— declinó pronunciarse sobre el futuro inmediato del CMCC, aunque defendió su rol: “El centro desempeña un papel fundamental a la hora de garantizar la entrega de ayuda y coordinar los esfuerzos”, afirmó, al tiempo que subrayó su función como impulsor del plan presidencial. La Casa Blanca y el Mando de Oriente Medio del Ejército estadounidense remitieron todas las solicitudes de comentarios a la Junta de Paz, sin aportar detalles adicionales.
Una vez materializada la integración del CMCC en la ISF, está previsto que el centro pase a denominarse Centro Internacional de Apoyo a Gaza, según indicaron dos de las fuentes consultadas. La nueva entidad quedaría probablemente bajo el mando del general de división estadounidense Jasper Jeffers, comandante de la ISF designado por la Casa Blanca para liderar la misión.
Sin embargo, el panorama sobre el terreno revela tensiones y contradicciones: las fuerzas de la ISF han establecido un anexo amurallado dentro del CMCC, que opera desde un almacén en el sur de Israel, pero el acceso a ese recinto está estrictamente controlado por soldados estadounidenses que, según tres fuentes, deniegan regularmente la entrada a representantes de países aliados, generando malestar entre las naciones que enviaron personal y recursos para participar en la iniciativa.
La creación del CMCC constituyó un elemento clave del plan de 20 puntos impulsado por Trump para Gaza tras el alto el fuego pactado con el objetivo de detener los combates entre Israel y Hamás y abrir paso a la reconstrucción del territorio, devastado por dos años de ofensiva militar israelí.
Decenas de países —Alemania, Francia, Reino Unido, Egipto y Emiratos Árabes Unidos entre ellos— enviaron personal especializado al centro, incluidos planificadores militares y funcionarios de inteligencia, con la expectativa de influir en los debates estratégicos sobre el futuro de Gaza. Pero, frente a la continuidad de los ataques israelíes y el retroceso de la línea de armisticio con Hamás hacia el interior del enclave, los diplomáticos consultados afirman que el impulso inicial del CMCC se ha desvanecido, víctima de una dinámica de violencia que no cede y de la incapacidad de la comunidad internacional para imponer un orden distinto al que dictan los actores en conflicto. Hamás, por su parte, ha retomado el control de una franja costera de Gaza bajo su dominio, cerrando el círculo de una realidad que el centro nunca logró transformar.
(Con información de agencias)
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