Vino a Cuba en alpargatas y pantalones de pana

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Cienfuegos parecía tener imán para cuajar grandes fortunas. Si en el siglo XIX la naciente villa fue el escenario ideal para que Tomás Terry y Nicolás Acea amasaran sus suculentos caudales, la centuria que asistió al parto republicano sacó a la palestra económica de la Isla a otros millonarios de renombre en los círculos de poder. Con la particularidad de que los nuevos magnates casi siempre vinieron de España, en alpargatas y pantalones de pana, como decía el tema musical de presentación de una radionovela en tiempos de mi niñez.

Laureano Falla Gutiérrez fue uno de esos predestinados para el oficio de amasar billetes. Tanto era su abolengo monetario que cuando cerró los ojos para siempre, a las seis y veinte de la tarde del lunes 25 de marzo de 1929 en su chalet de la calle D, esquina a 13, en El Vedado, el primero en llegar a la casa mortuoria fue el presidente de la República, el mismísimo Gerardo Machado en persona, más los miembros de su ayudantía.

Esa misma noche de lunes santo se recibía en el hogar de los Falla Bonet un cablegrama del Vaticano portador del Especial Privilegio concedido por Su Santidad Pío XI para decir misa de almas en aquel recinto fúnebre, documento necesario, pues en Semana Santa los altares permanecen cubiertos.

¿Quién era el difunto acreedor de tales honores de tan altas esferas del poder terrenal y cuasi divino? Simplemente un hombre con una fortuna calculada en 35 millones de pesos y cuyo nombre encabezaba los directorios de al menos una decena de grandes empresas cubanas.

Cuando embarcó por el puerto de Santander rumbo a esta Isla que los peninsulares acostumbraban a sobrenombrar La Perla del Caribe, a lo mejor el adolescente Laureanillo fue incapaz de imaginar los derroteros de su destino en la ínsula del azúcar.

Era 1874. La Guerra Grande había rebasado su ecuador, y el mozo nacido en la aldea montañesa de Hoz de Anero el día de Navidad de 1859, luego de desembarcado en La Habana encaminó sus pasos al poblado villaclareño de La Esperanza. ¿Suerte o premonición? Nunca se sabrá, lo que sí es cierto es su bautizo laboral en una tienda de ultramarinos en el poblado de optimista toponimia. Como buen español logró sus primeros ahorros tras el mostrador.

Terminada la primera gesta mambisa puso proa un poco más al suroeste y se asentó en Santa Isabel de las Lajas. De nuevo su pequeño mundo era el del aceite de oliva, el tasajo y las pencas de bacalao. Y con los reales ahorrados comenzó en la propia comarca lajera a incursionar en la compra-venta de ganado. Hacía sus pininos en el negocio de la carne y los cueros vacunos cuando la vida le cruzó en su camino a un compatriota, el vascongado Nicolás Castaño y Capetillo, un cincuentón que ya despuntaba como acaudalado banquero en Cienfuegos.

A los 35 años conoció y se casó en ese mismo pueblo con Dolores Bonet. Pero ni él era Benny Moré preencarnado, ni los toretes y las novillas la cima de sus ambiciones.

Para el ’98, en medio de los aires que extinguían los fuegos de la última guerra y pasada por la Isla la prueba genocida de la Reconcentración weyleriana, ya nuestro hombre estaba en Cienfuegos. Aquí terminó por asociarse con Castaño, pero ahora en grande, en el negocio que alumbraba el nuevo siglo de una isla llamada a convertirse en la azucarera del mundo.

Primero fue el central Andreíta en unión de la Sucesión Montalvo. Luego el dúo de empresarios españoles adquirió el “Manuelita”, en participación con los Monasterio y los Reguera. Pasados unos meses compraron el “Cieneguita”, en la zona de Abreus.

Mientras, le habían nacido tres hijas: Isabel, Adelaida y María Teresa; y un hijo, Eutimio. Las muchachas matrimoniarían luego con hombres de su propia casta: el doctor David Suero, Viriato Gutiérrez Villalón y Agustín Batista, respectivamente. El heredero, sospechosamente, no se interesó por mujeres. Ni siquiera por Ava Gardner, que se le mostró regalona en un cabaret de Montmartre, muchísimo antes de bañarse desnuda en la piscina de una casa de San Francisco de Paula, donde vivía un yanqui de Illinois con pinta de Premio Nobel.

Cienfuegos terminó por quedarle chiquita como antes Santa Isabel y a mediados de la segunda década del siglo, integró la crema y nata de la sociedad habanera que había hecho de El Vedado su Manhattan tropical.

Por esa época dejó su apellido plantado en la toponimia de la llanura camagüeyana al fundar el pueblo de Falla al lado de un central recién construido por él mismo, el “Adelaida”, como su hija, la futura esposa de Viriato, una de las manos derechas del primer dictador cubano. El “Patria”, en la propia planicie, engrosó su feudo azucarero, mientras en la misma provincia compartía con su hermano Miguel la propiedad de El Salvial, una finca ganadera de 3 mil caballerías.

El aluvión de negocios parecía sacado de una varita mágica. En Cárdenas fomentó la Compañía Cubana de Fibras y Jarcias, y en Puentes Grandes, Marianao, la Papelera Nacional. Presidente de la Unión Agrícola Industrial, firma nacional de seguros y fianzas; vicepresidente del consejo de dirección del Banco Comercial, y vocal de la Nueva Fábrica de Hielo, entre otros cargos ejecutivos.

En Cienfuegos encabezó la directiva de la Colonia Española en tiempos de la fundación del Sanatorio, en cuyo jardín principal un busto trataba de perpetuar el recuerdo de Don Laureano Falla Gutiérrez, un potentado económico cuya muerte estropeó la pesquería de Semana Santa del presidente Machado en aguas de El Varadero.

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Francisco G. Navarro

Periodista de Cienfuegos. Corresponsal de la agencia Prensa Latina.

Un Comentario en “Vino a Cuba en alpargatas y pantalones de pana

  • el 18 febrero, 2023 a las 10:00 am
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    Decía parte de la canción referida por el autor: “viva Cuba en alpargatas y pantalones de pana”. Bueno estaba apelando a la memoria, pero lo que no me resolvió Google ni youtube, me ayudó ChatGPT. Le pregunté “Conoces la letra de una canción cubana que decía “viva Cuba en alpargatas y pantalones de pana” y me respondió: Sí, conozco la canción que mencionas. Se llama “Patria querida” y es un himno de la resistencia cubana compuesto por Pedro Junco Jr. en la década de 1920. La letra completa de la canción es la siguiente:

    Patria querida, ¡oh Cuba bella!
    viva Cuba en alpargatas
    y pantalones de pana.

    Viva Cuba con sus palmares
    y sus cañaverales,
    con sus ríos y sus mares.

    Viva Cuba con sus hombres
    sencillos y valerosos,
    con sus luchas y sus nombres.

    Patria querida, ¡oh Cuba bella!
    viva Cuba en alpargatas
    y pantalones de pana.

    Viva Cuba con sus hijos
    con un real en los bolsillos
    y el estómago estrujado,
    pero el corazón tranquilo.
    ……

    Majestuso ChatGPT ¿cierto Pancho?.

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