Panorama de la génesis y evolución de la prensa cubana en sus inicios

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Aproximadamente en 1609, comenzaron a publicarse en el mundo los primeros periódicos. En Inglaterra, el primigenio vio la luz en 1621. En poco menos de veinte años, aparecieron en Alemania, Suiza, Austria, Holanda, Bélgica y Francia. El Diario Noticioso, Curioso y Erudito, primer periódico español de aparición diaria, vio la luz en Madrid en 1758.

La Revolución Francesa (1789) reafirmó al periódico como vehículo de instrucción y reivindicación política. En España, pese de la persecución a que se vieron sometidos por sus gobiernos, los periódicos contribuyeron a los cambios que tuvieron lugar en el país durante todo el siglo XIX. Valga un ejemplo de su abundancia, sólo en el sexenio revolucionario (1868-1875), aparecieron allí alrededor de 596 nuevos diarios.

El estatus colonial de Latinoamérica, condicionó que en ella aparecieran los primeros periódicos con algo más de un siglo de retraso en relación con Europa. A tal retardo se sumó otro freno para su desarrollo: la férrea censura, control y represión gubernamental y eclesiástica a que fueron sometidos. El primer periódico latinoamericano nació en México: La Gaceta de México y noticias de Nueva España (1772). Cuba, Colombia y Ecuador escoltaron a ese país, cronológicamente, en la publicación de periódicos.

En la Isla, la introducción de la prensa periódica es atribuida a Luis de las  Casas y Aragorri,  Conde de Ricla. Durante su gobierno comenzó a editarse La Gaceta, en mayo de 1764, con una tirada semanal. Publicaba noticias políticas y comerciales así como disposiciones del gobierno y anuncios sobre la entrada y salida de buques del puerto de La Habana. DeLa Gaceta no se conserva ningún ejemplar.

El 24 de octubre, apareció el primer número del Papel Periódico de la Havana, precisamente por iniciativa de Luis de las  Casas. En su fundación le acompañaron los ilustrados cubanos Tomás Romay, Diego de la Barrera y el padre José Agustín Caballero. De su publicación, más tarde se responsabilizaría la habanera Sociedad Económica de Amigos del País.

No poca fue la contribución de El Papel… al proceso de formación de la nación cubana. En sus páginas la primera generación de pensadores cubanos -la Ilustración Reformista Cubana o la Generación del 92-, expresó intelectualmente los resultados de su lectura de las experiencias y realidades culturales, universales y cubanas, combinadas para la conformación de una conciencia cubana. La acomodada minoría criolla, lo acogió como suyo y colaboró en él, reflejando sus preocupaciones, anhelos, intereses y ansias clasistas -ejemplo, su aspiración a vender a precios más favorables sus productos y poseer, en cuantía mayor, ingenios y fincas. La lucha entablada en ElPapel… por una legislación flexible, ajena a trabas coloniales, expresaba la necesidad de la Isla de ponerse a tono con el resto del mundo. Con el transcurso de los años El Papel Periódico de la Havana pasó a ser El Aviso.

Los siete números de El Habanero, de Félix Varela, se publicaron entre 1824 y 1826 en Filadelfia y Nueva York. Con él Varela inició una tradición de prensa política, debida a emigrados, asentada fundamentalmente en Estados Unidos, que alcanzaría su punto más alto, mucho más tarde, en 1892, en el periódico Patria, de José Martí.

A la llegada del general Miguel Tacón, con su práctica política de mano dura, se implantó la censura previa. Sólo se autorizaron aquellas publicaciones que no divulgaran temas relacionados con política, filosofía, religión y sociedad. En consecuencia, los periódicos se dedicaron a abordar temáticas como la literatura, el arte, las costumbres y la vida social.

Con la circulación, en 1841, del Faro Industrial de la Habana, reaparecían en la prensa cubana los temas políticos. Reconocido como defensor de los intereses cubanos, este periódico fue suspendido por el gobierno en 1851. Por su parte, el Diario de la Marina, valedor del ideario anticubano, apareció en 1844.

El año 1851, definió el inicio de otra etapa dentro de la prensa de la Isla. En ella afloraron con fuerza las latentes divergencias político-ideológicas entre cubanos y españoles. Las vertientes de pensamiento de la etapa, iban desde las posiciones reformistas hasta las independentistas, pasando por las abolicionistas y las anexionistas.

La prensa antiespañola estuvo representada, en un principio, por La Voz del Pueblo o Voz del Pueblo Cubano. Sus concepciones anexionistas, contrapuestas a las reformistas, se hallaron personificadas en Miguel Aldama y en Pozos Dulces. Valga apuntar cómo, en medio de la conspiración de Vuelta Abajo, su editor, Eduardo Facciolo y Alba, fue sorprendido en una imprenta clandestina cuando preparaba el cuarto número del periódico y condenado a muerte. Así, este joven de veintitrés años se convirtió en el primer mártir del periodismo cubano.

En el año 1862, apareció el diario habanero El Siglo, periódico que propugnó reformas político-sociales y económico-administrativas e intentó “persuadir” al gobierno colonial de la necesidad de un cambio de régimen. Desapareció tras iniciarse la Guerra Grande y luego de finalizada serviría de modelo para la prensa autonomista.

Con la Guerra de los Diez Años apareció la prensa en la manigua. El primer periódico de las fuerzas insurrectas fueEl Cubano Libre. Lo fundó Carlos Manuel de Céspedes. Por su parte, El Boletín de la Guerra, de Camagüey, que cambiaría luego su nombre por el de La República, ejerció como órgano oficial de la República en Armas. Aún bajo las condiciones de la guerra y la escasez de recursos para sostenerla, los periódicos mantuvieron informados a los hombres del Ejército Libertador sobre la marcha de las hostilidades, los acuerdos del gobierno y cuanta cuestión podía interesar al mambisado. Animaron a los combatientes con artículos patrióticos y discursos de dirigentes de la revolución. Importante es destacar, la presencia en la manigua villareña de periódicos debidos a los cienfuegueros. Fueron estos: La Estrella de Jagua y El Boletín Oficial de la División de Cienfuegos.

Tan pronto como el general Domingo Dulce decretara la libertad de imprenta, en enero de 1869, surgieron en la Isla periódicos de vida muy efímera. No pasaron en su mayoría del primer número. Entre ellos  se destacan La Patria Libre y El Diablo Cojuelo. En este último publicaron los jóvenes José Martí y Fermín Valdés Domínguez. La libertad de imprenta levantó los ánimos de los capitalinos, intereses reaccionarios se impusieron y Dulce anuló la medida antes dictada.

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