Enfermera por el premio de una sonrisa

Hoy 12 de mayo es el Día Mundial de la Enfermería, en honor a Florence Nightingale.

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Foto: Juan Carlos Dorado

Maydelín López Cuesta es enfermera desde hace 17 años, estudió la licenciatura en la Universidad de Las Ciencias Médicas de Cienfuegos, pero desde mucho antes ya lo era en sus sueños. Recuerda resultaba su juego preferido de niña, y continúa amando la profesión como el primer día. Se desempeña en el Hospital Pediátrico Paquito González Cueto, porque le fascina el trabajo con los niños y este fue y cree será su puesto de trabajo permanente.

“Desde que el 13 de agosto de 2000 recibí mi título, he sido enfermera las 24 horas del día. Pedí Pediatría y pasados todos estos años no me arrepiento. Resulta muy humano curar y tratar a los niños, verlos reír después de sanos, apreciar las caras de esperanza de sus padres tras un susto, y cuidarlos, cuidarlos mucho”.

Será también porque eres madre y esa es una condición esencial, ¿Te ha aportado tener hijos para ser mejor profesional?

“Sí, tengo un hijo varón de seis años, y te puedo asegurar que tras la maternidad pongo más esmero y celo que el que antes a mi trabajo. No sé, es algo natural que le aporta al oficio”.

El Hospital Pediátrico de Cienfuegos es un centro asistencial que se caracteriza por la calidad del personal de enfermería. ¿Cuánto en lo personal te aportan las enfermeras que aquí han trabajado por más de media vida?

“Es un compromiso enorme. El equipo de enfermería de este centro es famoso por su calidad profesional y experiencia, y desde que entré a él, supe que no sería fácil. Creo he estado a la altura y lo estaré, para honrar esa fama que les precede”.

Cuando manifiestas que eres enfermera las 24 horas ¿es una metáfora o tu horario se extiende?

“Sí, porque lo soy también en el barrio, en el edificio. Los vecinos vienen para que les tome la presión, inyectar a un niño, pedir un consejo ante determinados síntomas, en fin, no termino. Y no me molesta, por el contrario, con ellos tengo también compromiso, y si acuden a mí, pues casi es una señal de respeto a mis conocimientos y experiencia.

“Claro que volvería a ser enfermera, sin temor a equivocarme, me siento feliz y útil. Y esta cofia que llevo es como un halo que me dio la vida, para salvarla, alargarla y si el premio es la sonrisa de un niño, créeme que ha valido la pena cualquier sacrificio”.

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