Pinceladas de Montevideo: Plaza Cagancha, símbolo de la ciudad

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Cuentan los montevideanos que no existe un lugar tan referencial en la capital de la República Oriental del Uruguay como la Plaza Cagancha. Y le asiste toda la razón a los citadinos, pues este sitio se ha convertido en un monumento vivo de la identidad local y casi un punto obligado para traseuntes lugareños y turistas de paso por la urbe.

Para los historiadores la Plaza deviene símbolo de la ciudad por diversas circunstancias que trataremos de abordar en esta crónica de viaje. Precisan los estudiosos que desde su creación hasta el presente todavía hay quienes confunden la denominación del lugar, sin ebargo sigue siendo, como en sus orígines, el centro del corazón geográfico de la metrópolis del territorio charrúa.

Se dice que el parque surgió sin nombre en 1836, coincidiendo con el nacimiento de la República, como la plaza central del trazado de la Ciudad Nueva, fuera de los límites del recinto amurallado del período colonial, hoy dentro del perímetro urbano de la llamada Ciudad Vieja.

Agregan los cronistas de la época que en 1840 comenzó a identificarse oficialmente con el nombre actual, en recordación a la batalla librada un año antes a orillas del arroyo de Cagancha, cuando el general criollo rioplatense Fructuoso Rivera y Toscana derrotó a las fuerzas invasoras del gobierno de Buenos Aires.

Entre los monumentos destaca la Columna de la Paz, o de la Libertad como tambien se le conoce, erigida en 1867 por el el escultor José Livi./ Foto: María Elena Llanes Suárez

Para el capitalino Eduardo Lapachian uno de los atractivos de este emblemático espacio, sin lugar a dudas, lo constituye una suerte de enhiesto pilar al centro del parque. Se trata de la Columna de la Paz, dedicada a celebrar la concordia entre los partidos que a la sazón conformaban las principales fuerzas políticas de la nación.

El monumento, primero de su tipo en la urbe capitalina, es de la autoría del escultor italiano José Livi, fue erigido en 1867 en bronce y mármo, material de basamento al estilo corintio, y para que vea, la modelo de la obra fue su propia esposa. Posee una altura total de 17 metros y un peso de 9 toneladas. En tanto,originalmente estuvo constituida por una figura femenina en bronce, alegórica, que sostiene en su mano derecha un gladio romano.

Por su lado, el brazo izquierdo en alto de la estatua esgrime una bandera a medio desplegar. La cabeza queda enfundada en un gorro frigio, mientras una túnica griega envuelve el cuerpo.

Según reza en las reseñas sobre el conjunto escultóricos, en el proyecto la estatua llevaba el estandarte en una mano y una espada en la otra, aunque permaneció un buen tiempo con una mano vacía, indecisa.

Como dato curioso se refiere que en el año 1869, el gladio fue sustituido por cadenas con el aro y el eslabón roto, en franca alusión simbólica de la libertad, denominación con la que comenzó a conocerse popularmente la plaza que alberga la columna.

Recuerda Eduardo que sus abuelos a menudo le hablaban de las referencias históricas de esa diestra vacía, prevista para portar el gladio, lo que generó controversias, marchas y contramarchas, y una peripecia tan singular como accidentada.

La Plaza se engalana durante las festividades por el fin de año y los desfiles carnavalescos./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

“Por fin, precisa el amigo uruguayo, en 1868 se colocó la espada como lo había previsto su creador; sin embargo, quiso el destino que nueve años despúes un rayo tumbara el arma, circunstancia que se aprovechó para algo que antes se consideraba un mensaje contradictorio, tras reemplazarse por el símbolo de la cadena rota”.

Se confirma el hecho de que dos generaciones de montevideanos conocieron a la estatua , inspirada en la agraciada Rosita Pittaluga, esposa de Livi, con la cadena colgando, mientras otros solo cononen esa imagen por fotografías. Lo cierto es que los famosos eslabones no convencían del todo. Por eso se aprovechó otra circunstancia fortuita: la remodelación que se hizo en 1940, y se le devolvió su gladio original.

Además de ser referente porque, precisamente en este lugar, bordeado en uno de sus extremos por la principal arteria comercial y peatonal de la ciudad, la Avenida 18 de Julio, nace el kilómetro cero de la red vial del Uruguay hacia diferentes puntos de rutas que conducen al interior del pais, la plaza está rodeada de notables edificios de gran valor arquitectónico y cultural.

En ese entorno se encuentran, por tanto, sitios de gran interés tanto por parte de los locales como de foráneos visitantes. Si miras el lado sur ahí están la Glorieta, el Palacio Piria ( apellido del adelantado y próspero empresario uruguayo Francisco Piria, actual sede de la Suprema Corte de Justicia). Más allá, en dirección oeste, se encuentra el hotel Balmoral.

El Palacio Piria ( apellido del adelantado y próspero empresario uruguayo Francisco Piria) es la sede actual de la Suprema Corte de Justicia./Foto: María Elena Llanes

Por su lado, en la esquina suroeste estaba ubicado el palacio Jakson, un edificio de estilo renacentista italiano, constuido en 1891 y demolido en 1979. En tanto, en el lado norte se localiza el Palacio Montero, también conocido por Edificio Sorocabana, nombre del famoso café que la planta baja alojó por décadas. En ese mismo sentido está el Cine Teatro Plaza, el Ateneo de Montevideo, el Museo Pedagógico y el Teatro Circular. Por ultimo, hacia el noroeste se encuentra, desde 1983, el Mercado de los Artesanos

Como le oí comentar a uno de los montevideanos avesado en los temas patrimoniales, la Plaza de Cagancha sigue siendo el eje histórico que detenta, desde hace muchos años, la mayor convocatoria para las manifestaciones políticas y sociales, así como las celebraciones culturales y deportivas relevantes..

En toda esta área, en su momento, se sienten más de cerca los tambores a ritmo del Candombe con sus comparsas, de los principales protagonistas del carnaval uruguayo, por cierto el más largo del mundo.

Si miras el lado sur ahí están la Glorieta, el Palacio Piria, el hotel Balmoral o el palacio Jakson, un edificio de estilo renacentista italiano./ Foto: María Elena Llanes

A la vera del parque, a propósito de estas fiestas populares, se aglomera el público en sus palcos para disfrutar del desfile inaugural, con las agrupaciones de parodistas, murgas, humoristas, revistas y las asociaciones típicas de negros y lubulos, además de carros alegóricos, los cabezudos y las reinas del carnaval. Gracias a la tarima montada para la ocasión, los asistentes pueden disfrutas de las breves presentaciones de las diferentes manifestaciones artísticas.

Mientras hacíamos un alto para refrescarnos del intenso calor de la canícula montevidena en su pico más alto, justo allí, en tácita confabulación con la sombra de los corpulentos ejemplares del arbolado, el efímero solaz nos permitía contactar los evidentes valores de esta reliquia metropolitana que es la Plaza Cagancha o Plaza de la Libertad, como algunos también suelen llamarla.

La Plaza se engalana durante las festividades por el fin de año y los desfiles carnavalescos./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

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Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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