Regalos

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En Cuba el sencillo acto de regalar llega a convertirse en tormento que saca de quicio al enfrentado a la tarea de seleccionar algo decente con un monto financiero lógico.
En Cuba el sencillo acto de regalar llega a convertirse en tormento que saca de quicio al enfrentado a la tarea de seleccionar algo decente con un monto financiero lógico.

Es bonito, puede hasta tener algo de bíblico de acuerdo a cómo se mire, el hecho de regalar. Mediante tal acción se atestiguan devociones, sentimientos, agradecimiento, respeto. Tal acto es una convención social derivada de una instancia afectiva sí, nadie lo duda; pero rentabilizada por el entramado mercantil de las sociedades de consumo. Y, vistas como están las cosas, puede decirse que por el de ya todas, incluida la nuestra.

Cuanto debería ser agradable ‒de contarse con las condiciones e ingresos para hacerlo‒, en Cuba llega a convertirse en tormento que saca de quicio al enfrentado a la tarea de seleccionar algo decente con un monto financiero lógico. Lo hace porque la persona interesada, por regla, no encontrará el objeto decente acorde con esa lógica interna de “gastar solo cuanto puedo en relación con mi sueldo” que casi nunca funciona ‒que no puede funcionar dada la inequivalencia entre alcance salarial y precios de las ofertas‒, en ninguna de nuestras formas de hacer compras: ni privadas ni tampoco estatales.

Salí el sábado anterior para, con mis siempre estrechas entradas, comprar los regalos imprescindibles ‒solo estos, pues no es posible más‒, del Día de las Madres. Fue una mañana de agonía en un Bulevar atestado de personas (por regla lo está, pero como pocas veces lo vi ahora), tiendas con colas inmensas y una oferta que podría calificarse esencialmente como: más de lo mismo, de irregular calidad y caro, pero con muchos más clientes, en tanto rostro visible de una estructura semifuncional que de tan débil es puede ser parcialmente sobrepasada hasta por un simple viajante a Ecuador, Panamá Guyana o Rusia (sí, hasta allí hace rato estamos yendo a buscar baratijas para vender en “la más fermosa”; y no es de dudar pronto se extienda la costumbre a Rumania u otras naciones sin muchas complicaciones para el visado).

Un paquetico normal de ¡tres! jabones a 2.95 CUC (esto es casi a 25 pesos por unidad) puso trémulo en una de nuestras tiendas locales a quien intentaba cumplir con la tarea de cada mayo, luego repetida en junio con los padres casi sin haber pasado el susto de un mes antes, y, además, acometida cada vez que acontece un cumpleaños u otros motivos que, según la convención aquí convertida en maldición, ameritan la entrega de obsequios.

Bloqueo o condiciones objetivas de cualquier género aparte, ni siquiera transportando tal estuche de jabones de otro planeta justificaría un gravamen tan vergonzoso para el sistema comercial que lo expende, pero sobre todo para el pueblo. Sí, de acuerdo, debe recaudarse divisas; pero también se precisa tener límites. No todos los cubanos tienen una hija casada en Europa, ni familiares en EUA que le envíen remesa, ni hacen negocios en las esquinas o roban. Varios millones, todavía, intentan sobrevivir mediante su pecunio.

Puesto que el ¡Hola! de la bodega ‒cada vez peor‒, le ha provocado gastritis, mi intención de regalo a mi progenitora era un paquetico de café de esos que puedo llegar tras meses de ahorro, esto es un español de 3.75 CUC llamado La Tueste, el cual le compré el mayo anterior. Pero las tiendas son como el ping pong: si no le das a la pelota todos los días, no la verás ya más. Una tendera, conocida, me dio una clase magistral al respecto, para mí verdadera alfabetización cafetera. Esos La Tueste de los cuales le inquiría ya no entran. Como tampoco, hace meses, los cubanos, molidos, de ningún gramaje. Solo hay en grano, me informó, a precios que frisan los 350 pesos. En una unidad ‒me dijo y comprobé‒, había, molido, de la marca Montecristo, aunque de ¡250 gramos! y a 12.50 CUC: o sea, más de 300 pesos y era menor que mi mano.

No alargo la historia. Cero café. Afecta a las chucherías, le compré a la “vieja” tres “peter” de chocolate de 5.50 pesos, dos refrescos Amaro de 8 pesos y un paquete de Pellys de ajo de 20 pesos. Para mi suegra y su hermana gemela tuve la suerte de encontrar (al menos yo hacía rato nos los veía) dos paquetes de leche en polvo Coppelia de 2.75 CUC. A mi cuñada, doctora, para sus largos viajes a punto de mediodía del Hospital Provincial a Pueblo Griffo, una sombrilla de bolso (me explican así se les llama a las pequeñas, más fáciles de meter en la cartera), a un costo de 4.50 CUC. Para mi esposa, un ajustador de 3.10 CUC. La inversión total superó mi sueldo del mes. Salí decepcionado del ineludible viaje de las compras de regalos. Compras modestas, necesarias de cara al señalado día, pero que liquidaban del todo mi salario de treinta días.

Por esas razones me desanima tanto la aparición de cualquier fecha que motive un presente, sobre todo si es para una mujer. Con los hombres es mucho más fácil, puede resolverse con ron. Eso: ron, junto a reguetón y precios asfixiantes, sí puede encontrarse, cada día, a cualquiera ahora, al por mayor.

7 Comentarios

  1. jajajajajaj…..leí atrasado el árticulo pero me encantó……jajajja permitame que me siga riendo pero verdaderamente hace rato no me reia tanto. Y es que el cubano pone humor a sus problemas y aunque lo ha redactado de una manera muy seria no puedo evitar que me resulte sumamente gracioso. Me veo reflejado en su escrito, con la diferencia que con mi salario no pude comprar muchos regalos y me limité hacer dulces para todas las madres terminando un día de madre con un dolor de madre en espalda y …..sin decir que yo tambien soy madre y mi hijo, que estudia medicina, con su estipendio solo pudo desear …..un buen dia!…..FElicidades a usted , me encantan sus árticulos

  2. Mejor ni regalar, gracias por la sinceridad que vaya, desgarra, de leer el trabajo. Todos los cubanos estamos en ese via crucis, precios en extremo caros y ninguna garantía de que lo comprado sea de alguna calidad, ni siquiera regular. Imposible vivir así, pero bueno hay que vivir o lo que hacemos todos esos millones que intentamos mantenernos del salario: sobrevivir. Igual ves a un cubano que no puede ni comprar qué comer ¿a fin? de mes, que otro que va muy flamante en sus vacaciones a los cayos a despejar un poco. Las cosas están cambiando poco a poco, sí, pero no veo el “para bien” por ninguna parte. Y no se trata de ser pesimistas, más bien realistas. Siempre veo que cuando alguien habla con este tono, le caen arriba veinte o treinta personas diciendo que está aliado con los que quieren sembrar el desánimo, que es hipercrítico, revisionista, disidente… Veo que nuestros periodistas están siempre hablando de estas cosas, y entiendo que no están para cambiar ni arreglar el mundo ustedes. Pero esto no lo sabe nuestra dirigencia, acaso? Sé que cada cosa lleva su tiempo y demás, pero cuánto tiempo? En fin, le interesa a nuestros dirigentes solucionar estos problemas, o mantener sus cargos con todas las prebendas incluidas? Creo que no quedan muchos Lázaro Peña, Celia Sánchez, Vilma Espín o Fidel entre los que hoy están al frente de ministerios, empresas o instituciones estatales, que pongan primero el deber y a su pueblo que a ellos sirven y responden. Me parece que abundan los Lindoros, los Pepín del primer Nivel o los Mentedepollo. Y veo que eso falta siempre, o casi siempre, en los trabajos críticos, ponerle nombre y apellidos a los verdaderos responsables de mal funcionamiento, descontrol, desfalcos, etc…

  3. muy bueno su comentario cada ves que llega una fecha señalada y hay que comprar regalos es como para volverse loca ya que lo mismo en divisa que en moneda nacional los precios no estan de acordes con los salarios a eso ponle el precio de las comida no hay quien siga el ritmo los cubanos estamos viviendo para comer o vestir porque ni unas buenas vacaciones podemos difrutar

    • Vacaciones dices? ño!!, yo ni me acordaba que eso existía. Eso fué una de las primeras cosas que desapareció. Imagínese usted, si estirar el salario hasta fin de mes es ya un via crucis, qué dejaremos entonces para el tradicional “regalo” de estos días especiales? Nada, que poco a poco esa será otra tradición que se irá marchando detrás de muchas otras a las que hemos tenido que renunciar. Que desastre…

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