Humos que dañan el medio ambiente y la salud

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La compleja situación que vive Cienfuegos en este sentido (derivada de la escasa posibilidad de recoger los desechos, debido a la falta de combustible que nos afecta a causa del bloqueo petrolero de los Estados Unidos) amerita una solución más apropiada, menos dañina y apocalíptica que quemar estos desechos.

Daña a nuestra atmósfera el humo provocado por la quema (in)consciente de basura en horarios indebidos y en cualquier lugar.

Desde hace semanas, zonas muy céntricas de la capital cubana vienen siendo consumidas por la humareda, como si se tratase de un río en plena crecida. Múltiples ciudadanos denunciaron el hecho desde varios medios allí, y también en Cubadebate, donde expusieron las consecuencias de esta nociva práctica, sobre todo en las horas nocturnas. Cuidadores de personas encamadas, ancianos con enfermedades respiratorias y personal de instituciones sanitarias, estuvieron entre quienes protestaron ante un suceso que pareció oficializarse.

Pero lo que parecía ser un fenómeno aislado en La Habana, a su vez tuvo réplicas en otras cabeceras de provincia como Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Santa Clara. La Perla del Sur tampoco escapó a ello, donde recientemente sus ciudadanos (las zonas de Pastorita, La Juanita, Junco Sur, O’Bourke entre las más problemáticas en tal sentido) vuelven a quejarse por la excesiva quema, más allá de que sea la basura el objetivo.

El churre, los micros y macrovertederos con sus detestables olores no solo han ganado espacio en la urbe cienfueguera, sino que se han extendido por casi toda la geografía del territorio hasta llegar a los centros municipales; cerca de escuelas, rodeando parques infantiles e incluso instituciones hospitalarias.

Ya este medio se ha hecho notar con trabajos críticos al respecto, dando cuentas, por ejemplo, de la “invasión” de desechos que colman las vías férreas a la vista de todos en la ciudad; una incursión de la que solo saldrán victoriosos los roedores, mosquitos, cucarachas o las disímiles enfermedades que estos transmiten.

Quienes pensaron en prender fuego a diestra y siniestra en estos puntos, jamás analizaron el daño que ello ocasiona en primer lugar al medioambiente y a la salud de las personas, sin dejar de mencionar asimismo la estética afectada a cada sitio, casi siempre colindante a carreteras, poniendo así en peligro no solo a los peatones sino la circulación de los automóviles.

En las redes sociales se han visto crecer las llamas en plenas avenidas como si se tratase de un ritual con carácter obligatorio, otros, han decidido ser un poco más discretos desde un rincón del patio de sus viviendas. Pero en definitiva, con el fuego no desaparecerán los cientos de latas de refrescos, ni las innumerables botellas de cristal o el resto del material sólido-metálico que pueda haber entre la inmundicia. ¿Entonces, de qué sirvió ese incendio improvisado cuando permanece la mayoría del problema entre las cenizas?

La combustión de basura, para quien suscribe, en menor o mayor medida, siempre tendrá consecuencias desagradables, y se notará más en las próximas jornadas con los vientos de Cuaresma, que pueden trasladar la humada tóxica kilómetros más allá de donde se generó el fuego.

Es cierto que las personas no pueden comerse los desechos que generan, pero sí pueden disminuir su impacto con el reciclaje.  Basta solo un pequeño estudio entre las cantidades, y un volumen considerable de lo que en un inicio de consideró como inservible, ahora puede tener una segunda o tercera vida útil, convertida en una artesanía manual, envases reutilizables, o un simple adorno casero (en el caso de las botellas o latas de diversa índole).

La compleja situación que vive Cienfuegos en este sentido (derivada de la escasa posibilidad de recoger los desechos, debido a la falta de combustible que nos afecta a causa del bloqueo petrolero de los Estados Unidos) amerita una solución más apropiada, menos dañina y apocalíptica que quemar estos desechos.

Hacen mucha falta acciones concretas de enfrentamiento que pongan coto a esa indisciplina, a la par de incentivar buenas prácticas como el reciclaje o la gestión de un proyecto de desarrollo local (PDL), o de colaboración internacional que ayude a menguar esta desazón en el centro-sur y en el resto de Cuba.

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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