"Soy un guajiro que escribe" | 5 de Septiembre.
vie. Dic 6th, 2019

“Soy un guajiro que escribe”

José Miguel Iznaga González experimenta la cultura desde una visión multilateral, que no le permite anclarse a una manifestación determinada y soslayar las otras expresiones.

De modo que, afirma, ha sido (y es) escultor, dibujante, músico, instructor, promotor y tantas propensiones que lleva de una manera armónica; pero, sobre todo -quizá por arriba de todo-, escritor.

Cumplidos los 63, el intelectual evoca su interés por las artes plásticas desde pequeño: “Estudié en la Escuela de Artes Plásticas Rolando Escardó, de la mano de Samuel Feijóo y Mateo Torriente”.

Con el primero estableció una bella amistad y colaboró para la revista Islas con dibujos y décimas. En uno de los ejemplares de dicha publicación que conservo, el propio Feijóo llegó a definir a Iznaga “como el mejor escultor de la escuela”.

Considera que “Samuel me aportó mucho conocimiento, en lo fundamental de un tema que me atrajo siempre mucho: las tradiciones campesinas. A él, por suerte, le gustaba mi estilo.

“Al graduarme en la ‘Rolando Escardó’ -expresa- comencé a aprender música de forma empírica, formé parte del Conjunto Campesino; luego pasé el Servicio Militar en la época de Pablo y Silvio, organicé un cuarteto en mi unidad de artillería, con el cual obtuvimos premios en festivales del Ejército Occidental”.

Al desmovilizarse empezó a trabajar como instructor de arte en diferentes municipios cienfuegueros e incluyó el cuerpo de algunos grupos musicales, en tanto fundaba de forma paralela varios talleres literarios.

Figura importante del movimiento de artistas aficionados en Cienfuegos a la sazón, tendría activa participación en seminarios nacionales y provinciales de escultura, fotografía, diseño artístico, cerámica y arte popular muy vinculados con el nivel técnico que posee de forma general en las artes.

“Aunque intervine en muchas aventuras fundacionales, como por ejemplo la apertura de la legendaria Casa de la Nueva Trova aquí, la literatura me llamaba; no podía vivir sin ella” rememora Iznaga.

Durante los años 80 publica décimas humorísticas en Palante, textos breves en la revista cultural Conceptos y continúa su labor de promotor cultural a lo largo de la geografía provincial.

Hace un lustro fundó en el barrio de Pueblo Griffo un nuevo taller literario, el cual nombró Samuel Feijóo, en homenaje a su respetado amigo: “Al inicio solo teníamos cinco miembros; hoy son cerca de treinta y figuran periodistas, locutores. Hemos obtenido premios en encuentros provinciales y nacionales”.

Iznaga tiene dos libros publicados y en vías de hacerlo otros dos, de poesía infantil campesina y cuentos policíacos para niños.

Los dos ya aparecidos son el decimario Raíces, de 2000; y Fantasías marineras, de poesía para niños, publicado cuatro años más tarde.

“En mi libro Raíces le hablo a los símbolos campesinos como el taburete, la serenata, el horcón, el río, el ocaso, la mariposa, la primavera. Lo que pasa es que yo nací guajiro, en Arimao, y desde siempre estuve vinculado a lo campesino, me gusta mucho la naturaleza, el monte; me siento mal si no estoy cerca del paisaje, aunque sea literariamente”, revela.

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