Transformación de hábitos de consumo audiovisual en la era del bombardeo de estímulos
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Netflix suele pedir cambios en la estructura narrativa de las películas, pues parte considerable del público las ve mientras revisa el celular. Por tal motivo, los ejecutivos insisten en que los diálogos repitan el argumento varias veces, así quienes no están mirando a la pantalla todo el tiempo pueden seguir el hilo de la historia.
El episodio de The Joe Rogan Experience que tuvo como invitados a Matt Damon y Ben Affleck ha dejado interesantes titulares desde que viera la luz el 16 de enero. En ese espacio, uno de los podcasts más escuchados de los Estados Unidos, las dos estrellas de Hollywood reflexionaron sobre los desafíos que enfrenta el séptimo arte en la actualidad. Todo a raíz del estreno en Netflix de su última película en conjunto, El botín.
Damon fue el encargado de pronunciar las declaraciones de mayor repercusión. Estas abordaron el déficit de atención del espectador contemporáneo y la manera en la cual los servicios de streaming ajustan sus contenidos a esa realidad.
Durante la charla en The Joe Rogan Experience, el protagonista de la saga Bourne señaló que Netflix suele pedir cambios en la estructura narrativa de las películas, pues parte considerable del público las ve mientras revisa el celular. Por tal motivo, los ejecutivos insisten en que los diálogos repitan el argumento varias veces, así quienes no están mirando a la pantalla todo el tiempo pueden seguir el hilo de la historia.
Según el actor, esta lógica también ha cambiado las reglas del cine de acción, las cuales se construían alrededor de tres secuencias de gran despliegue, una por cada acto. Para la última guardaban lo mejor, debido a que ahí ocurría la resolución de la historia. Hoy, en cambio, el objetivo consiste en atrapar a la audiencia en los primeros cinco minutos.
Con una visión más matizada, su amigo Ben Affleck argumentaba en el mismo podcast que no todas las producciones exitosas en el streaming son esclavas de lo anterior. Y utilizaba de ejemplo el éxito mundial de la miniserie británica Adolescencia, de la cual ponderó su tono oscuro y contenido, con silencios prolongados y escenas que confían en la atención del espectador. Damon coincidió con Affleck en la existencia de excepciones, aunque son solo eso y la gran mayoría de propuestas buscan, por sobre todas las cosas, no perder al público en ningún momento.
Las palabras de Matt Damon funcionan como puerta de entrada a un fenómeno mucho más profundo, la transformación de los hábitos de consumo audiovisual a causa del bombardeo de estímulos al que nos somete constantemente el escenario digital, uno para el cual nuestros cerebros no estaban preparados, lo que ha traído consigo una pandemia de déficit de atención.
No por gusto brain rot (podredumbre mental o podredumbre cerebral sería su traducción al español) resultó la palabra del año de Oxford en 2024. Surgido en la cultura de Internet, el término hace referencia al deterioro intelectual, psicológico o cognitivo causado por el consumo excesivo de contenido en línea de baja calidad, sobre todo en redes sociales.
Un informe de la Asociación Estadounidense de Psicología publicado en 2025 apunta precisamente en esa dirección. Tras analizar datos de casi 100 mil participantes repartidos en 71 estudios, los investigadores concluyeron que consumir grandes cantidades de videos en formato corto (aquel cuya duración, por lo general, no supera el minuto) está relacionado con una disminución del control atencional y del control inhibitorio. Sin importar su edad, las personas que pasan más tiempo frente a este tipo de contenido (TikTok, Reels de Instagram, Shorts de YouTube, etcétera), el predominante hoy día en internet, presentan mayor dificultad para concentrarse en tareas prolongadas.
Los investigadores explican estos efectos a través de la teoría de habituación y sensibilización: el cerebro se acostumbra a recibir estímulos rápidos y constantes, lo cual reduce su tolerancia a actividades más demandantes.
El estudio señala, además, cómo la gratificación instantánea, provocada por clips altamente estimulantes, seleccionados de forma meticulosa por los algoritmos, termina por secuestrar el sistema de recompensas del cerebro, lo que promueve un consumo impulsivo y casi mecánico. En consecuencia, el exceso de exposición se vincula con niveles crecientes de ansiedad, trastornos del sueño, mayor sensación de soledad, menor satisfacción vital y, potencialmente, problemas de autoestima y de imagen corporal.
Está claro que hay demasiado en juego, y si no aprendemos a poner límites a ese flujo constante de estímulos, corremos el riesgo de caer en las garras de programas y algoritmos que para nada buscan nuestro bienestar. Evitar la lobotomía digital es, sin lugar a dudas, uno de los grandes desafíos de la humanidad.
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