Buscando el norte: más españoles en Berlín y más estereotipos

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De no contar a la larga con una segunda temporada, estos ocho capítulos de Buscando el norte van a quedarse en un puro suspense.

Buscando el norte ha figurado entre las pocas teleseries españolas que he seguido en fecha reciente (durante el tiempo que dura un episodio puedes ver dos o tres capítulos, mejores, de series sajonas). Confieso que desde Aída no conseguía reír con una comedia ibérica. El material del creador Nacho G.Velilla lo consigue, sobre todo, gracias a dos de sus personajes centrales: Carol (Belén Cuesta) y Salva (Manuel Burque), hermana y amigo respectivos de Álex (Antonio Velázquez). La primera, de perlas; da gusto verla.

Ellos, como muchos, forman parte de esos nacionales emigrados hacia Berlín, en busca de desahogo económico ante la crisis en España. Apreciar a Carol inventando mil maneras de que Adela se enamore de ella, y a Salva pugilateando por la subsistencia en medio del frío de la capital alemana, es lo más refocilante de una serie que, por lo demás, resulta bastante convencionalilla y tira demasiado del resorte “humorístico” de los estereotipos nacionales: ya sabemos, el español, sus “taras”, y el alemán, sus “aptitudes”. En la confrontación —que luego del primer capítulo ya no engendra hilaridad—, sale perdiendo España, en incomprensible proceso de autohumillación de este material, suerte de remake televisivo del filme Perdiendo el norte, más atildado aquel.

Atresmedia truncó el futuro de la narración, al interrumpir en el episodio octavo una serie que, se anunció, esperaba llegar a los trece, pero el dinero manda y al parecer no tuvo la audiencia imaginada durante esta recta postrera, a diferencia del auspicioso inicio. De no contar a la larga con una segunda temporada, estos ocho capítulos van a quedarse en un puro suspense, pues ninguna línea de relato alcanzó solución dramática. Veremos. Aunque si cancelaron, en EUA, maravillas como Carnivale y Flash Forward, todo, absolutamente todo puede suceder en el universo de las series y su siempre trémula sobrevida.

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