Recuperar el sentido de comunidad, ser mejores y más sabios
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El desarrollo tecnológico actual ha traído consigo innumerables beneficios para personas de todas las edades, lo cual es sin duda algo positivo. Sin embargo, también ha generado efectos negativos que afectan especialmente a los sectores más vulnerables, como la juventud. Por desgracia pasa lo siguiente, ya pocos están interesados en adquirir conocimientos que realmente valen la pena, esos que vienen de la mano de un buen libro, artículo periodístico u otra fuente de información confiable. Por el contrario, prefieren investigar en múltiples plataformas, que en muchas ocasiones, carecen de credibilidad y rigor.
Es ahí donde empieza el primer problema, no piensan lo que realmente interesa, en su cabeza solo circula la idea de lograr lo que observaron en algún vídeo de cualquier red social al costo que sea, dejando de lado la razón. Existe una frase muy interesante que viene del filósofo Aristóteles, y es la siguiente: “el pensamiento condiciona la acción, la acción determina el comportamiento, el comportamiento repetitivo crea hábitos, el hábito estructura el carácter, la manera de pensar, ser y actuar del individuo y el carácter marca el destino”.
La verdad es que para entenderla no solo hay que leerla una o dos veces, sino ponerle mente y corazón para después identificar cómo se relaciona con lo que se está viviendo actualmente. A través de estas palabras poderosas se describe como los elementos internos de una persona pueden moldear profundamente su pensamiento y después su destino. Muchos jóvenes están expuestos diariamente a modelos de éxito basados en la ostentación, el lujo y la fama rápida. Lo que se presenta como lo llamado “vida ideal” suele estar desconectado del esfuerzo, la ética o el propósito.
Como consecuencia de ello, sus acciones comienzan a reflejar esa urgencia por alcanzar lo soñado. En lugar de esforzarse por construir algo suyo con esfuerzo y paciencia comienzan a buscar el camino que para ellos es “más fácil”. Es entonces cuando robar, estafar, maltratar o incluso matar se convierten en medios para lograr lo que con tanto ímpetu desean. Una vez que estas conductas son reiteradas en ciertos entornos, se transforman en hábitos. Y es entonces que se crea el carácter de una generación que ha aprendido a valorar el placer inmediato por encima del respeto, la empatía o el sentido de pertenencia por lo suyo.
Es demasiado triste ver el miedo y la desesperación en el rostro de las personas. La desconfianza que sienten de vivir en su propia comunidad, donde no sabes lo que puede pasar a la vuelta de la esquina, una calle que de momento puedes ver un grupo de niños jugando tranquilamente, y al día siguiente una persona desfallecida producto de alguna riña entre barrios, o simplemente murió en manos de alguien que se consideró lo suficientemente valiente como para quitarle la vida a otro ser humano. Pero la verdad es que esto no es ningún acto de valentía; todo lo contrario, la cobardía es lo único demostrado, dejando atrás la posibilidad de hablar para dar paso al crimen.
A pesar de todo esto no puede pensarse que la humanidad está perdida, claro que no. Hay que mirarlo desde otra perspectiva, intentar educar de la mejor manera posible las nuevas generaciones, cultivar el alma y el pensamiento, recuperar el sentido de comunidad. No basta con señalar los errores; hay que ofrecer caminos, sembrar esperanza, recordar que el conocimiento profundo, el respeto mutuo, el valor del esfuerzo son ideas fundamentales que nunca deben ser olvidadas. Entonces, de esta manera, volverá la posibilidad de mejorar la situación y con esta la esperanza de las personas en una sociedad más sana y menos peligrosa.
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