El pueblo arrancó la derogación de la Enmienda Platt

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Fue la presión de las masas en la calle, que exigieron dejar sin efecto aquella adición, la que consiguió derogar aquel engendro que durante 32 años, once meses y 17 días lastró nuestra soberanía y dignidad.
Fue la presión de las masas en la calle, que exigieron dejar sin efecto aquella adición, la que consiguió derogar aquel engendro que durante 32 años, once meses y 17 días lastró nuestra soberanía y dignidad.

Derrocada la dictadura de Gerardo Machado por la huelga general popular del 12 de agosto de 1933, Cuba logró despojar de la Constitución de la República aquel oprobioso dogal conocido como Enmienda Platt, apéndice agregado a la Carta Magna en el período de la primera ocupación militar yanqui en la isla (1899–1902), por el que Estados Unidos se arrogó el “derecho” de invadir nuestra Isla y apoderarse de nuevos pedazos de territorio, como el que todavía hoy ocupa ilegalmente la Base Naval de Guantánamo.

Pero hasta para dejar sin efecto ese engendro seudo-legal se utilizó la mentira.

Entre las que los maestros de la maquinaria publicitaria norteamericana nos hicieron creer como verdades, está la de que esa derogación se debió al “altruismo” del gobierno de Washington.

Y es que a inicios de junio de 1934 en toda la prensa de Cuba, de Estados Unidos y de otros países del orbe, se encuentran detalles que hacen aparecer ese acontecimiento como resultado de “gestiones de personalidades de Norteamérica y de Cuba, ante el gobierno de Washington”, que éste acogió favorablemente. Y cuando fue “concedida la gracia”, se divulgó ampliamente que “la generosidad y comprensión de las autoridades de Estados Unidos accedieron al justo reclamo de Cuba de derogar la Enmienda Platt”.

Nada más falso, puesto que ello se alcanzó por la movilización general del pueblo cubano, por la presión de las masas en la calle, que exigieron dejar sin efecto aquella adición que durante 32 años, once meses y 17 días lastró nuestra soberanía y dignidad.

El 24 de noviembre de 1933, el presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt emitió una declaración oficial en la que alentó la conjura de Batista y del Embajador en La Habana, Sumner Welles, contra el gobierno de Ramón Grau San Martín, que incluía la oferta de firmar un nuevo tratado comercial y derogar la Enmienda Platt. Roosevelt explicó que “…Sería bienvenido cualquier gobierno provisional en Cuba en el cual el pueblo cubano demuestre su confianza”.

La impaciencia de la administración estadounidense por desembarazarse de Grau iba en aumento, pues desde mediados de noviembre se acrecentó la influencia en el gobierno de un joven luchador antimperialista, Antonio Guiteras, quien en las semanas siguientes daría muchos de sus más radicales pasos. Había que derrocar rápidamente a ese gobierno.

El 13 de diciembre de 1933, el embajador Sumner Welles regresó definitivamente a Washington, y fue sustituido cinco días después por Jefferson Caffery.

Durante los días 13 y 14 de enero de 1934, Batista convocó y presidió una reunión militar en la que propuso destituir a Grau y nombrar al Coronel Carlos Mendieta y Montefur, lo cual fue acordado por la llamada Junta Militar de Columbia. Grau San Martín presentó su dimisión en la madrugada del 15 de enero de 1934 y embarcó rumbo a México, exiliado, el 20 de ese propio mes. Mendieta, entonces, quedó instalado como presidente mediante golpe de Estado, el 18 de enero de 1934. La nueva administración había sido reconocida por Estados Unidos el 23 de enero de ese año, aunque sabido es que quienes dirigían los destinos de Cuba eran el embajador Caffery y Batista.

Al gobierno de Mendieta correspondería la tarea de reajustar los vínculos de la dependencia neocolonial del país.

Ni la oligarquía reinstalada en el poder, ni el gobierno de Washington, estaban entonces en condiciones de ignorar el estado de ánimo del pueblo cubano hacia el neocolonialismo y sus instrumentos. Estados Unidos tampoco ignoraba la importancia del respaldo de los gobiernos de América Latina -Cuba entre ellos- en la ya entonces previsible confrontación con otras potencias imperialistas emergentes como Alemania y Japón. Era propósito de la política de Roosevelt obtener una nueva imagen en sus relaciones continentales mediante la fórmula diplomática del “buen vecino”.

Como una de las medidas de reajuste, el 29 de mayo de 1934 se firmó un nuevo Tratado de Relaciones cubano-norteamericano, modificando el del 22 de mayo de 1903. Pero cabe preguntarse, ¿fue obra de la “generosidad”?

Veremos que no es así.

Dos días antes de la precipitada decisión, el 27 de mayo, a las 10:30 de la mañana, y en los momentos en que el embajador Caffery se preparaba a abandonar su residencia de Alturas de Almendares, fue objeto de un atentado de tres disparos realizado por varios desconocidos desde un automóvil.

Al día siguiente, el 28 de mayo, al transitar al mediodía por la Quinta Avenida del reparto Miramar, el auto al servicio del primer secretario de la embajada de Estados Unidos, H. Freeman Matthews, de regreso después de haber dejado al diplomático en la Embajada, fue asaltado por varios individuos armados con ametralladoras que viajaban en otro vehículo. Dirigiéndose al chofer, uno de ellos le dijo que hiciera saber a Matthews que le daba una semana de plazo para que se marchara de Cuba; acto seguido rompió de un golpe el parabrisas y desaparecieron velozmente.

Estos actos revelaban un estado general de hostilidad contra Estados Unidos y pudieron haber precipitado la firma del nuevo Tratado de Relaciones que planteó el supuesto fin de la impopular Enmienda Platt.

El nuevo Tratado de Relaciones dispuso la supresión del derecho de intervención de Estados Unidos en Cuba y que: “La República de Cuba y Estados Unidos de América, animados por el deseo de fortalecer los lazos de amistad entre los dos países y de modificar, con ese fin, las relaciones establecidas entre ellos por el Tratado de Relaciones firmado en La Habana el 22 de mayo de 1903, (…) han convenido en los siguientes artículos: […]

Artículo 3.- En tanto las dos partes contratantes no se pongan de acuerdo para la modificación o abrogación de las estipulaciones del Convenio firmado por el Presidente de la República de Cuba el 16 de febrero de 1903, y por el Presidente de Estados Unidos de América el 23 del mismo mes y año, en cuanto al arrendamiento a Estados Unidos de América de terrenos en Cuba para estaciones carboneras o navales, seguirán en vigor las estipulaciones de ese Convenio en cuanto a la estación naval de Guantánamo. Respecto a esa estación naval seguirá también en vigor, en las mismas formas y condiciones, el arreglo suplementario referente a estaciones navales o carboneras terminado entre los dos gobiernos el 2 de julio de 1903. Mientras no se abandone por parte de Estados Unidos de América la dicha estación naval de Guantánamo o mientras los dos gobiernos no acuerden una modificación de sus límites actuales, seguirá teniendo la extensión territorial que ahora ocupa, con los límites que tiene en la fecha de la firma del presente Tratado”.

El 1 de junio de 1934 el senado de Estados Unidos ratificó el nuevo Tratado de Relaciones, y Cuba, el 4 de junio. Cinco días después, el 9 del propio mes, se canjearon en Washington las ratificaciones del Tratado de Relaciones del 29 de mayo de ese año, con lo que desapareció formalmente la Enmienda Platt, pero permaneció la Base Naval en Guantánamo.

El nuevo Tratado legalizó la situación de facto en que se encontraba la estación naval en Guantánamo, por lo que se rescindía la parte de los convenios del 16 y 23 de febrero y 2 de julio de 1903 entre los dos países relativa a terrenos y aguas en Bahía Honda, Cienfuegos, Nuevitas y Nipe, y se modificaba, en el sentido de ampliarlos, aquella que se refería a las aguas y terrenos en la estación naval en Guantánamo, mantenida como lugar estratégico de vigilancia y resguardo, para asegurar su predominio político y económico sobre las Antillas y Centroamérica y para la defensa del Canal de Panamá.

Después, como por artes de birlibirloque, la propaganda norteamericana maniobró e hizo aparecer como que el presidente títere Carlos Mendieta decretaba tres dias de fiestas populares para agradecer la “generosidad” de Washington. Como si el jolgorio pudiera borrar la agresión, el despojo, las intervenciones militares y el saqueo a nuestra economía nacional perpetrada durante aquel lapso. ¡Qué República era aquella!

2 Comentarios

  1. Muy interesante, la enmienda Platt fue una consecuencia del Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, el cual dio por finalizada la Guerra hispano-estadounidense y por él España abandonó sus demandas sobre Cuba, que declaró su independencia. Filipinas fue oficialmente entregada a los Estados Unidos por 20 millones de dólares, y Guam junto con Puerto Rico se convirtieron en propiedades estadounidenses también.
    Nunca he visto en un libro de historia de Cuba, al menos de los libros que se estudian hoy en las escuelas una copia del texto íntegro del Tratado de París de 1898, es mas la mayoría de los estudiantes no saben ni de qué se trata. Nuestra historia está llena de hechos interesantes, lamentablemente no se imparte correctamente y se han omitido muchos acontecimientos importantes, gracias estimado periodista por estas lecciones de historia

    • Con mucho gusto respondo a su interés respecto a la “no publicación” en Cuba del texto completo del “Tratado de Paz entre España y los Estados Unidos de América” (que es como se titula ese documento conocido como Tratado de París de 1898) firmado en París el 10 de diciembre de 1898.
      Después de la destrucción de las escuadras españolas y la capitulación de Santiago de Cuba, España aceptó su derrota y solicitó la paz. Primero firmó el armisticio del 12 de agosto de 1898 después aceptó un protocolo presentado por Washington y de acuerdo con el mismo aceptó plenipotenciarios que se reunieron en París, Francia, para acordar definitivamente las condiciones de paz.
      En esas negociaciones Cuba fue cuidadosamente excluida y España hizo todo lo posible porque la Isla pasara definitivamente de su dominio al de Estados Unidos. Por fortuna, el texto de la Resolución Conjunta de 20 de abril de 1898, documento poco menos que sarcástico que se vieron obligados a firmar para no empañar más su imagen pública ante el mundo, impidió al presidente norteamericano aceptar aquel regalo que hubiera venido a satisfacer plenamente los deseos de los imperialistas que ya empuñaban las riendas del gobierno de la Unión.
      Pero en fin, a lo que quiero responder: en Cuba sí se ha publicado ese texto, que no es nada popular, es cierto, pero es conocido por los estudiosos del asunto, y ya desde 1971 se editó por la Colección Centenario de 1868, de la Editorial de Ciencias Sociales, el Tomo I de Documentos de Nuestra Historia, de Hortensia Pichardo, editado por el Instituto Cubano del Libro, que contiene a páginas 540 – 546 el texto íntegro de ese Tratado, con sus 17 artículos que fuera ratificado por las partes en Washington el 11 de abril de 1899. Y en nuestras escuelas secundarias y superiores se insta a los estudiantes a que busquen ese documento, entre muchos otros, para que les sean conocidos, porque desde luego, en ningún texto escolar puede reproducirse todo textualmente. Lo importante es que los alumnos se acostumbren a documentar las afirmaciones históricas, las interioricen y establezcan relaciones con la actualidad nacional e internacional, porque “aquellas aguas trajeron estos lodos”. Saludos,

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