Reinaldo y la vista recurrente de una cúpula nuclear

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Y sigue siendo aquel muchacho alto, de ojos profundos y claros como el mar./Foto: Juan Carlos Dorado

La historia del cienfueguero Reinaldo Pérez Fernández es la de aquellos, para entonces muchachos, que allá a finales de la década de los ’70 terminaban el Preuniversitario con excelentes resultados académicos y optaron por carreras universitarias en la rama nuclear. Cuba construiría una planta para la obtención de energía eléctrica a partir de la reacción de fisión del uranio 235, y estaría microlocalizada en la zona de Juraguá, Cienfuegos, el polo industrial más joven del país.

“Yo estudiaba en la Escuela Vocacional Ernesto Che Guevara, terminé el 12mo. grado y me fue otorgada la carrera de Ingeniería Nuclear para estudiar en la Facultad de Ciencias y Tecnologías Nucleares de la Universidad de La Habana. Era muy joven, tenía muchas expectativas, veía esperanzado la idea de trabajar en una planta que era el futuro de mi país. Corría entonces 1977 y Cienfuegos, el lugar donde nací y crecí, se visualizaba como un emporio industrial.

“Terminé los estudios y me gradué como ingeniero en 1984, y tal y como tenía pensado, fui ubicado en la CEN, en el departamento de Reactores, en la unidad inversionista. Entre constructores, futuros trabajadores de la planta y la empresa de proyectos, había concentrado allí un millar y más de jóvenes. Nos preparábamos como operadores y tecnólogos, la capacitación era muy fuerte. Viajé en varias oportunidades a la URSS, a centrales en explotación y centros de entrenamiento con simuladores. Durante diez largos años permanecí allí, hasta que un día supimos que aquel proyecto, el de mis sueños y también el de mis colegas, ya no lo sería más”.

Foto: Archivo

Tras la paralización temporal, luego de esperar un tiempo más, Reinaldo decide reorientarse y encuentra espacio en el área de Medicina Nuclear del Hospital Provincial de Cienfuegos.

“No era lo que tenía planificado pero al menos los conocimientos adquiridos y la alta calificación obtenida, tras largos años de estudio y luego de entrenamiento, me servirían. Ya me había casado, tenía dos hijos, una familia a la que echar adelante, y trabajar no era entonces una meta sino necesidad. Allí me mantuve desde 1994 a 2014, año en el que pasé a Salud Provincial, al área de Tecnologías Médicas donde actualmente me mantengo”.

Y sigue siendo aquel muchacho alto, de ojos profundos y claros como el mar, pero ahora sus sienes se han poblado de nieve, y me empeño en afirmar que no es la edad, sino experiencia sumada, aunque tenga la certeza que es nostalgia por lo que pudo ser y no fue. Y yo, que estoy autorizada a mezclar Periodismo con vivencias personales les digo que lo viví, porque también formé parte de aquella generación nuclear.

“¿Que si recuerdo esos años? No los puedo olvidar, resultaron los mejores de mi vida. Todavía me mantengo actualizado sobre el tema del desarrollo de la energética nuclear en el mundo, lo que bien se aprende no se olvida. Recuerda que me formé como ingeniero y eso me sirvió en la vida para vincularme a otras ramas de su uso, pacífico y útil. A mis hijos les explico sus inquietudes y curiosidades en la materia, de cómo funciona una Central Nuclear, sobre la física de los fenómenos y mi mente vuela, recurrentemente, a aquellos años de aprendizaje”.

Y así sucedió, Reinaldo Pérez Fernández, como tantos técnicos, ingenieros y especialistas de una esmerada preparación profesional, se reorientaron hacia otras actividades y recomenzaron, aunque siempre recuerdan con añoranza aquellos años, en los que el país vivía una época de esplendor en lo económico y social.

“También estoy categorizado como profesor de la Universidad de las Ciencias Médicas y en las tecnologías de la Salud. He impartido clases sobre rayos X y he podido auxiliarme de mis conocimientos como ingeniero nuclear, de modo que me resulta cercano lo aprendido, de provecho, comparto conocimientos con quienes de mi aprendieron y hoy ejercen en centros asistenciales. Pero siempre miro esa cúpula de lo que sería el edificio del reactor, todavía en pie en la otra orilla, como mi sueño postergado”.

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