Dannys al cuadrado en la lidia con el ganado

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Foto: Magalys Chaviano Álvarez

Es una mañana de sábado y hace rato que el ordeño tuvo lugar allí en La Aguadita, pero como es un día de fiesta, estrenan los nuevos equipos de ordeño mecánico, abundan los vaqueros con camisas a cuadros y sombrerones de paño. Pero entre ellos distingo a un pequeño con su padre, inquiero por los nombres y me espetan a coro: “Danny Miller”, ¿cómo?, suelto la exclamación con asombro.

“Sí, Danny Miller padre e hijo, Seovanes”. Quién sabe y quizá la abuela escuchaba durante el embarazo en su natal Congojas, a través de la magia de la radio, una de las novelas del escritor inglés, pero ahí está el nombre, anclado en un pueblito de Rodas en Cienfuegos y que promete ser heredado de generación en generación.

Danny Miller hijo es un vaquero en miniatura, comenzó el tercer grado de la Enseñanza Primaria; a sus escasos 8 años ya sabe montar a caballo, enlazar a los animales y hasta ordeñar una vaca por el modo tradicional. También lleva el atuendo de un vaquero auténtico, camisa a cuadros y sombrero de paño. ¿Te gustaría estudiar Agronomía?

“No, a mí me gusta todo lo que tiene que ver con los animales, pero quiero ser médico”, dice y sonríe con picardía, y mira a su padre como buscando aprobación, quién trabaja en una finca de ceba de toros, allí mismo en La Aguadita, y anda lidiando con los animales desde el amanecer hasta que el sol se pone.

“Desde que tengo 5 años ando con mi padre para arriba y para abajo”, dice, y se va a echar pienso a las vacas, que en la tarde volverán a ser ordeñadas, ahora con los equipos nuevos, sacándoles el máximo de leche, un trabajo más humano y eficiente.

“Tengo una hermana mayor, de 28 años”, responde a mis preguntas sin levantar la cabeza, porque le está suministrando pienso al ganado en las canoas dispuestas. Lo jeeps arrancan los motores y me uno a mis colegas, y miro desde abajo y allí están los Danny Miller, diciendo adiós y regresando a la lidia cotidiana con el ganado.

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