Padre Félix Varela: una ciencia propia para fundar patria

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El caótico mundo de hoy, bajo la égida de internet, sus redes digitales y sobre todo de quiénes las controlan, acuña el anglicismo “influencer” para definir a personas con ciertas dotes que, con fines diversos, ejercen un poderoso influjo y autoridad sobre cientos, miles y hasta millones de seguidores. En cambio, aquí se hablará de un hombre que, muy por el contrario, hace poco más de dos siglos se propuso destruir la influencia filosófica, teológica y política de las “autoridades” de su época, para encontrar un camino propio hacia la patria soñada y pensada. Su nombre era Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales, nació en esta isla hace 235 años y su obra deviene punto de partida no solo para el análisis de las ideas en Cuba, también de las ideas cubanas[i].

Cuando el pequeño Félix nace, el 20 de noviembre de 1788, en el seno de una familia de clase media blanca dedicada al arte militar, un nuevo modo de vida y organización social, que solemos denominar modernidad, viene configurándose como resultado de la expansión europea en el mundo colonial por lo menos desde dos siglos antes. Será, sin embargo, con la Ilustración que Europa consolide su centralidad hegemónica y la modernidad alcance su apogeo tanto en el campo de las ideas como en el de las realizaciones concretas.

Por su situación geográfica privilegiada en las redes del comercio atlántico, Cuba es receptora en mayor o menor grado tanto de las nuevas ideas, como de las trasformaciones traumáticas que, en muchos casos, las primeras generarán. El despliegue del capitalismo y el liberalismo se expresarán a través de procesos revolucionarios a uno u otro lado del Atlántico. Tales rasgos distinguen, de modo general, la excepcional etapa en que transcurren la infancia y juventud de Félix Varela.

Cuando aún adolescente regresa a la Habana, desde la Península de la Florida, por entonces enclave español donde vivió de niño, Varela matricula en el Real y Conciliar Seminario de San Carlos y San Ambrosio. La influencia del sacerdote ilustrado y antiesclavista Juan José Díaz y Fernández de Landa, a la sazón obispo de la Habana, convertirá al Seminario en un bastión cultural de las nuevas ideas. Entre sus muros el joven seminarista se nutrirá también de las ideas renovadoras del Padre José Agustín Caballero y una vez ordenado sacerdote, ya como profesor del Seminario encabezará una ruptura con el pasado teórico, representado por la filosofía escolástica: machacona, memorística, imposible de entender por los jóvenes y, sobre todo, inútil para comprender la realidad física y social.

Las nuevas proposiciones varelianas lideraron una auténtica revolución filosófico-pedagógica basada en las ciencias de la naturaleza y en la experimentación, orientadas a liberar al pensamiento del yugo de la estructuración escolástica y de su dependencia de los sistemas teóricos europeos. Con ellas sentaba las bases para el análisis de la realidad  con un método científico de conocimiento propio, elaborado y seleccionado a partir del instrumental teórico universal, pero racionalmente ajustado a los componentes físicos, culturales y éticos de la emergente y aún difusa nacionalidad.

En ese empeño Varela no estuvo solo: lo acompañaron otros jóvenes catedráticos del Seminario: José de la Luz y Caballero, Nicolás J. Gutiérrez, Justo Vélez, José Antonio Saco, entre otros, quienes junto a la “vieja guardia” de 1792 integrada por Francisco Arango y Parreño, Tomás Romay o el propio Caballero fueron cimentando un pensamiento autóctono para comprender y transformar la realidad colonial de la Isla, cuyas especificidades no eran contempladas en las propuestas europeas.

Cuando Varela es electo a diputado en las Cortes Españolas en 1821 acaba de asumir la Cátedra de Constitución y ya es titular de la de Filosofía. Es venerado y admirado por sus alumnos que abarrotan sus salones: sus clases son en castellano, no en el latín acostumbrado; su prosa es amena, no tediosa; su método es experimental y problematiza la realidad, no es reproductivo ni estéril. Con la misma coherencia el diputado Varela presenta en las Cortes Ibéricas del Trienio Liberal lo más notable de sus proyectos políticos y sociales: reconocimiento a la independencia americana y la descentralización política de la Isla. No tiene tiempo de exponer sus ideas antiesclavistas. Es demasiado liberalismo aun para los propios liberales. Pero no son ellos quienes lo condenan a muerte, sino los absolutistas partidarios de Fernando VII que ha sido restaurado en el trono durante 1823.Debe refugiarse en los Estados Unidos y comienza una nueva etapa de su quehacer intelectual, político y religioso.

Desde las páginas de El Habanero, periódico que funda en tierras norteñas, defiende el derecho de Cuba a su independencia y ofrece sólidos argumentos contra la anexión. El plan ideológico de Varela se resumía en hacer ciencia para crear conciencia. Ambas, ciencia y conciencia debían ser inseparables para crear una sociedad nueva y un hombre moralmente superior. Todas las concepciones varelianas se concretan en la idea del deber patriótico. Su obra Cartas a Elpidio (1835) es una cabal evidencia de ello. Elpidio, etimológicamente, significa esperanza y la obra está destinada a la juventud cubana para marcar en ella un derrotero ético sobre pilares patrióticos y científicos. Es la búsqueda del deber ser de la sociedad cubana[ii].

Cuando la muerte lo sorprende, lejos de su patria, el 25 de febrero de 1853, el pequeño Pepe Martí aún no cumple un mes de nacido en la Habana. Para muchos es un símbolo, para otros, pura casualidad. El nexo, entre uno y otro, sin embargo, es más profundo. La idea martiana de Patria no ofrece lugar a dudas y lleva la impronta del ideario valeriano: “Patria es algo más que opresión, algo más que pedazos de terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunión de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”.


[i] Torres Cuevas Eduardo (2004) Historia del Pensamiento Cubano, Volumen I Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p.329

[ii] Biblioteca de Clásicos Cubanos (2001) Félix Varela y Morales. Obras (Volumen III), Imagen Contemporánea, La Habana.

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Vero Edilio Rodríguez Orrego

Profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos ¨Carlos Rafael Rodríguez¨. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) y de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología.

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