El tormento de La Catalana

Ante el deterioro extremo del otrora Palacio de Goytisolo, se evalúa la posibilidad de retirarle la condición de Monumento Local que ostenta desde 1990, amén de su inserción en la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Co-autor: Roberto Alfonso Lara

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Durante el proceso de investigación periodística, se decidió el tapiado de los vanos en la planta baja de La Catalana. / Foto: Dorado

El edificio es una inservible armazón apuñalada por el tiempo y por las manos que se han cansado de retirarle pieza por pieza, como lo hace un carnicero cuando arranca pluma a pluma el pelaje de la gallina, minutos después de hundirla en un caldero de agua hirviente. Al edificio que nombran La Catalana, le han extirpado minuciosamente las entrañas: vigas de acero que provocaron derrumbes, pisos de mármol, rejas, maderas, ladrillos; por eso las paredes están descascaradas y las ruinas de adentro, hace rato, vienen dando señales rojas de alarma, señales rojísimas de que, es muy posible no haya vuelta atrás y un día, al amanecer, el edificio La Catalana sea apenas un sitio ausente en ese espacio.

Ha aprendido bien poco el ciudadano patrimonial. La necesidad lo ha convertido en un verdugo soez, ha carcomido en él las elementales normas de respeto, y ya así, no es capaz de valorar el significado de lo ajeno, ya así no puede entender la importancia que un inmueble como La Catalana tiene para Cienfuegos y para el futuro. Luego, están los responsables a una escala macro, quienes carecieron de una visión profunda y dejaron en manos de nadie la salud del edificio, originalmente conocido como el Palacio de Goytisolo.

El inmueble pertenece a la Dirección Municipal de la Vivienda, y han sido muchos los reclamos que desde la década del 70 del siglo pasado se han ofrecido en torno al destino, hoy incierto de La Catalana. Pero la realidad es que nada se ha hecho, y a estas alturas ese ejemplar de Monumento Local está a punto de perderse.

CASTIGOS INICIALES

Gerónimo Elizondo fue el maestro de obras que en 1857, construyó el palacete del hacendado Agustín Goytisolo, una edificación capaz de insertarse perfectamente en la arquitectura tradicional cubana. Resulta una casa-almacén típica del siglo XIX, con alto valor arquitectónico e histórico, y cuyo sótano es el único de su tipo en la ciudad. Tenía un primer nivel para almacenes, y en la planta alta residía la familia. Mucho tiempo después, hacia la esquina de la primera planta, existió un bar llamado La Catalana, por ello se le conoce con ese nombre en la actualidad.

Para cuando el inmueble comenzó su hasta hoy irreversible deterioro, hubo un plan emergente para trasladar a las personas que allí vivían. Así lo narra Irán Millán Cuétara, director de la Oficina del Conservador.

“La casa de vecindad estaba ocupada en 1977 por cerca de diez inquilinos, reubicados en otros inmuebles. En el lugar quedó una sola persona ocupando la esquina y, por supuesto, la Dirección Municipal de la Vivienda le permitió al ciudadano la permanencia en el sitio. Esto propició la utilización del inmueble para disímiles acciones, la mayoría incorrectas (peleas de gallos, una carpintería ilegal con las vigas de madera del entrepiso), lo cual provocó que poco a poco se deteriorara aún más”.

Según aludiera el propio Irán, durante algún tiempo Vivienda continuó reacia a reconocer la propiedad que sobre La Catalana tenía; no la atendió como un medio básico de su posesión, a pesar de ser la entidad que entregó casas a familias del edificio, al considerarlo una cuartería.

Maribel Sardiñas Rey, directora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, revela las peripecias que desde la perspectiva y responsabilidad de su puesto laboral ocurrieron en este sitio de la ciudad.

“Con las lluvias de 2012 empezó a desmoronarse todavía más el edificio. Cayó el muro y la pared que corresponde al lado de la calle De Clouet con todo el ventanal. Nosotros fuimos allí junto a Irán Millán, algunos compañeros de la Oficina del Conservador, el presidente del Gobierno y otras autoridades de la provincia.

“Hubo ciertas discusiones, pero al final se propuso destruir el inmueble. Nos opusimos conjuntamente con la Oficina del Conservador, pues nosotros queremos salvar el inmueble, porque sí se puede. Si hemos rescatado otros en similar estado crítico, por qué no recuperar este; por qué no crear un proyecto para la edificación”.

En noviembre de 2014, la Oficina del Conservador presentó al Gobierno un dictamen técnico con las especificidades y condiciones reales del Palacio de Goytisolo. “Que sirva este informe de denuncia —señalaba—ante los organismos competentes y que si hasta ahora no se han dignado en darle el tratamiento que merece este valioso edificio construido en 1858 siendo Monumento Local (…), estamos a tiempo de salvar parte de sus elementos originales, de lo contrario perderíamos sin justificación uno de los exponentes más importantes de la arquitectura doméstica cienfueguera”.

Son variadas las posibles soluciones ofrecidas por organismos comprometidos que intentan rescatar el citado edificio. “Hemos propuesto construir apartamentos para los médicos que cumplieron misión. Se hizo, además, una tesis de maestría en 2014, de la arquitecta Virgina Ugarte Pentón, la cual entregamos a todos los implicados; lamentablemente hubo oídos sordos con la reutilización de La Catalana. Todo ello propició en los últimos meses, casi una hecatombe. Los compañeros de la Escuela de Oficios lograron rescatar algunos guardavecinos y portafaroles que estaban bajo de los escombros.

“Las personas piensan que la Oficina tiene dinero para mandar una brigada y arreglar La Catalana; no existe esa posibilidad. En Cienfuegos, no se cuenta con ningún presupuesto para la restauración, ni la Unesco ha dado nunca un centavo para restaurar”, asevera Irán Millán.

A TIEMPO…

La recuperación del antiguo Palacio de Goytisolo figura entre las acciones en cuarterías que debieran ejecutarse rumbo al bicentenario de la ciudad en 2019. Lo esboza el Plan General de Ordenamiento Urbano en Cienfuegos, elaborado por la dirección de Planificación Física con la aprobación absoluta de los organismos del territorio. Al menos eso parece, pero…

“No tengo la seguridad de que aparezca registrado como cuartería —afirma Edelys Sierra Caraballo, subdirectora provincial de Vivienda—. Si no se intervino en un momento determinado, fue por no estar en un plan. Además, voy a decir algo, los trabajos por hacer en La Catalana no son los que realizamos en una cuartería normal o en un pasaje, donde tú entras con una brigadita cualquiera. Allí no puede entrar una brigadita, tiene que ser una brigada especializada. Y en La Catalana no está viviendo nadie, y en otros lugares sí, con peligro inminente para la vida.

“Ahora mismo, nosotros estamos ocupados en la propuesta del plan 2017, que desde hace unos años ronda los diez millones de pesos para la provincia. El monto lo distribuimos y los gobiernos municipales deciden, según las prioridades, dónde van a trabajar. Tampoco tenemos facultades para imponerle a nadie en qué utilizar su dinero”.

Otra perspectiva cercana al problema sostiene Nara Moya Laguna, quien vive en el pasaje aledaño al inmueble. “La Catalana desde 2005 está en peligro de derrumbe. Incluso, tenemos una carta firmada por Irán con un dictamen técnico de que iban a bajarla al primer nivel. Nunca se hizo nada. Entonces, eso en cualquier momento viene abajo. Si pasa un ciclón por aquí, quedaremos sepultados dentro”.

“Ya lo están explicando: allí no vive nadie, es un lugar inhabitable —reitera Mirna Viñales Viñales, directora provincial de Vivienda—. No podemos poner a una persona a proteger una construcción que realmente no tiene nada. Cuando más, colocar una identificación o algo así, pero quién va evitar que se lleven las cosas. La Vivienda carece en su plantilla de un custodio para velar por el edificio. Si nosotros no tenemos ni custodio para cuidar las casas que hoy quedan vacías”.

Al decir de Aleida Fernández Lorenzo, vecina del Centro Histórico, “lo mejor es derrumbarlo. Ahora por el asunto de los mosquitos cerraron las entradas, porque era un vertedero: la gente iba a orinar, hacía sus heces fecales, los camiones y coches entraban a botar los escombros. ¡Terrible! Los vecinos no podemos hacer nada, ¿sabes por qué?, porque si decimos algo, después la cogen con nosotros, dicen que somos unos chivatos, no sé qué… Aquí hay un cuerpo de policías, hay empresas con custodios. Llevamos más de diez años con el problema; han pasado no sé cuántos delegados a la Asamblea Municipal y nada, seguimos en lo mismo”.

“La Catalana muestra el resultado de la actitud negligente, de la posición de no compromiso por parte de las entidades y, especialmente, de la acción indiscriminada de los vecinos que permitieron todo. Hoy constituye un bochorno para la ciudad que un Monumento Local haya llegado a tal circunstancia. Nosotros seguimos defendiendo lo que queda y nos vamos a negar a su demolición”, asegura Irán Millán Cuétara, director de la Oficina del Conservador.

“Si se destruye —añade el prestigioso arquitecto Aníbal Barrera Barcia—, estaremos perdiendo uno de los componentes más importantes de la arquitectura cienfueguera, para mí uno de los exponentes más significativos del neoclasicismo. Todavía en su estado, quizás se pueda recuperar la primera crujía; hacer una inserción nueva en la zona y salvarla, para dejarla como una huella de lo que fue, porque lo demás ahí, se perdió ya”.

Ni el tiempo ni la historia perdonarán luego tanta dejadez.

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