El maestro: vigía de la sociedad | 5 de Septiembre.
dom. Jul 21st, 2019

El maestro: vigía de la sociedad

Nadie mejor que el maestro o profesor para visualizar la sociedad. Ellos tienen demasiado tiempo a nuestros hijos bajo su égida. Los padres comparten mucho menos en el hogar. Y aunque soy de quienes piensan y sostienen: la educación viene desde la cuna, y es la familia el centro, son los educadores quienes mejor otean la cotidianidad. Por ello, el Seminario sobre prevención educativa que acaban de recibir los docentes en su primera semana de trabajo, desde el preescolar hasta la enseñanza técnica y profesional, resulta una iniciativa aplaudida.

Es muy fácil reunir en un aula a los mejores estudiantes, los de mayor rendimiento escolar, quienes observan la disciplina y son hijos “de mamá y papá”, esos quienes “atienden” al maestro y llevan regalitos; ahora, lidiar con un colectivo donde se juntaron ex profeso a los “difíciles”, es el reto superado hoy muchos maestros. ¿Por qué se permite en una escuela que la inclusión educativa e igualdad de oportunidades se violen? Y resulta esta, no por accidente y precisamente, la primera temática tratada en el Seminario de marras.

Y se me ocurre otra interrogante a seguidas, para ser interiorizada y respondida por las autoridades de Educación, desde la base hasta la provincia: ¿Cambió la estructura de las aulas después de la capacitación, o se sentaron a escuchar y olvidaron el tema no más terminado el día? Un grupo, podría ser el 3ro. A, el 5to. B o hasta el 7mo X, de una institución docente cualquiera, deberá ser diverso, y no un listado de “puntualitos” que no den trabajo, pero no tengan a quienes sumar, porque ya todos ellos están en la sumatoria.

La segunda de las temáticas discutidas y analizadas fue la labor educativa de los centros docentes, porque es allí, en la escuela, donde todo se “pega”, desde la forma en que visten los maestros, el lenguaje empleado, los métodos y hasta el tratamiento diferenciado a los educandos. Antes de censurar a un alumno mal vestido y con poca higiene, es preciso visitar a la familia y apreciar in situ cómo viven, sus ingresos económicos, si es un hogar distendido o disfuncional. Solo así, el maestro podrá ayudar, educar, enseñar.

Quizá a estas alturas del comentario alguien piense que no ganan lo suficiente, que es una labor dura, de 24 horas y 365 días, porque después de llegar a casa, al barrio, ya sin la tiza y el borrador, siguen siendo educadores; que no tienen tiempo para ir de comprar o hacer una cola para adquirir un  producto. Pero hasta en eso habrán de pensar las autoridades del país, si realmente queremos revertir la situación social de una nación que ha distribuido por más de 50 años, instrucción y educación gratuitas.

Sobre la violencia en las escuelas de todas las enseñanzas el maestro deberá recurrir y contar con el apoyo de TODAS las instituciones, y podría mencionar a “Menores”, los de evaluación y tratamiento de conductas, la familia… pero con mano dura, porque el bulling, que no es de aquí y su denominación en inglés lo dice claramente, ya es un fenómeno peligroso y común; las “broncas” a la salida, los de enseñanzas superiores acechando a  las puertas de las “Secundarias”, entre otras muchas señales negativas, pueden ser revertidas si se les enfrenta.

Sobre drogas, alcoholismo y el papel de madres y padres, involucrados, como debe ser, con la escuela también se discutió en el Seminario. Y es que no se concibe una familia ausente durante un curso docente, sin participar en los encuentros con los maestros, sin preocupaciones por el rendimiento académico de sus hijos. A esas familias habrá que visitarlas, ir a sus centros de trabajos, recabar ayuda de la comunidad, pero en esa labor no deberá la sociedad dejar solo al maestro.

El Seminario estuvo perfecto a mi modo de ver, ahora habrá que aplicarlo y velar porque se cumpla todo cuanto allí se debatió. El reconocimiento social a un educador deberá rescatarse, porque llamarle profe a alguien en la calle, una guagua o simplemente en una cola, es más que un modo de referirse, un halago de respeto a esas personas, entregadas y que son los vigías de muchas vidas.

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