La buena salud de un año

Co-autora: Magalis Chaviano Álvarez

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Son las 3:00 a.m. de un día cualquiera cuando una sirena rompe la quietud de la ciudad aún dormida. Ernesto no regresaría a casa esa madrugada como lo esperaba su familia. El cansancio lo había rendido y el volante se le escapó de las manos, pasó en ese instante del sueño a la inconciencia. Ya dentro de la ambulancia todo es actividad, los latidos de su corazón son débiles, pero a pesar de la sangre perdida, aún vive.

Apenas respira y su vida depende ahora de los médicos. Prenden las luces en Guardia Física y comienza así una carrera contra reloj por la existencia de un ser humano. No hay preguntas de más: quién es, dónde vive, número de seguro, cuánto tiene en el Banco…, solo es un combate contra la muerte en el que se escucha a toda voz: oxígeno, rápido, determinen grupo sanguíneo, bisturí, torundas… Fractura de cráneo, heridas múltiples, politraumatismos, su estado es crítico.

Ha trascurrido un mes desde que Ernesto llegara aquella madrugada fatídica al “Gustavo Aldereguía Lima”; ya está en casa con los suyos, y ahora se recupera en la Sala de Rehabilitación del barrio. Los amigos le visitan y hasta decidió cambiar la fecha de cumpleaños por la de aquel día.

Los cienfuegueros somos los más saludables. Y no es un chovinismo, es una expresión refrendada por los resultados que en este sector exhibe hoy la provincia, donde están identificados los principales problemas de salud y establecidas las prioridades para su atención. Sin dudas todos estos indicadores que en la actualidad nos designan como el mejor territorio del país, están sostenidos sobre sólidas columnas: el actuar del capital humano que trabaja porque vivamos más y con calidad.

Nadie mejor que Isis María Leyva Betancourt, secretaria general del Sindicato de Trabajadores de la Salud en Cienfuegos, para conocer sobre el desempeño de su gente en la etapa. “Dice mucho que dentro de los tres municipios del país que ostentan la condición de Colectivo Moral estén Cumanayagua y Aguada. Sin dudas esto se gana con el nivel de satisfacción de la población, a quien en definitiva nos debemos.

“Hoy el sector se revoluciona, se reparan las instituciones, se dotan de nuevos equipos y tecnologías para el diagnóstico, nos abrimos a la solidaridad…, pero no sería relevante toda esa imprescindible infraestructura, si el personal que está detrás de los estetoscopios, los equipos de ultrasonido, en los quirófanos, la Atención Primaria y otros, no estuviese dotado de condiciones para trabajar por la excelencia.

“El 89 por ciento de nuestras unidades son Colectivo Moral, aspecto que en gran medida crea una cultura para mejorar la calidad de los servicios y responder a las insatisfacciones. En ellos, los trabajadores de la Salud, radica nuestra fuerza y son los responsables de todo cuanto aconteció en el sector en el año 2006”.

 

HOSPITAL ADENTRO

El Hospital Universitario Dr. Gustavo Aldereguía Lima (GAL) es la mayor unidad de Salud en la Perla del Sur. Por sus pasillos transitan alrededor de 6 000 personas diariamente, todos -pacientes, acompañantes y trabajadores- retan allí a la muerte.

Pero es que los que en el GAL visten de blanco, tienen bien claro que de su actuar depende mantener algo tan valioso como la existencia humana. Dedicar 24 horas de vigilia a sus semejantes, ya sea en un quirófano, en la sala de partos, en cuidados intensivos, escuchando los sonidos de un monitor… Ver llegar a un paciente grave, inconsciente y verlo marchar luego, por sus propios pies, son de las cosas que los hacen distintos.

Al cierre de 2006 los indicadores del GAL muestran que este ha sido un buen año para la institución hospitalaria. Las cifras ni siquiera fueron imaginadas por los que allí comenzaron a trabajar en marzo de 1979, después que nuestro Comandante en Jefe lo inaugurara. Una mera ilustración: se mantiene baja la mortalidad por infarto agudo del miocardio, solo 10 recién nacidos fallecidos en 3 824 nacimientos, sobre todo a expensas de niños de muy bajo peso; y cero mortalidad materna directa o indirecta, entre otros.

Aquellas enormes listas para intervenciones quirúrgicas, mal que vino acompañado de los años duros, son hoy historia. La creación del Centro de Cirugía Oftalmológica fue la concreción de viejos anhelos; con tecnología de punta allí se prioriza a los pacientes cubanos, que superan la cifra de operados y son atendidos en las mañanas, al decir del Dr. Pedro Orduñez García, director del GAL.

En 2006 los teams del “Gustavo Aldereguía” han intervenido quirúrgicamente a 2 000 pacientes más que en el año precedente. El total de operaciones mayores asciende a 17 512, número más que convincente sobre cuánto se avanza en esta sensible área, con la tasa más baja de sepsis intrahospitalaria.

Pero dejemos que el Dr. Pedro Orduñez García nos comente sobre el secreto del colectivo de este centro. “Lo definimos en Compromiso, sentido de pertenencia, trabajo en equipo con espíritu de equipo. Sobreponerse a los contratiempos con imaginación y valentía. Trabajar, trabajar y trabajar. Luchar, luchar y luchar, y no perder la fe, las esperanzas, el deseo de hacer el bien a los demás.

“Después de la visita de Fidel en el 25 aniversario, el GAL se ha sumido en un proceso constructivo, de reparación y readecuación de sus áreas. De modo que armonizan por acá los áridos y el cincel con los microscopios y la ciencia. Porque la gente nuestra se destaca, además, por la actividad científica que desarrolla a la par de la atención secundaria.

“Este, por ejemplo, es el año en que más especialistas graduamos en II grado, mayor número de publicaciones tuvimos; además, se incrementaron las maestrías y todos los que no son profesionales están en vías de serlo a través de las tecnologías y licenciaturas”.

Sería interminable enumerar los aciertos en materia de resultados concretos, que hoy, a punto de terminar el 2006, ostenta este Hospital. No solo trabajar directamente con el paciente reta a su colectivo, en otro orden está la certificación de 20 auditores internos de Calidad por el Sistema ISO; lograr la informatización de más del 95 por ciento de los registros estadísticos; cubrir el 97,6 del cuadro básico de medicamentos; así como entregar a la Oficina Nacional de Normalización el Expediente Aprobado para someter a cuatro áreas del hospital para certificar sus sistemas de Gestión de Calidad por las Normas NC 9001:2001 con el siguiente alcance: Unidad de Cuidados Intensivos Polivalente, Neonatología, Centro de Cirugía Oftalmológica, y de la Oficina de Atención a la Población e Información.

En el orden económico, aspecto vital para que cualquier empresa funcione y tenga éxitos, el GAL marcha en la avanzada. Su contabilidad está certificada por varias auditorias externas en el año, con resultados satisfactorios. Los recursos que el Estado cubano ha depositado en las manos de los que dirigen ese centro para mejorar y perfeccionar el Sistema de Salud están a buen recaudo, como lo están las vidas de los que allí llegan en busca de atención.

Este no es únicamente un centro grande en categorías y acreditaciones, como la obtenida recientemente de Entidad de la Ciencia e Innovación Tecnológica, su grandeza no tiene que ver con su altura, sino con la profesionalidad de su colectivo y la riqueza humana que encierran sus cristales y asépticos salones.

 

LO PRIMERO ES VITAL

La Atención Primaria está en el colimador de quienes se encargan de reorganizar estos servicios. En reciente visita del ministro del ramo a Cienfuegos, en un aparte con la prensa decía que este aspecto está entre las prioridades del MINSAP. Así, a la par de que se reparan policlínicos -ya son de los 23 con que cuenta la Perla del Sur-, dotan a los barrios de salas de rehabilitación y se aumentan los servicios a prestar en las áreas, se escruta en lo interno sobre el alcance de la interacción con la comunidad del médico de la familia.

Y es que la labor de prevención esta en primer orden para el personal de Salud. Educar, crear buenos hábitos alimentarios y estilos de vida evita el padecimiento de enfermedades crónicas o agudas, trasmisibles y no trasmisibles, en cuyo manejo Cuba alcanza un alto nivel por todo cuanto hace en Atención Primaria.

Que contemos con salas de rehabilitación hasta en los lugares más intrincados de la geografía local, farmacistas de la comunidad, centros de atención a diabéticos, promotores de salud, hogares maternos, casas de abuelos, entre otras alternativas, nos hace más saludables y que se eleven la expectativa y calidad de vida.

Hacer que los policlínicos universitarios, instituciones donde se forman los médicos de cada barrio y de Latinoamérica, cumplan con lo proyectado está en las manos de quienes allí son depositarios de la confianza de su pueblo.

Ya Horquita, por ejemplo, con su Escuela Latinoamericana de Medicina, es testigo de cuanta salud se disemina en sus predios. Porque los venidos desde el Río Bravo hasta la Patagonia aprenden allí a ser médicos, a la par que sanan a los pobladores de este asentamiento y sus alrededores.

Mucho habrá de hacerse y de lograrse aún en la Atención Primaria. Hacia allá se encaminan los esfuerzos y recursos, porque lo primero es vital.

 

FINLAY A NUESTRO LADO

Con el mismo desvelo con el que Carlos Juan Finlay descubrió al Aedes aegipty como trasmisor de la fiebre amarilla, pasando noches enteras sin dormir, deben continuar trabajando los responsables de la campaña antivectorial, a la cual pertenecemos todos los cubanos. Sí, porque el control y manejo del medio ambiente está en nuestras manos.

Cienfuegos, ahora en la etapa de sostenibilidad, encamina los esfuerzos a ubicar a los trabajadores del sector en un universo fijo, utilizando como centro de las acciones al Consejo Popular; a fortalecer integralmente la inspección sanitaria estatal; así como a planificar y mantener preparados y equipados al grupo de acción rápida para el control de vectores. Es importante garantizar la sostenibilidad, además, de las acciones de Acueducto, solución de salideros y evacuación sistemática de fosas.

Se incrementa en esta fase la vigilancia epidemiológica y entomológica en la que no cabe el descuido. Todo el mecanismo está engranado para ganar escaños a favor de la salud del pueblo y eliminar la contaminación y propagación de epidemias. De modo que Finlay está aquí, expectante, como el científico y médico de los pobres que fue, dedicado a su gente, a los que entregó toda su existencia.

Un ulular de sirenas nos trae una clara señal: alguien necesita ayuda. Una ambulancia detiene el tráfico normal. La vida de Gilberto está ahora en manos de los médicos que, ya en el vehículo, comienzan a darle los primeros auxilios.

¡El clínico, por favor!, esto es un código rojo, exclama la enfermera clasificadora cuando es recibido en un centro hospitalario. ¿El escenario? Puede ser cualquier policlínico dotado para atender urgencias, diseminados por casi toda la provincia. Comienza la carrera contra reloj de los que tienen el primer contacto con el paciente en Emergencias, y que no por habitual dejan de estremecerse ante cada caso.

La muerte está casi echada. Solo lo separa de ella el instinto de sobrevivir, cuando desde la oscuridad se alzan manos dispuestas a revivir su corazón. Otros y otros llegan. Pero lo cierto es que allí, donde lo necesitan, están los de batas blancas haciendo culto a la vida.

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