Pepe Sánchez, el escritor de la calle B

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En la calle B, número 4, de Cumanayagua, un 19 de marzo —hace siete décadas— María, la comadrona del barrio, recibió a José Sánchez Hernández. Lo que seguramente no podían sostener los brazos de aquella mujer era todo lo que ese niño llegaría a ser tiempo después: Ingeniero en Transporte Automotor, Máster en Educación, Profesor Auxiliar de la Universidad de Cienfuegos. Y, para dicha de la cultura cubana y cienfueguera, un multipremiado poeta, cuentista y ensayista. En ocasión de su onomástico, 5 de Septiembre conversó con Pepe.

¿Cómo era Cumanayagua en su infancia y qué crees que permanece hoy en su forma de mirar el mundo?

“Cumanayagua era entonces la patria chica, marcaba el horizonte de mis ojos, no el de la imaginación. En 1970, tenía 14 años y unos deseos justos de siempre ir más allá. En el parque José Martí está la escuela donde comencé mis estudios primarios, también escribí mis primeros versos para que primos y amigos enamoraran a las novias de sus ojos. Era una ciudad con cine y dos ríos donde me bañaba, pescaba, era el breve y seguro espacio donde empinaba los papalotes y la inocencia, jugar bolas, trompos. Creo que entonces yo era feliz, como dijera Serrat.

“Mirar el mundo desde la memoria es un acto de fe, porque el referente no ha dejado de cambiar y se mezcla dolorosamente con los golpes de la vida. Muy poco queda de ese paisaje. Y no hablo solo del paisaje urbano, natural. Algo más triste: poco queda del paisaje social y humano. Se han perdido gentes conocidas, amigos y familiares. Se ha ido perdiendo, de forma sostenida y cruel, la mano hospitalaria, el abrazo solidario, la risa cómplice del amanecer, los valores éticos, la cultura de las relaciones sociales. Llegar al viernes era llegar a la cerveza, la amistad, salir con la familia a compartir un sábado y un domingo en un lugar agradecido. Sería innumerable y triste lo perdido”.

—¿Recuerdas el primer libro que llegó a tus manos o el primer poema que escuchaste y te hizo sentir que querías dedicarte a esto?

“En el comienzo de la Calle B vive la escritora para niños y poeta Elizabeth Álvarez, y ya desde aquellos años de mi adolescencia se reunían los escritores y artistas de la ciudad en el Taller Literario que funcionaba en su casa. Yo me asomaba a veces a la ventana a escucharlos. Una vez Elizabeth me regaló un libro de poemas de José Ángel Buesa, y ahí se despertó el poeta que había en mí hasta siempre. Claro, antes estuvo la Biblia y su Cantar de los Cantares y otros encuentros con la poesía que está en todas las cosas”.

—En la Cuba de los años 60 y 70, siendo muy joven, ¿dónde encontrabas los estímulos para inclinarte por la poesía y la narrativa?

“Por entonces yo tocaba la guitarra con furias y penas, y decía escribir canciones. Un día, escritores miembros de ese taller municipal escucharon algunas de esas letras y me dijeron que era poesía. Y casi de inmediato pasé a formar parte del taller. Desde entonces comencé a buscar libros de poesía, cuento, novelas, ensayos, crítica, todo… Era una sed de lectura imposible de saciar. Llegaron Martí, Lezama, Guillén, Vallejo, Eliot, Dylan Thomas, Cortázar, Homero, Shakespeare, Cervantes, Miguel Hernández, Dostoievski, Kafka, y tantos que en la guerra del tiempo siguen siendo la luz y el viento. Y calmada la tormenta inicial, en el Aleph de ese mar sereno apareció Borges. En él encontré escrito lo que tanto había buscado: una obra desde la difícil sencillez, culta, limpia y profunda”.

A lo largo de estos años has publicado numerosos libros. Si tuvieras que elegir uno que le represente en esta etapa de los 70, ¿cuál sería?

“Sería injusto y faltar a la verdad literaria elegir uno solo. Por varias razones, quizás puedo señalar tres libros escritos que de alguna forma me representan: Saga de la Ciudad Irreal, Lecturas en el tiempo y La viña del poeta, los tres inéditos”.

—Has obtenido reconocimientos dentro y fuera de Cuba. ¿Qué significan para usted?

“Todo reconocimiento alegra y se agradece. Pero no te puedes dejar arrastrar por los premios ni creerte el condecorado. Significan que más allá de uno mismo hay quienes valoran y disfrutan la lectura de tus textos. Los premios, por sí solos, no validan el trabajo de un escritor; el arte y la literatura se validan en sí mismas y su trascendencia en el tiempo. Borges decía que ni publicar es lo más importante, lo importante es el libro, lo que hay escrito en sus páginas.”

Alternas la poesía con el cuento y el ensayo. ¿Cómo es el diálogo entre estos géneros?

“Hay un diálogo fecundo, intertextual. Hay poemas míos en deuda con la narrativa, y viceversa. Mi libro de cuentos El comedor de relojes mucho le debe a la poesía. Cada historia, cada tema, ya viene con su forma literaria; aunque a veces por recursos del oficio, lo que iba a ser un cuento termina siendo un poema, y lo contrario también suele ocurrir.”

Su poesía ha viajado por varios países. ¿Crees que el hecho de ser un escritor cubano que reside en la isla imprime una temática particular?

“En mi ensayo El insularismo en la poesía cubana abordo esta particularidad. Vivir, y más aún escribir, en una isla presupone un mirar hacia afuera y un vivir hacia dentro. Sin llegar a ser una preocupación, pienso que le imprime a la obra una mirada particular. Cintio Vitier, en Lo cubano en la poesía, también aborda y descifra de manera profunda esta particularidad”.

Eres el director fundador de la revista cultural Calle B. ¿Cómo se sostiene un proyecto cultural como este en tiempos de inmediatez digital?

“Confucio decía que quien se ocupa en lo que le gusta nunca trabaja. Fundamos la revista el 20 de marzo de 2001, y en este 2026 cumplirá 25 años. Solo con amor y una vocación irrenunciable se defiende un proyecto cultural de esta magnitud. Fueron 20 números en soporte de papel, a color; por razones económicas después ha seguido saliendo solo en versión digital. Los mayores desafíos han sido tecnológicos, de acceso a internet y, en los últimos tiempos, la implacable falta de electricidad”.

—¿Cómo ves la salud de la literatura joven en Cuba hoy?

“Cuba es una isla de poetas, con una tradición sostenida en el tiempo, y los jóvenes han sabido aprovecharla y darnos una literatura que la mantiene viva, que se renueva. A los que empiezan les diría que lean, que estudien preceptiva poética y técnicas narrativas, crítica literaria; y sobre todo, que no imiten a nadie, que sean ellos mismos al escribir. Originalidad es sinceridad.”

—¿Cómo logras el equilibrio entre el escritor que necesita soledad y el gestor que necesita del ruido del mundo?

“Decía Lezama: ‘De la contradicción de las contradicciones, la contradicción de la poesía’. Todos sobrevivimos entre contradicciones. Escribir agradece la soledad, pero habitamos un espacio social y familiar. Hay que aprender a convivir entre la soledad del escritor y la realidad diaria. El gestor se alimenta a la intemperie de la realidad con todos sus conflictos. Y ahí le vamos echando ganas; a veces ayuda unos tragos de buen ron cubano en los interludios de la respiración.”

—¿Qué balance haces de este camino? ¿Hay algún libro pendiente?

“Somos deudores irredimibles, escribí alguna vez. Nos pasamos la vida despidiéndonos. Cuando miramos atrás es terrible ver tantas pérdidas junto a momentos mágicos, sueños hechos realidad, errores, todo mezclado con el dolor de no poder volvernos en el tiempo. Por eso, cuando veo tanto odio y posiciones extremas, cuando nos olvidamos que la paz es el respeto al derecho ajeno, no entiendo a veces el mundo en que vivo. La vida es bella y muy corta, y lo mejor es vivirla en paz, salud y amor. Siempre se quedan cosas pendientes. Siempre habrá libros pendientes, porque el tiempo no se detiene, no mira atrás, no vuelve”.

¿Cómo ves hoy al Pepe de 20 o 30 años?

“Lo veo muy bien, soñador, rebelde, desafiante, aprendiendo de los errores, un buscador implacable de conocimientos. A veces triste, y otras en que la risa era su espada más victoriosa. Siempre lo dejaría seguir su instinto”.

¿Dónde encuentras hoy la paz para escribir? ¿Sigue siendo Cumanayagua una patria interior?

“La paz para escribir siempre la encuentro en mi hogar, junto a mi familia. Aunque me ha tocado escribir en lugares y circunstancias muy diversos. Yo nunca me he ido de Cumanayagua. Esa entrañable Villa Entrerriana sigue siendo mi patria chica, la tierra de mis padres”.

—¿Qué significa para José Sánchez Hernández llegar a los 70 años rodeado de letras, y qué le pides a los años por venir?

“Llegar a los 70 rodeado de letras es lo más natural. No me concibo sin escribir, ni fuera del juego de azar y riesgo de la escritura. Un juego que me mantiene vivo a pesar de los duros golpes de la vida. A los años por venir le pido seguir respirando junto a los míos, sin nunca dejar de escribir el poema en el mediodía familiar del porvenir”.

Conversar con José Sánchez Hernández es asomarse a una forma de entender la literatura que parece cada vez más escasa. La del escritor que no concibe su obra separada de la ética, la del editor que sostiene un proyecto durante 25 años, sin más impulso que la vocación y la de un hombre que habla de sus 70 como quien celebra haber llegado hasta aquí sin renunciar a lo esencial.

*El entrevistado es Miembro de la UPEC, la UNEAC, de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Ha sido designado Embajador Universal de la Paz por el Círculo Universal de Embajadores de la Paz, Ginebra, Suiza. Forma parte de la directiva, o es miembro, de varias organizaciones de intelectuales o escritores del mundo. Jurado del Concurso Nacional de Literatura «Ricardo Miró 2011», sección Poesía, Ciudad de Panamá, 2011. Ha publicado los libros de poesía: Los dados del viento, 1991; Sueños del tiempo, 1996; Paradoja del hombre en su ciudad, México, 2004; Alfanjes de luz, 2004; Caballos sobre el césped, México, 2004; Piratas en el alma, Colombia, 2010; Memorial de posguerra, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2016; El filin del otoño, Poesía, Ediciones UNIÓN, La Habana, 2018; Memorias de un gladiador, 2023; De la bruma y la erosión (Antología arbitraria), Editorial Jitanjáfora, México, Morelia, 2025 y El comedor de relojes (narrativa), 2000. Ha obtenido premios en concursos de narrativa y poesía, nacionales e internacionales, entre ellos: Mención en el Concurso Nacional de Narrativa «Calendario», La Habana, 1998. Mención Especial en Poesía: «Traspasando fronteras», III Certamen Internacional de relato corto, poesía y fotografía. Universidad de Almería, España, 2009. Segundo Lugar en el Premio Mundial de Literatura «Andrés Bello», versión Poesía, Venezuela, 2009. Becas de Creación para escritores, que otorga el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Cienfuegos, 2010, 2014 y 2019. Primera Medalla Internacional a la Paz y la Cultura Presidente Salvador Allende, Fundación Salvador Allende, Santiago de Chile, febrero, 2011. Primera Mención de Honor en el género de poesía, II Premio de Poesía Internacional Anual «Un Café con Literatos», Año, Madrid, 2013. La Unión Hispanomundial de Escritores (UHE), le otorga el Premio Mundial a la Excelencia Literaria, por su excelente y distinguido trabajo literario desarrollado en el mundo, en beneficio de nuestros pueblos; su aporte intelectual a favor del idioma y sus esfuerzos desplegados por la paz con justicia social. Congreso Mundial Enrique Laguerre, Mayagüez, Puerto Rico, 2015. El Centro UNESCO de Cultura (Asociación Puertorriqueña de la UNESCO), le otorga Diploma de Reconocimiento, por su valioso aporte a la cultura en general, por su vocación de servicio, y por los extraordinarios méritos ganados en su labor, San Juan de Puerto Rico, 2016. Premio Internacional de Poesía en el II Concurso Hispanic Culture Review, George Mason University, Virginia, Estados Unidos, 2017. Primer Lugar en el Género de Cuento Corto, en el 1er. Premio Literario Internacional de Cuento “Letras de Iberoamérica”, Ciudad de México, México, julio de 2017. Finalista en el XXXIV Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE, Madrid, España, 2021. Se le otorga la Distinción que concede la Dirección Provincial de Cultura en Cienfuegos, denominada “La Roseta de la Ciudad”, que constituye un símbolo autóctono de la misma, en virtud de su contribución al desarrollo de la cultura en nuestra ciudad y en el país, Cienfuegos, a 14 de marzo del 2024. Su obra ha sido traducida al holandés, italiano, francés, inglés, rumano y bengalí. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones digitales nacionales y extranjeras. Ha participado en Cuba, México, Perú, Ecuador, Chile, Panamá y Estados Unidos en congresos, festivales, ferias del libro, talleres y encuentros de escritores, donde ha realizado, entre otras actividades literarias y culturales, lecturas, talleres, jurados, conferencias y presentaciones de libros. Textos suyos aparecen publicados en antologías, revistas y periódicos de Cuba, Holanda, Argentina, México, Colombia, Italia, Uruguay, Perú, Chile, Rumania, España, Puerto Rico, Panamá, Estados Unidos y la India.

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