Rosa María Moret Portilla: Nunca me sentí favorita

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Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

Yo también quería ir a Sonando en Cuba. Faltó poco para que me animara a hacer los castings en Santa Clara, pero como sucede muchas veces, no tomé en serio aquella sugerencia de amigos.

Entonces solo me quedó seguir cada domingo la competencia y ver con sana envidia cómo era una cienfueguera quien avanzaba cada semana, hasta llegar a la final. A veces pensé, “pude ser ella”, pero en cada interpretación se reafirmaba mi destino.

Yo no hubiera podido hacerlo mejor que Rosa María Moret Portilla; no hubiera podido siquiera igualármele. Por eso, mientras la escuchaba contarme su historia en una mañana de entrevista, pensaba:“hice bien, ella era quien debía ser la finalista de la zona central”.

Como es lógico, tras participar en un show televisivo de tal magnitud, Rosa ya no es la misma, porque la popularidad te obliga a cambiar, a conducirte por la vida de forma diferente, lo cual no significa ser arrogante o autosuficiente. Ella es aún la misma muchacha cuyo primer escenario fueron los matutinos de su escuela primaria.

“Estuve en el grupo de teatro de la Catedral durante mi catequesis, hice algo de danza, escribí poesía. Me integré a los aficionados de la casa de la cultura, e incluso en artes plásticas. Al aprobar las pruebas de la escuela de instructores de arte en teatro y música, me decidí por esta última”.

Cuando volvieron los castings de Sonando… en su segunda entrega, ella pasaba por un momento difícil: la muerte de su padre. Aunque confiesa que sabía poco del programa —de la primera temporada no vio casi nada—, se animó gracias al embullo de su amiga Diana, una joven flautista.

“Me dijo ‘Dale, que yo te llevo’. Me cogió de la mano y fuimos a las audiciones en Santa Clara.

Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

“Al principio no estaba segura. Había un mar de personas y todo el mundo estaba eufórico. Me presenté con Que me hace daño, de Benny Moré, porque quería hacer algo de Cienfuegos y había un listado enorme de temas prohibidos porque todo el mundo repetía lo mismo.

“Llegué sin pretensiones, más bien por embullo y al final la canción no me quedó como quería y estuve lamentándome toda la noche. Por eso cuando me llamaron para informarme de mi selección, decidí que en la presentación en la Plaza del Sandino pondría todo mi empeño con el propósito de tener al menos la satisfacción personal de hacerlo en óptimas condiciones y disfrutarlo.

“Lo más difícil no fue el plano musical, sino saber que no es tu tierra. Yo tenía miedo, porque es como la pelota: te sientes mejor cuando eres home club, de lo contrario tienes el público en contra, pero aquel día era como si estuviera en una plaza de aquí. La acogida de la gente de Santa Clara fue maravillosa”.

Ya dentro del programa, a Rosa la seguían las cámaras: le hacían entrevistas, la mostraban tomando nota, concentrada, sobresalía en el grupo. Algunos llegaron a creer incluso que se la metían al público por los ojos. Pero no hizo falta una estrategia de ese tipo ni el favoritismo de nadie. Desde su interpretación inicial, Como cualquiera, de Lourdes Torres, el espectador sabía que iba a llegar lejos.

“No me sentí nunca favorita. La competencia estaba muy pareja y a pesar de los estilos diferentes, había voces muy buenas. El ritmo de trabajo entre gala y gala era violento y se hacía necesario mantenerse enfocado, disciplinado, cuidar la voz, cumplir horarios y no dejarse llevar por la emoción. Grabé todo, escribí, estudié, pregunté”.

Junto a varios concursantes en la gala final. Foto: Perfil de facebook de Sonando en Cuba
Junto a varios concursantes en la gala final. Foto: Perfil de Facebook de Sonando en Cuba

Sonando… no solo mostró a los competidores, sino otra faceta de los mentores de cada zona. En “la central”, Haila fue la escogida para preparar a los muchachos, y si bien muchos dudaron de su capacidad para hacerlos sobresalir entre los liderados por Mayito Rivera y Paulo FG, “la diva” no solo sorprendió con arreglos interesantes, sino además con una extrema sensibilidad.

“Fue como una segunda madre, muy exigente y rigurosa tanto en el mundo profesional y musical como en el comportamiento social fuera del concurso. Se ocupó de todos los detalles.

“Nos exigía disciplina, sencillez y humildad al aceptar las críticas y consejos, estar presentables, ser amables, educados, puntuales y respetar al otro cuando trabajábamos en colectivo.

“En el caso de las mujeres era más estricta: que el vestuario estuviera acorde al lugar y la hora, arregladas sin parecer demasiado vanidosas o superfluas. Tenía la ropa a su alcance y buen ojo para vestirnos acorde a un espectáculo televisivo, al género a interpretar, y con el fin de que la elegancia acompañara el tema. Incluso, ensayábamos con zapatos altos, los mismos que usaríamos en la gala, con el fin de evitar contratiempos ese día. Por suerte, por mi experiencia como modelo no me fue mal en eso.

Rosa María junto a Yosvany, ambos de Cienfuegos y los dos finalistas de la zona central. Foto: Perfil de Facebook de Sonando en Cuba
Rosa María junto a Yosvany, ambos de Cienfuegos y los dos finalistas de la zona central. Foto: Perfil de Facebook de Sonando en Cuba

“Estuvo muy al pendiente de nosotros, incluso ya en las dos últimas semanas nos llamaba a Yosvany y a mí, cuando estábamos de viaje para Cienfuegos”.

La recién concluida edición de Sonando… fue preferida por muchos por la versatilidad de géneros a interpretar, una cualidad que según Rosa no puede faltar en un artista, aunque a veces tenga miedo de probarse en cosas que no son su fuerte.

“Esa cualidad te aporta un extra por encima de quienes solo tienen una zona de confort. Esa versatilidad también la agradeció el público, creo que fue una de las cosas atractivas, la cual permitió también rescatar muchas canciones del patrimonio rico y diverso de la música cubana y que muchos jóvenes no conocen.

“Si se busca una voz completa, tenía que ser capaz de moverse y en el camino quedaron muchas con una calidad enorme para llegar a la final. El público y nosotros estamos conscientes de cuánto ganamos desde el primer momento.

“Nos enamoramos de melodías exitosas de hace 20 o 30 años, desconocidas a veces por nosotros, y poder traerlas otra vez, con un aire más novedoso, contemporáneo y juvenil, atrapó al público de todas las edades”.

Sin embargo, como cualquier artista, Rosa reconoce que no está satisfecha con muchas cosas. De hecho, afirma que si pudiera lo habría cambiado casi todo.

“En muchas ocasiones la gente me colmó de aplausos y detrás de bambalinas yo decía ‘no estoy conforme, pude dar más’.

Rosa María en la gala final. Foto: Perfil de Facebook de Sonando en Cuba
Rosa María en la gala final. Foto: Perfil de Facebook de Sonando en Cuba

“Si bien hubiera cambiado muchas cosas en sentido general, estoy conforme con lo que hice, a donde llegué, las posibilidades que vienen.

“Ahora empieza el verdadero concurso, la verdadera competencia conmigo misma, hasta dónde soy capaz de ser fiel a mi profesión, a mi legado musical, a lo que creo que soy, a lo que me falta, a ese respeto y disciplina para la vida diaria. Una decide una carrera pero no puede dejar de ser un ser humano y construir al mismo tiempo esa artista que uno espera la gente recuerde cuando pase el éxito.

“El concurso terminó pero el proyecto continúa por un año. Tenemos pensado hacer una gira nacional para promocionarnos en colectivo e individual. Ahora realmente comienza el trabajo duro, no para premios, sino para dejar una huella y ganarse el aplauso del público, que es siempre lo más importante”.

Casi al culminar 45 minutos de conversación —interrumpida por fotos o curiosos que se detienen a escucharla—, Rosa recuerda a los cuatro competidores de Cienfuegos: “Estábamos a la vanguardia, porque además, los últimos finalistas de la zona central, también éramos de acá”.

Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

Los nuevos compromisos, el cumplimiento del contrato con RTV Comercial le obligan a hacer una pausa en su carrera local, porque esta puerta de Sonando… también es un beneficio para su futuro profesional.

En la despedida, acelerada por otros compromisos que incluían un Hogar de Ancianos donde le pidieron el favor de visitarla, y se excusaron por no tener audio —“si eso no importa” me responde—, acepta gustosa las fotos con coterráneos que la miran indiscretamente porque la reconocen en el medio del Boulevard.

Yo la veo alejarse y vuelvo a imaginarme finalista, en la última noche de gala. Repaso sus palabras y pienso: tal vez para el próximo año.

 

5 Comentarios

  1. Coincido con Orlando Martínez, nos pasamos la vida viendo la paja en el ojo ajeno y no vemos la estaca que tiene la TV cubana. Salen en la tele quienes pueden, ganan los que pueden, nos imponen gente que no gustan y que no aportan nada, solo la banalidad desordenada que es criticada en otros reality de otras televisoras extranjeras y que no tiene nada que ver con lo sale en esos programas. Hace falta que ocurra un cambio por el bien de nuestra Cultura y en fin, de nuestra Nación. En cuanto a Rosa María, le deseo que algún día se haga justicia y reciba muchas bendiciones.

  2. Bonito reportaje con Rosa María, muy querida hoy en Cienfuegos y Cuba, que reconoce su bella voz; solo una cosa, en el Hogar de Ancianos, síii había audio para su actuación, agradecidos de que aceptara la invitación para alegrar la vida de los abuelos y los trabajadores de esta institución.

    • Pues qué bueno saber que sí había audio, tal vez ella no no lo sabía cuando le hice la entrevista. Espero que haya cantado mucho para ellos.

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