La estatura del sacrificio y el abismo de la indignidad
Cuba no se rinde, ni ante el fuego de la agresión ni ante la ponzoña de la calumnia, porque al final del día, el traje de la gloria —ese que hoy visten los 32— solo les entalla a quienes tienen el corazón lo suficientemente grande como para anteponer el bienestar del prójimo al propio bolsillo.
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