Electrifican asentamiento montañoso de El Naranjo

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Foto: Ismary Barcia

Cuenta Pedro Luis Pérez que era imposible pensar en un servicio estable; que el voltaje apenas llegaba a los 60 o 40 volts, y resultaban frecuentes las roturas en sus refrigeradores, televisores o cuanto equipo existe, porque la generación de la minihidroeléctrica no daba abasto.

Sentado en el parquecito de El Naranjo, a unos 60 kilómetros de la ciudad de Cienfuegos, en pleno macizo Guamuhaya, suele verse a Manuel Perera Ortega, quien con la autoridad de sus 85 años sentenció: “Esto eran unas cuantas casitas, y mira por dónde vamos ya. Ha crecido mucho, y yo sí conozco, porque estoy aquí casi desde que nací”.

A nadie le gusta recordar cómo hace dos meses atrás, tareas domésticas, tan cotidianas como planchar o ablandar frijoles en la tarde, eran imposibles, porque el servicio eléctrico, suplido por una hidroeléctrica —que databa de 1989, y la fuerza de un arroyo abreviado por los avatares del clima y sus largas sequías—, casi nunca generaba ni 10 horas por día.

El resto del tiempo era reemplazado por un grupo electrógeno, el cual consumía 70 litros de diésel cada jornada, en aquel remoto vallecito intramontano, uno de los más retirados de la geografía de Cumanayagua.

Fueron necesarios alrededor de quince años de espera —por un presupuesto estatal, que permitiera atravesar ocho kilómetros de sinuosos caminos, a unos 500 metros sobre el nivel del mar—, hasta conectar con el Sistema Electroenergético Nacional las líneas de El Naranjo, justo en la intercepción del también remoto asentamiento de Las Minas.

Que no fue fácil, lo sabe el delegado de la circunscripción del Poder Popular con más años de prestación en la región, Freddy Luis Sánchez —también presidente del Consejo Popular El Sopapo-Cuatro Vientos y diputado a la Asamblea Nacional—, quien bregó por ello durante cinco mandatos.

“Era el planteamiento más antiguo de la comunidad, porque la ‘mini’ favorecía inicialmente a 40 viviendas, pero con el crecimiento del Plan Turquino —y este es el asentamiento que más aumenta—, ya son 143 viviendas, y el voltaje no daba, el caudal se nos quedó chiquito, muy dañado también por los efectos del cambio climático”.

Finalmente, brigadas de la Empresa Eléctrica del municipio, asumieron el reto y, a fines del 2017, en menos de un mes, aquel sitio del macizo Guamuhaya quedaba electrificado.

“Hay que decir que toda la limpia de la maleza, ocho kilómetros de bosques naturales, fue hecha por la población de aquí, con la ayuda del Ejército Juvenil del Trabajo”.

José Ramón Guevara León, campesino de la zona, asegura que El Naranjo “era un pueblo prácticamente apagado, pero entusiasta. Estamos agradecidos del esfuerzo del Gobierno y el Partido, porque se ha elevado el nivel de vida en estos últimos tiempos; también por el arreglo del vial de acceso y la mejora de otros servicios como las interconsultas de especialistas médicos. Pero, para poner ‘la luz’, la gente de aquí se pegó a trabajar”.

“El Gobierno también les vendió el moderno módulo de cocinas de inducción. Ahora llegan del campo —donde trabaja la mayoría— sin la preocupación de que sus refrigeradores se descongelaron o que tienen que cocinar con leña”, enfatiza el delegado.

Cienfuegos ha logrado una de las mayores coberturas eléctricas del país, superior al 99 por ciento de su territorio. La conexión al Sistema Electroenergético Nacional del alejado asentamiento El Naranjo es el hito más reciente de esa estadística.

 

Cienfuegos ha logrado uno de las mayores coberturas eléctricas del país, superior al 99 por ciento de su territorio./Foto: Ismary Barcia

 

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