Pinceladas de Montevideo: Mascotas
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“Pará, pará. Luna, ¿no ves vos que está puesta la roja?, le oí reclamar a una montevideana a su cachorra French Poodie mientras juntos transitaban por la Avenida Brasil, en la capital del Uruguay, rumbo a la Rambla. Tras el cambio de luz en el semáforo de la esquina, la propia dueña conminaba a su mascota: “Ta, ta, ta. Luna. Andate que ya podés seguír”.

Escenas como estas te las puedes encontrar en cualquier sitio de la ciudad de Montevideo, donde es muy frecuente que, a cualquier hora del día, los citadinos salgan con sus fieles amigos a desandar calles, parques, plazas y otros espacios públicos de la urbe, en los que comparten los ratos de ocios y dejan liberar la energía de los canes, ya sea socializando con otros congéneres o simplemente corretear por áreas verdes o veredas al aire libre.

De los nombres puestos a las mascotas, tanto perrunos como gatunos, te puedes topar con los más variopintos, desde figuras célebres y mitológicas como Nerón, Cleopatra, Odím, Zeus, Teo, Bethoven o Clío; como tan común escuchar apelativos tan familiares como Filipo, Juana, Francisco, Julián, Clara, Perla, Antón, Bartolo; o tal vez oigas nombrar a Canelo, Pinto, Corbata, Mocho u otros un tanto más exóticos y menos conocidos: Moro, Akira, Suki, Rurik, Michifú o Michina.
El amigo Uruguayo Darío Munaretto es muy apasionado a los galgos. No hay más que tocar el tema para que sus ojos se iluminen y se le suelte la lengua en halagos para sus fieles cachorros Nina, Aurelia y Ballo. Entonces habla de sus cualidades lebreles elegantes y veloces, famosos por su cuerpo aerodinámico y habilidades para correr, de ahí que sean. Históricamente, empleados en la caza y competencias en canódromos.

Tanto Darío como otros expertos consultados coinciden en que si bien los galgos no abundan en la ciudad de Montevideo, sí pueden encontrarse algunos ejemplares; sin embargo su presencia en mayor número están en las zonas rurales por las propias características de la especie.

En la capital, opinan los especialistas, las razas más comunes son el Yorkshire Terrier, Caniche (Poodle), Pastor Alemán, Golden Retriever, Labrador, Retriever, Bulldog y Pug. Aunque no faltan los Dachshundo Teckel, conocidos popularmente como “salchichas”, de origen alemán. Y como es lógico, es frecuente avistar en las calles otros de esos animalitos sin un pedigrí determinado, tal es el caso del Cimarrón uruguayo, el único can autóctono de estas tierras australes, de músculos compactos, destacados por su equilibrio, inteligencia y coraje.

En tanto, entre los mininos abundan en Uruguay los gatos domésticos mestizos de pelo corto (criollos negros, atigrados, blancos y tricolores), pero tampoco faltan los de mayor “linaje” como son las razas puras de Siamés y en menor medida el Persa.

Luego, a todas luces los uruguayos tienen una fuerte conexión con sus mascotas. Tal cual, casi el 70 % de los hogares albergan al menos una de ellas, según el censo 2023, que mostró más de 1 millón 400 mil perros y 690 mil gatos. Los primeros, como se aprecia en estas cifras, son los favoritos, aunque los pequeños felinos ganan terreno, y la tendencia es crecer en espacios “pet friendly”, reflejando a los animales como parte fundamental de la familia. Por supuesto, en Montevideo el porcentaje sube a 69 % con un registro de alrededor de un millón 448 mil 200 caninos y 691 mil 800 mininos. En cuanto al tipo de hogares, las parejas con hijos muestran preferencia por perros, mientras que las familias compuestas y monoparentales tienden más a los gatos.

En cuanto al resto de los países de América Latina, las estadísticas muestran que Argentina lidera por tener el mayor número per cápita de mascotas, con un 80 % de sus hogares con animales de esa naturaleza, seguido por Chile (71 %) y México (57 %), destacándose como una región con una alta tenencia de esos fieles acompañantes, especialmente perros, y gatos.
Sepa que desde el punto de vista histórico, el hombre comenzó a acompañarse de perros desde hace al menos de 30 mil a 35 mil años, por lo que constituye el primer animal amansado, inicialmente como ayuda para la caza y defensa, mientras que los gatos comenzaron a ser amaestrados mucho después, con una data de unos ocho o nueve milenios atrás en el Antiguo Egipto, cuando se les valoró para controlar plagas de roedores cerca de los graneros, mientras hubo una evolución posterior de una relación de utilidad a una de compañía.
De modo que, en resumen, el perro fue el primer amigo del hombre desde la prehistoria cazadora-recolectora, al tiempo que el gato se unió a la vida doméstica un poco más tarde. Luego, esa afinidad llega hasta nuestros días, convirtiéndose tal acompañamiento en una relación afectiva de familiaridad, y se diría que necesaria e imprescindible para muchos de los humanos.
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