César Omar encaramado en la loma | 5 de Septiembre.
mar. Nov 19th, 2019

César Omar encaramado en la loma

Foto: Midaimy

Foto: Midaimy

Subir y bajar hasta El Nicho resulta placentero: microclima, olor a mariposas silvestres, ruido del agua cayendo desde las cascadas… Una se encuentra allí a la imponente Naturaleza, parte de la reserva natural de la zona y un asentamiento rural construido sobre los niveles llanos y terrazas fluviales del valle, pertenecientes a la cuenca hidrográfica del Hanabanilla. Pero entre tanta exuberancia, nos tropezamos en El Nicho con su gente, que también suelen ser especiales. El Piri, por ejemplo, que se rehúsa a que lo llamen por nombres y apellidos, porque él sencillamente es El Piri, nos lleva hasta el consultorio, para que conozcamos al nuevo médico, el cual no es nativo pero sí parte de aquel lugar.

César Omar Taillacq Suárez acaba de graduarse y esta es su primera experiencia laboral. Lleva un mes y tanto en el lugar y ya lo conoce como “la palma de su mano”. Responde con seguridad las interrogantes y el brillo de sus ojos y la sonrisa lo delatan.

“Atiendo a una población de 280 personas, y vivo aquí como uno más de ellos; solo bajo la loma algún que otro fin de semana, y hasta extraño el lugar en mi ausencia. Por el censo son personas mayores y trato las enfermedades más comunes del envejecimiento, como la hipertensión arterial. Pero he visto ya mucho y tratado a suficientes pacientes, como para poner en práctica lo aprendido”.

Asegura sentirse muy bien en la zona, el tratar con gente humilde, que se conforma con poco; y que al comparar con su otro mundo, el de vivir en el centro de la ciudad, le hace reconocer que son muy felices allá arriba, lejos del mundanal ruido, de las tecnologías y los excesos de la civilización. El apellido me induce a relacionarlo con un conocido otorrino laringólogo del territorio y la interrogante responde:

“Sí, se trata de mi padre, a quien admiro por supuesto, quiero hacer esa especialidad y dar continuidad en la familia, se trata de una muy importante en la que se puede ayudar a los semejantes a mejorar su calidad de vida. Pero eso será más adelante, ahora quiero, ayudar a la gente de acá arriba, conocerlos y tener en ellos a otra familia. Trabajo con Saraí Martínez Torres, una experimentada enfermera que lleva diez años en este consultorio, y ya está siendo de mucha ayuda”.

El día que subimos a El Nicho la comunidad estaba de luto, en la mañana había fallecido una de sus pobladoras. Resultó la primera defunción certificada por César Omar. “La muerte siempre es dura y difícil, pero actúe con rapidez, apliqué todo cuando exige el protocolo, pero no hubo remedio. En ese momento era el médico, e hice todo lo posible, sin ponerme nervioso”.

El consultorio es confortable, tiene sala de enfermería, de ginecología, farmacia, y justo enfrente, la vivienda del médico y de la enfermera, todo en buenas condiciones constructivas. Los vecinos le brindan un buen café y le tienen como a uno de los suyos, porque para ellos, es el hombre más importante ahora mismo en El Nicho, y lo afirma el Piri.

“¿Quién me acompaña?, todos y nadie, mi novia está en Cienfuegos, haciendo la residencia de su especialidad, sin tiempo apenas ni para visitarme. Mi padre, ocupado, quisiera traerlo, aunque sea un domingo, para interconsultar a la gente de acá; el resto de la familia, mi hermana estudia Medicina y mi madre también atareada en su trabajo. Ahora soy yo, a expensas de lo aprendido durante los largos años de estudios, haciendo caminos en estas lomas, que están marcadas por todos los buenos médicos que me antecedieron en la Medicina Rural, y poniendo a los montañeses en primer plano, con ellos y por ellos”.

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