Empleada doméstica: ¿cenicienta o reina? | 5 de Septiembre.
vie. Dic 6th, 2019

Empleada doméstica: ¿cenicienta o reina?

Lo que en un tiempo solía ser soslayado, dicho en tono bajo, ahora ha ganado visibilidad en Cuba como muestra de las transformaciones sociales y antropológicas que sufren las sociedades. /Foto: Igorra

Empleada, sirvienta, mucama, personal de servicio, camarera… En Cuba nadie parece extrañarse cuando tales calificativos asoman en la telenovela de turno o son parte de la trama del último libro publicado; sin embargo, fuera de la ficción se pronuncian en tono bajo, como si llevaran el peso de la vergüenza.

“El lugar que ocupa el trabajo doméstico no ha cambiado, la percepción que existe hacia este sigue estando sesgada por la construcción patriarcal de la realidad social, asegura la Dra. Magela Romero Almodóvar, profesora auxiliar del Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana. No obstante, es cierto que quienes se dedican hoy a esta actividad son vistas de otra manera, y esto tiene que ver con singularidades del contexto cubano, donde, a diferencia de otras latitudes, las domésticas remuneradas, por lo general, no laboran en condiciones de explotación y pueden lograr ingresos muy superiores a la media del salario nacional”.

“La señora que ayuda”, eufemismo que asumen los dueños de hostales y casas particulares para nombrarlas, se hizo más visible en el país a partir de la expansión del sector cuentapropista en 2010, al aumentar las prestaciones destinadas al alojamiento o servicio gastronómico. En Cienfuegos, por ejemplo, hay vigentes 981 licencias como arrendadores de habitaciones, muy superior a años anteriores, y 243 para arrendadores de casas completas. Tales cifras abren mucho más el camino a las “camareras”, porque casi nunca el propietario asume las tareas de limpieza.

Magela Romero Almodovar, socióloga cubana quien ha investigado el tema desde la academia./Foto: Internet

A diferencia de otras actividades recogidas en la Resolución 42 de 2013, el empleado doméstico no tiene que ser declarado por el titular del hostal o restaurante, puede realizar sus labores en cuantas casas sea capaz de asumir a la vez, y pertenece al régimen simplificado, por tanto, no es necesario hacer la declaración jurada al final del año. De acuerdo con la legislación, este tipo de trabajador(a) debe pagar 30 CUP (pesos) mensuales en impuestos y 262.50 CUP trimestrales para la Seguridad Social.

No sucede así con el trabajador contratado para arrendador de vivienda, del cual el propietario del negocio debe rendir tributo al fisco y es el facultado para hacer comidas, desayunos y servir directamente a los turistas. Sin embargo, la realidad supera a las disposiciones, y puertas adentro sucede de todo.

BAJO SU MISMA PIEL

“Las garantías nunca son iguales que cuando te emplea el Estado. Aquí empiezas con un itinerario y luego aparecen otras cosas por un mismo salario. Tengo amigas que se han ido de algunas casas por eso, porque no hay un contrato fijo. Las vacaciones debo colegiarlas con mi otra compañera y así no se afecta el hostal”, asegura Alicia Curbelo Nodal, maestra de profesión y con cinco años de experiencia en esta actividad.

Para Soraida Romero Arango, la situación se volvió insostenible: “Algunas personas te tratan como si fueras su esclava. Muchas veces llegaron a pedirme hasta un vaso de agua, mientras ellas estaban sentadas, sin hacer nada, a unos pasos del refrigerador. Es así, algunas empleadoras son muy abusadoras y por eso abandoné este trabajo”.

“Una de mis empleadoras labora con el Estado, tiene una alta responsabilidad y mucha ocupación, de ahí que necesite mi ayuda para poder desempeñarse con éxito. No siempre trabajamos en hostales”, agrega Odalis Romero Arango, con más de diez años en la actividad.

A pesar de que este oficio es una de las modalidades con las tasas impositivas más bajas, la mayoría de quienes lo realizan prefieren hacerlo de manera informal, sin licencia. Ello, con el tiempo, se vuelve espada de doble filo…

Foto: Internet

“No hay hábito en Cuba de trabajo privado, sobre todo porque los que se emplean en esta actividad no exigen que se les haga un contrato tal como establece el nuevo Código de Trabajo. Si reclamaran este derecho, entonces podrían incluir en el documento toda una serie de regulaciones que los iba a proteger, como la hora y lugar donde se realiza el trabajo, la duración, el régimen, las vacaciones (…) Yo creo que tienen miedo a que el empleador se busque otro si le exige el contrato (…) También he visto a personas que sufren pequeñas lesiones durante su labor y no se quejan, continúan por temor a que lo despidan”, esclarece Raúl Lino Avello Peña, presidente en Cienfuegos del Capítulo de Derecho Laboral de la Unión de Juristas de Cuba.

Al decir de la Dra. Romero Almodóvar, si bien la nueva legislación cubre aspectos trascendentales, aún quedan vacíos por resolver, sobre todo si se pretende contribuir a una sociedad más equitativa en términos socio–genéricos.

Muchas veces las relaciones contractuales quedan en el plano conversacional, principalmente en los negocios más pequeños, aunque siempre existen las excepciones. “Al principio no querían sacar la licencia, algunas alternaban otros empleos con este y el tiempo no les daba (…) Es un poco difícil establecer con el empleado qué es lo que debe hacer y cómo, influye también la educación de cada persona, su nivel cultural. Mi empleada trabaja de 7:00 a.m. a 3:00 p.m., descansa los domingos y algún sábado. Tiene vacaciones, y cuando presenta problemas de enfermedad, le doy los días”, afirma Beatriz Dueñas Romeu, titular de un hostal en el Centro Histórico de Cienfuegos.

Generalmente, las trabajadoras domésticas cobran 50 pesos en moneda nacional diarios, o sea, entre 48 o 50 CUC al mes, pero eso puede variar en dependencia del servicio que brinden y del nivel de solvencia de sus empleadores. Por ejemplo, preparar desayunos, lavar ropa a los turistas, cocinar la cena, cuidar a los niños de los clientes, resultan otras de las tareas que, por detrás del telón, proporcionan ganancias adicionales.

A su vez, la mayoría de los empleadores cuestionan la ausencia de una agencia que sirva de fuente para escoger nuevas fuerzas y casi siempre esto fluye a través de recomendaciones, de avisos entre los propios dueños.

Junto a esta carencia, aparece el tema de la capacitación, pues aunque la actividad parezca sencilla, requiere de cierta especialización y disciplina. “Casi ninguno está formado. Estudié servicio gastronómico del turismo y eso me permite adiestrarlos. Llegan con ciertos vicios del sector estatal. Nosotros los tenemos uniformados y debemos crearle el hábito para que lo usen siempre”, dice Maylín Cruz García, propietaria de un hostal.

Otra realidad que asoma detrás de la puerta es que en las casas arrendadoras sucede lo mismo que en los hogares: la actividad doméstica es asumida por las mujeres. Ello evidencia las brechas de género existentes en la división social del trabajo.

Los hombres no suelen ser empleados para el desarrollo de actividades domésticas, lo cual demuestra brechas de género en la actividad./Foto: Efraín Cedeño

“En un análisis del perfil sociodemográfico de quienes se dedican hoy a este ejercicio, se pudo constatar que quienes cuentan con licencia y están registradas se caracterizan en términos generales por ostentar un nivel escolar medio–superior. Esta constituye una evidencia del impacto que han tenido las políticas de educación en la población femenina de Cuba y, en especial, las que estuvieron destinadas a este grupo de trabajadoras entre las décadas del 60 y el 70 del siglo pasado”, asegura la Dra. Romero Almodóvar, quien ha estudiado el tema.

Muestra de la heterogeneidad de este sector es que en él puedes encontrar desde maestros, enfermeros, técnicos medios en una amplitud de esferas productivas, hasta otrora amas de casa. Lejos queda aquella percepción de que era un trabajo para personas sin otras oportunidades en la vida, sin estudios o amparo filial.

Sobre ello, la investigadora reconoce: entre los factores que inciden en el considerable aumento del trabajo doméstico remunerado a domicilio en Cuba está la implementación de un proceso de restructuración laboral con nuevas aperturas en el sector cuentapropista, la existencia de cambios socio-demográficos  con marcada incidencia en la estructura ocupacional del país,  la insuficiencia de servicios estatales a precios módicos que apoyen el desarrollo de las tareas propias del hogar y el cuidado a personas dependientes (infantes, discapacitados, tercera o cuarta edad…) y el aumento de las desigualdades socio económicas y de género, que limitan las oportunidades de empleo, fundamentalmente a las mujeres, entre otros.

Lo que en un tiempo solía ser soslayado, dicho en tono bajo, ahora ha ganado visibilidad en Cuba como muestra de las transformaciones sociales y antropológicas que sufren las sociedades. Regresan, ya no tanto con su halo de cenicienta…

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4 comentarios en “Empleada doméstica: ¿cenicienta o reina?

  1. Qué bueno que en la prensa se traten con tanta seriedad asuntos de esta naturaleza y se socialicen estudios como el de la Dra. Magela Romero Almodóvar, los que ayudan a entender las dinámicas de la Cuba actual.
    Respecto al contrato, una notica: su ausencia también desprotege al contratador, ambas partes resultan más vulnerables.

    1. Gracias, María Antonia. Es nuestro deber abordar asuntos de esta índole. En cuanto a los contratos, tiene usted razón, ambas partes resultan vulnerables ante su ausencia.

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