Derrota del fascismo alemán

0
1046

Sabemos que históricamente los imperios han querido apoderarse del mundo. En todos los tiempos ha sido así, pero ¿lo han logrado? Y cuando lo lograron en parte, ¿han podido conservarlo? Hitler creyó que podría lograrlo, y por cierto que estuvo cerca, pero…

El 9 de mayo de 1945 los jerarcas nazis Keitel, Von Friedsburg y Shtumpf firmaron cabizbajos ante el eminente mariscal soviético Gueorghi Zhukov y el británico Arthurd Tedder, en representación de los aliados europeos, aquel documento que decía: “Nosotros, los abajo firmantes, en nombre del Mando Supremo Alemán, convenimos en la capitulación inmediata e incondicional de todas nuestras fuerzas armadas (…) ante el Mando Supremo del Ejército Rojo Soviético, y al mismo tiempo ante el Mando Supremo de las Fuerzas Aliadas…”.

Aquellas firmas se estampaban en el documento acreditado en el suburbio berlinés de Kartshorst, porque Josif Stalin, presidente de la URSS, consideró oportuno que se hiciera en la misma capital del derrumbado imperio nazi-fascista, como ejemplo para el mundo. Mientras, paralelamente, se rubricaba en la ciudad francesa de Reims, un documento semejante. Así concluía, en lo fundamental, la Segunda Guerra Mundial.

Hay que meditar a qué costo se logró ese resultado que salvó a la humanidad de la peste fascista que quiso apoderarse del mundo. Las cifras de muerte de millones de soldados en campos de batalla, y en las ciudades ocupadas y cercadas, de millones de los seres humanos más vulnerables, mujeres, ancianos y niños, perecidos por el tormento del hambre, el frío y la insalubridad, y en los campos de concentración nazis, se calculan en 50 millones. La destrucción es incalculable. El horror inolvidable. De lo muertos, la URSS “aportó” casi 30 millones. Estados Unidos fue el país de todos los aliados, que menos bajas tuvo que lamentar y ningún daño en su territorio continental, porque siempre ha hecho guerras lejos de sus fronteras, y fue el ganador supremo de aquella conflagración mundial de la que nos separan 72 años.

Ahora retorna ese peligro para la humanidad. El fascismo, fase superior del imperialismo, es barbarie antigua, moderna y contemporánea. ¿Pongo un ejemplo de su “ideología”…? Me remito a frases de Bush, “el hijo”, que dijo haberlas tomado textualmente de un documento original utilizado en la Escuela de Guerra de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, dice:

“La única manera de contener las creencias del enemigo es matando a los creyentes”. “No se guíe por regla alguna: cuando los romanos confrontaron problemas con Cartago, demolieron la ciudad y regaron el terreno con sal… Masacrar la población aborigen es genocidio…, pero ha probado ser eficaz…”. Son ideas fascistas. Y ¿no les parece un tanto conocidas, en la actualidad reciente, en diversos lugares del planeta?

Bien hace la CELAC de recordar a los pueblos y gobiernos la necesidad de mantener bien vigente la Proclama de la América Latina como Zona de Paz, y oponerse a la violencia golpista y defender el diálogo en Venezuela. También se hace evidente cumplir todo lo que pidió el periodista checoslovaco Julius Fucik en su Reportaje al pie de la horca… “¡Hombres, estad alertas…!”.

Dejar respuesta