En mala compañía con la fetidez | 5 de Septiembre.

En mala compañía con la fetidez

Ilustración: Fabián Sotolongo

Ilustración: Fabián Sotolongo Fernández

Llegó como una aviesa sombra. Intruso al fin, nadie lo esperaba. Un buen día el reparto de Pastorita, casi en pleno, amaneció inundado del nauseabundo mal olor. Al principio, cada cual  pensó que le habían plantado un corral de cerdos en las propias narices.

Mas la pestilencia no era particular de patio alguno. Se había adueñado de buena parte del barrio, y según testimonios, la hediondez alcanzó hasta los edificios altos, arreciada en las tardes, tal vez por las altas temperaturas durante ese trozo del día.

El hedor no resultaba nuevo para el reparto. Similar fetidez, aunque en menor proporción, ya la sufrían los vecinos de la zona comprendida entre los edificios Q, P, T, 12B y NO a consecuencia de las aguas albañales que corrían a través de una zanja completamente descubierta, cuyo cauce pestilente nace justo en el primero de los inmuebles y se deslizaba hasta el colector central de la zona. En su trayecto infectaba, además, el parquecito José Mateo Fonseca Bolívar.

Pero bien, volvamos al asunto inicial. La presencia del indeseable tufo generó todo tipo de especulaciones en el vecindario. Algunos aseguraban que la rotura de una de las cañerías de desagüe del alcantarillado era responsable del mal; otros atribuían la contaminación ambiental a problemas técnicos del sistema del nuevo tratamiento de residuales.

Lo cierto es que tal cual apareció el desagradable olor, se esfumó de la noche a la mañana. Un día los pobladores del populoso asentamiento amanecieron sin tan indeseable compañía.

¿Misterio? Nada de eso. Todo tiene una explicación razonable. La expone Daymel Reyes Sánchez, subdelegado técnico de Recursos Hidráulicos en la provincia de Cienfuegos.

Según el funcionario, tras una inversión millonaria quedó terminada la solución de residuales en este lugar. Entre los objetos de obra fueron ejecutados una laguna de oxidación, la estación de bombeo y el colector central. Por supuesto, el proyecto se realizó con todos los requerimientos ingenieros que llevaba.

¿Qué ocurrió en realidad? Obstrucciones del conducto principal impidieron que llegaran a las bombas los residuales líquidos necesarios para mantener la cota de la laguna. A consecuencia de ello, bajó el nivel  y una masa considerable  de sólidos quedó expuesta en la superficie a las altas temperaturas condicionadas por los rayos directos del sol.

Agrega Reyes Sánchez que, unido a esto, una mezcla superficial de algas, supuestamente en descomposición, incidió también en el origen y la propagación de la peste, ya que los vientos del sur la arrastran hasta la zona residencial del citado reparto.

Al resolverse la tupición del colector central, hoy la situación es otra, sin que esté completamente solucionado el problema. Aumentaron los niveles del embalse. No obstante, la experiencia vivida aconseja la alerta por lo que pudiera suceder en el futuro, de ocurrir un nuevo atascamiento. Luego, mucho ojo con lo que va a parar al sistema de residuales.

En especial las medidas de precaución por parte de la población deben estar dirigidas a evitar  que se arroje basura o cualquier tipo de desperdicio sólido como sacos, jabas de nylon o materiales de la construcción, por mencionar algunos.

Solo quien tuvo que soportar por más de 20 días la mala compañía de la fetidez puede considerar, en su justa medida, las consecuencias de esa anomalía medioambiental.

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