Fidel Castro Ruz: el hombre, sus condicionantes y formación

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Por: Llamira Cruz García y Noel R. Sampedro Muñoz

El estudio del pensamiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz constituye una necesidad imperiosa para todo cuadro político de la Revolución y cualquier revolucionario en general. Lo es en tal medida que, sin caricaturizarlo o reducirlo a citas muertas de ocasión, debe ser referente imprescindible y consulta obligada de todos los patriotas ante cada situación difícil o decisión engorrosa que deba enfrentarse. Sus ideas encierran un caudal de sabiduría, claridad meridiana y hondura que no deben desestimarse.

Sólido marxista leninista y martiano convencido, Fidel Castro Ruz sobresale por la vastedad de su pensamiento, la profundidad de sus análisis y la complejidad de sus saberes que son imprescindibles para la formación de los cuadros de la Revolución como líderes políticos. Su propia vida y quehacer político al frente del proceso de construcción socialista en Cuba, constituye ejemplo insuperable de lo que se expone. Definió al cuadro revolucionario como columna vertebral de la Revolución, vanguardia política forjada en praxis dialéctica entre partido y pueblo. Su pensamiento trasciende, integrando ideario martiano antiimperialista y marxismo crítico ante el bloqueo y las reformas.

Formación y evolución del pensamiento de Fidel Castro

La formación y evolución del pensamiento de Fidel Castro Ruz representa un itinerario dialéctico singular en la historia del marxismo latinoamericano, donde se entrelazan el humanismo martiano anticolonial, la praxis guerrillera antiimperialista y una apropiación crítica del marxismo leninismo, adaptada a las contradicciones del subdesarrollo periférico cubano (Martínez Heredia, 2011). Desde sus orígenes en la Universidad de La Habana, influido por intelectuales como Julio Antonio Mella y el ambiente de luchas estudiantiles contra la corrupción pre revolucionaria, Fidel forja un nacionalismo radical que trasciende el reformismo ortodoxo para asumir, progresivamente, la ruptura anticapitalista como imperativo histórico. Esta transición no es lineal ni dogmática, sino el producto de confrontaciones materiales – desde el asalto al Moncada hasta la Sierra Maestra -, que lo llevan a declarar en 1961 su condición de marxista leninista hasta la última hora, reivindicando a Martí como precursor del socialismo caribeño (Centro Fidel Castro Ruz, 2023).​

En su evolución posterior, el pensamiento fidelista se define por una tensión creativa entre la fidelidad a los principios marxistas y la revolución dentro de la Revolución, lo que lo lleva a rechazar tanto el estalinismo burocrático como el reformismo socialdemócrata, en sintonía con el internacionalismo guevariano y el pensamiento nuestroamericano de Mariátegui (Díaz, 2016). Textos como La Historia me absolverá (1953) marcan el germen de esta síntesis, donde la crítica al latifundismo y al imperialismo yanqui anticipa una lectura materialista de la historia cubana, culminando en reflexiones maduras como La victoria estratégica (1960), que articulan la guerra de guerrillas con la hegemonía proletaria leninista. Autores marxistas críticos, como los compilados en El pensamiento crítico en la Revolución Cubana (Colectivo, A., 2010), destacan cómo Fidel “cubaniza” el marxismo, priorizando la movilización popular sobre la vanguardia iluminada rígida, en un contexto de asedio permanente que exige flexibilidad táctica sin renunciar a la utopía socialista

La formación teórica del pensamiento de Fidel Castro Ruz se erige como un proceso dialéctico complejo, donde convergen fuentes humanistas, nacionalistas, marxistas y revolucionarias latinoamericanas, configurando no solo a un líder político sino a un intelectual orgánico capaz de sintetizar tradiciones disímiles en una praxis antiimperialista adaptada al contexto periférico cubano (Monal, 2019). En su dimensión humana inicial, las influencias formativas emergen del catolicismo jesuítico en el Colegio de Belén (1938 – 1942) y Dolores (1942 – 1945), que instilan una ética estoica de sacrificio y disciplina colectiva, leída por marxistas críticos como antecedente ético – materialista previo al encuentro con el materialismo histórico (Centro Fidel Castro Ruz, 2025). Esta base se enriquece con la tradición patriótica cubana – Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez y Antonio Maceo -, cuya épica independentista del XIX forja en Fidel un sentido de Patria como humanidad cercana y deber insurgente, articulando un nacionalismo radical que trasciende el liberalismo burgués para anticipar la lucha de clases anticolonial (Martínez Heredia, 2011).

Sin embargo, es indudable que el eje inicial (y primordial) de su formación como revolucionario radica en José Martí, cuya obra provee la matriz ideológica del antiimperialismo martiano, fusionando ética humanista con crítica al expansionismo yanqui, que Fidel reivindica explícitamente como precursor del socialismo en discursos como el de la Universidad Carolina de Praga (1961, citado en Monal, 2019). Autores marxistas como Fernando Ortiz en Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940) contextualizan esta influencia al describir la transculturación cubana como “ajiaco” – metáfora que Fidel adopta para su visión mestiza de nación -, mientras Julio Antonio Mella (s.f) (¡Abajo los yanquis!, 1925) y Antonio Guiteras (Manifiesto de la Joven Cuba, 1934) representan el socialismo cubano embrionario, antiestalinista y martiano, que moldea al Fidel estudiante en la Universidad de La Habana (1945 – 1950), donde participa en la Federación Estudiantil Universitaria contra la corrupción pre revolucionaria (Centro Fidel Castro Ruz, 2025). Raúl Roa, con Nuestra América ante la dominación yanqui (1950), refuerza esta veta diplomática – antimperial, posicionando a Cuba como vanguardia latinoamericana.

Desde una perspectiva marxista crítica, estas fuentes nacionales no son meros preámbulos románticos, sino expresiones materiales de la contradicción semicolonial, que Fidel sublima en La Historia me absolverá (1953), donde el programa anticipa reformas agrarias y educativas como ruptura con el capital dependiente, en sintonía con la tradición mellista de intelectual orgánico (Colectivo, A., 2010).​

El encuentro explícito con el marxismo ocurre en la universidad (Colectivo, A. 1947 – 1948), con lecturas seminales del Manifiesto Comunista (Marx y Engels, 1848), que Fidel describe como lógica elocuente para interpretar la explotación social (entrevista citada en Centro Fidel Castro Ruz, 2025). Profundiza en El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Marx, 1852) para analizar bonapartismos tropicales como Batista, y Las guerras civiles en Francia (Marx, 1871), que informa su visión de la Comuna como democracia proletaria directa. Sin embargo, las fuentes leninistas predominan: El Estado y la Revolución (1917) le provee la brújula para la toma del poder por focos guerrilleros en contextos no pre revolucionarios, mientras con ¿Qué hacer? (1902) justifica la vanguardia flexible sobre el partido rígido del PSP (Partido Socialista Popular), criticado por Fidel como burocrático (Monal, 2019).

Marxistas cubanos como Isabel Monal enfatizan esta apropiación creativa: Fidel “cubaniza” el leninismo, rechazando dogmas estalinistas para priorizar la articulación Martí – Marx, evidentes en la Sierra Maestra (1956 – 1958), en la Segunda Declaración de La Habana (1962) cuando declara el socialismo como destino histórico de América Latina (Ruiz Álvarez, 2019).​

En estos procesos el pensamiento nuestroamericano amplía su horizonte: José Carlos Mariátegui (Siete ensayos de interpretación marxista de la realidad peruana, 1928) influye en la lectura del subdesarrollo como feudalismo gamonal, adaptado por Fidel al latifundio azucarero cubano. Víctor Raúl Haya de la Torre (APRA, 1924) y su indigenismo antiimperial resuenan en el anti yanquismo continental. Mientras el Che Guevara – compañero de la teoría y la praxis revolucionaria – le enriquece con La Guerra de Guerrilla (1960) al teorizar sobre la necesidad del foco guerrillero, de raíz leninista -guevariana, como motor de la revolución en la periferia (Díaz, 2016). Autores como Roberto Fernández Retamar (Calibán, 1971) posicionan a Fidel en la tradición calibanesca latinoamericana, mestiza y rebelde, contra el Ariel eurocéntrico.​

Como líder indiscutible, Fidel integra ética cristiana (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, s. XVI) con marxismo humanista, visible en campañas como la alfabetización (1961) y estrategia militar de Sun Tzu (El arte de la guerra, s.f), aplicada en la guerrilla de la Sierra Maestra, junto a las experiencias de las luchas de independencia cubanas decimonónicas. La Sierra Maestra (1956 – 1958) forja su concepción del cuadro revolucionario: liderazgo como pedagogía armada que eleva al campesino descalzo a sujeto histórico. El Manifiesto de la Sierra Maestra (1957) y la Operación Triunfo articulan guerrilla móvil con organización urbana, resolviendo dialécticamente aislamiento rural y lucha clandestina. La toma triunfal de Santiago (1ro. de enero 1959) corona esta praxis, inaugurando la Revolución Cubana como horizonte continental.

Figuras contemporáneas como Che Guevara, Raúl Castro y Celia Sánchez aportan cohesión organizativa, mientras el bloqueo imperial (1960) forja su dialéctica praxis – teoría (Centro Fidel Castro Ruz, 2023).​ Estas fuentes conforman un pensamiento electivo pero dialéctico, donde el marxismo no es dogma importado sino método vivo, arraigado en la historia cubana y latinoamericana. Estos orígenes revelan a Fidel como intelectual orgánico gramsciano y líder dussiliano de la liberación: no caudillo providencial, sino mediador dialéctico entre pueblo y proyecto histórico, cuya pertinencia para cuadros del PCC en Cienfuegos (y Cuba) radica precisamente en esta unidad praxis – teoría forjada en contradicciones concretas del siglo XX cubano.

Períodos de formación y evolución del pensamiento de Fidel Castro

Fidel Castro Ruz encarna una vida que trasciende lo individual para convertirse en eje de la historia latinoamericana del siglo XX, marcada por la praxis revolucionaria dialéctica entre determinaciones objetivas (neocolonialismo y subdesarrollo) y voluntad subjetiva transformadora. La evolución de su pensamiento puede periodizarse en tres etapas dialécticas fundamentales: formación (1926 – 1952); madurez (1953 – 1976) y plenitud (1977 – 2016). Cada una justificada por hitos materiales y teóricos que marcan su tránsito de rebelde nacional a estratega marxista leninista creativo y, finalmente, a referente global del antiimperialismo socialista, en sintonía con la tradición martiana y el marxismo periférico cubano (Monal, 2019). Esta periodización, desde una perspectiva marxista crítica, no es cronológica rígida sino expresión de contradicciones históricas concretas: del nacionalismo radical contra el neocolonialismo batistiano, a la institucionalización socialista bajo asedio imperial, hasta la reflexión madura sobre crisis globales del capitalismo, articulando siempre la praxis guerrillera con el materialismo histórico aplicado a la realidad cubana. (Monal, 2007).

Desde estas perspectivas – marxista crítico nuestroamericano – es preciso aceptar que, en toda periodización, los límites establecidos lejos de ser fijos, constituyen meras aproximaciones ancladas a los momentos sobresalientes del movimiento de la historia del sujeto, ya que las mismas comprenden solo delimitaciones subjetivas, relativas y nunca absolutas. (Sampedro Muñoz, 2019). La investigación hace suyas las ideas de la filósofa cubana Isabel Monal (2007) cuando asegura que todo intento por periodizar la evolución de un pensador, supone una lógica interna bien definida, que permita entender la generalización teórica de un proceso evolutivo a través de la identificación de hitos más o menos precisos que han caracterizado ese devenir … A través de ella se resaltan nódulos y momentos de cambio de viraje de cierta profundidad, … que facilitan la comprensión del proceso a un nivel determinado de su esencialidad, lo que los diferencia de la simple enumeración histórica. (p. 10)

Según esta lógica, las periodizaciones constituyen un modelo científico que que representa a un sistema determinado y que, por ello, resulta un instrumento valioso para la interpretación y comprensión de su objeto específico de estudio.” (2007, p. 10), por lo que no constituye una camisa de fuerzas o patrón único que se pueda aplicar a otros análisis de plazos o generalizaciones diferentes. Es válido solo “para el sistema para el cual ha sido diseñado y no para ningún otro, y es solo conformable, asimismo, dentro de un cierto nivel de generalización.” (2007, p. 11).

Se concuerda con Monal (2007) cuando asevera que una periodización … indica un nivel determinado, ya adquirido, de conocimientos de la realidad, lo cual implica, entre otras cosas: a) una comprensión global del sistema, que se presenta como un todo; b) la puesta al descubierto de las diversas funciones de los elementos que en ella operan; c) la consideración de la relación entre esos diversos elementos; d) la plasmación de una sistematización, o sea, de la representación ordenada de los elementos interdependientes de un sistema, imprescindible a la construcción lógica de toda ciencia; y e) una clarificación del tránsito de una etapa o período a otro, de forma tal que el devenir general de los períodos y la función que cada elemento desempeña dentro de ellos, no resulta el producto de una arbitrariedad ciega. (p. 11)

El estudio del pensamiento de Fidel Castro impone complicaciones adicionales a estos proyectos. Primero, porque se trata de una de las personalidades más reconocidas, admiradas y seguidas de la historia de Cuba durante todo el siglo XX y las primeras dos décadas del XXI, que además se asume a sí mismo como martiano y marxista, articulando en su pensamiento los dos pilares esenciales de la Ideología de la Revolución Cubana. Segundo, porque sus concepciones son deudoras de una gama muy heterogénea de influencias filosóficas, políticas, sociales y económicas donde, si bien priman los enfoques marxistas, estos se dan desde la articulación creadora y dialéctica con todo el pensamiento del que bebió. La investigación de su obra revela que su pensamiento se abre de forma electiva a casi todas las corrientes que, en Cuba, Latinoamérica y el mundo proliferan durante su existencia. Tercero, porque del análisis documental de vasta obra, permite constatar que su producción teórica se extiende por un largo período comprendido entre los años 1957 y 2016, lo que la hace muy compleja y diversa.

La periodización del pensamiento de Fidel Castro propuesta permite un análisis más granular de sus contradicciones dialécticas internas, revelando no solo influencias acumulativas sino rupturas cualitativas impulsadas por coyunturas materiales específicas, como la crisis neocolonial, el triunfo insurreccional y el colapso del socialismo real. (Monal, 2019, p. 5). En cada etapa emergen elementos puntuales – discursos fundacionales, debates internos, ajustes estratégicos y Reflexiones – que ilustran su evolución de intelectual orgánico nacional a teórico marxista latinoamericanizado, cuya pertinencia para cuadros del PCC en Cienfuegos radica en la capacidad de navegar transiciones socialistas bajo asedio periférico.​

Periodo de formación (1926 – 1952)

Este período abarca desde su nacimiento en Birán hasta el golpe de Batista, enmarcado por la formación de sus matriz intelectual y política, la ética – humanista inicial y la radicalización universitaria en un contexto de crisis neocolonial (Crash del 29, Revolución del 33), donde Fidel asimila el antiimperialismo desde la égida martiana como expresión de la contradicción principal Cuba – EE.UU., sin declararse aún marxista explícito (Blanco, K., 2003). Se justifica por la ausencia con la ruptura armada y la búsqueda de vías institucionales (Partido Ortodoxo), culminando en la frustración electoral que precipita la insurrección; es la fase de acumulación ideológica donde el joven Castro forja su subjetividad revolucionaria mediante lecturas autónomas y luchas estudiantiles contra gánsteres universitarios.​

Son influencias clave en este período: José Martí, como guía patriótico – humanista que define la Patria como deber antiyanqui; Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, precursores del socialismo cubano antiestalinista; el catolicismo jesuítico que ayuda a forjar la ética del sacrificio y las primeras lecturas marxistas embrionarias, descritas por el propio Fidel como de lógica elocuente para interpretar explotación. (Centro Fidel Castro Ruz, 2023).

Pero más allá de las influencias señaladas, este lapso se profundiza con la participación de Fidel en la expedición de Cayo Confites (1947) contra Trujillo, que marca su primer ensayo práctico de internacionalismo antiimperialista espontáneo, influido por el exilio dominicano y lecturas de Simón Bolívar, fusionando jacobinismo independentista con acción directa contra dictaduras hermanas (Centro Fidel Castro Ruz, 2025). Un elemento puntual es su intervención en el caso Raúl René López (1948), donde defiende al líder católico perseguido por gánsteres universitarios, evidenciando una ética cristiana pre marxista de justicia social que anticipa la alianza obrero católica que defenderá a partir de 1959. Aquí resuena el legado espiritual de Ignacio de Loyola, instilando disciplina ascética contra corrupción burguesa.​

Otro hito es su candidatura al Congreso por el Partido Ortodoxo (1949 – 1952), con la Declaración de Principios del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) de Eduardo Chibás (1947), donde critica el latifundio azucarero como feudalismo verde, prefigurando el programa Moncada y absorbiendo la economía política de Carlos Rafael Rodríguez (1950). Esta fase culmina en el golpe batistiano (10 – 10 – 1952), que Fidel, evidentemente influenciado por Marx en El 18 Brumario (1976), interpreta como bonapartismo criollo, hecho que justifica la insurrección como negación dialéctica del reformismo electoral (Blanco, K., 2003).

Período de madurez (1953 – 1976)

Del asalto al Moncada al primer Congreso del PCC, este lapso se justifica por la praxis insurreccional victoriosa (1959), la radicalización socialista abierta (1961) y la institucionalización del Estado obrero bajo bloqueo y tensiones con el socialismo real soviético, revelando la madurez dialéctica al convertir una revolución democrático – nacional en socialista periférica, resistiendo del asedio del imperialismo yanqui. Es la era de síntesis teórico – práctica, donde Fidel rechaza dogmas estalinistas para priorizar la movilización popular contra la burocracia, articulando a Martí y a Marx en documentos seminales como La Historia me absolverá (1953) y Segunda Declaración de La Habana (1962).​

Constituyen sus influencias principales: Lenin, que le aporta la comprensión de la necesidad de una vanguardia flexible y la toma del poder en contextos no pre revolucionarios; Marx, para análisis de bonapartismo criollo y el papel de la dictadura del proletariado como forma del Estado proletario, sostenida en el fracaso de la Comuna de París (1871); Che Guevara, y su internacionalismo práxico; la tradición nacional (Varela, Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, etc.) y nuestroamericana (Bolívar, Sucre, San Martín, Morelos, Mariátegui, etc.) para comprender las causas del subdesarrollo colonial y encontrar las pautas de la lucha anticolonial (Ruiz Álvarez, 2019).​

En esta etapa, es preciso profundizar en el Gran Debate económico (1963 – 1964) entre Che Guevara y Evsei Grigorievich Liberman, donde Fidel confronta el Sistema de Financiamiento Presupuestario propio contra el cálculo de rentabilidad de soviéticos como Borovoi, defendiendo el sistema presupuestario de financiamiento guevariano como vía al comunismo frente al materialismo vulgar estalinista (Castro Ruz, 1964). Un elemento clave es la Declaración de La Habana (1960), que sublima el foquismo guerrillero como doctrina continental, influido por Mao (1938) y Giap (1961), adaptando el concepto de guerra popular a los focos rurales en la América Latina subdesarrollada.​

Otro hito singular en este período lo constituye la Crisis de Octubre (1962), o Crisis de los Misiles. La decisión de Fidel de aceptar los misiles soviéticos es entendida por el pensamiento marxista crítico nuestroamericano como expresión de la madurez estratégica, que prioriza soberanía sobre coexistencia pacífica (Regalado, 2022), este acto marca el rechazo al dogmatismo moscovita.

Período de plenitud (1977 – 2016)

Desde la consolidación institucional posterior al I Congreso del PCC hasta su muerte, enmarcado por la Política de rectificación 1986, el Período Especial 1991 tras el colapso de la URSS y el Campo Socialista de Europa del Este, el aumento de las presiones y agresiones estadounidenses y la imposición de la globalización neoliberal, donde Fidel trasciende liderazgo táctico para convertirse en teórico crítico del capitalismo tardío, defendiendo cambiar todo lo que deba cambiarse sin restauración capitalista, y proyectando alianzas bolivarianas (ALBA, 2004) como continuidad del internacionalismo leninista (Ubieta Gómez, 2019). Representa la síntesis superior: marxismo vivo, antihegemónico y nuestroamericanista, validado por supervivencia cubana frente a asedio perpetuo.​

Bebe en este período, esencialmente, de: Roberto Fernández Retamar para asumir en su discursos y praxis revolucionaria el mestizaje calibanesco; de Raúl Castro y Celia Sánchez como cohesión estratégica; de Sun Tzu para la diplomacia prolongada; del marxismo crítico contemporáneo (rechazo a la perestroika) lo que le obliga a volver a la obra de los fundadores y releerlos desde las exigencias que el momento impone; de Martí releído como profeta del socialismo cubano en su madurez global. (Centro Fidel Castro Ruz, 2025).

Aquí destacan las Reflexiones post Período Especial (2008 – 2016), donde Fidel critica el capitalismo salvaje global desde las posiciones de Marx en El Capital (1964), proponiendo soberanía alimentaria y rechazo a transgénicos como resistencia ecológica marxista, influido por Vandana Shiva La violencia de la globalización (2006) y agroecología cubana (Funes, 2002). Un puntual es su apoyo a la Revolución Bolivariana (1999 – 2013), articulando el ALBA (2004) con el Proyecto Nuestra América de Mariátegui y Bolívar, posicionando a Cuba como eje antihegemónico sur – sur. (Centro Fidel Castro Ruz, 2023).​

En el Mensaje a los parlamentarios (2010), aboga por cambiar todo lo que deba cambiarse, criticando la burocracia interna como casta parasitaria y llamando a la democracia participativa socialista. Este ajuste rectificador profundiza su rechazo a Perestroika (1985) de Gorbachov, posición que es validada por la supervivencia cubana, sin renunciar a los principios del socialismo. (Ubieta Gómez, 2022). Esta profundización de su pensamiento subraya la vigencia de sus ideas para contextos cubanos, como Cienfuegos, y lo convierten en método dialéctico, adaptable y necesario, para la formación de las nuevas generaciones de cuadros políticos que necesita la Patria.

La figura de Fidel Castro como líder histórico indiscutible de la Revolución cubana es el producto dialéctico de las condicionantes históricas (neocoloniales y socialistas) en que se desenvolvió su vida. Nos revela cómo el hombre – forjado en la Cuba dependiente (1926 – 1959) y madurado en la construcción periférica del socialismo – emerge como intelectual orgánico cuya praxis trasciende el liderazgo carismático para convertirse en método vivo de emancipación anticapitalista.

En este proceso formativo desempeñan un papel singular las raíces materiales en que vive – desde el latifundio azucarero típico de la República burguesa hasta las batallas por la, y dentro, de la Revolución, su evolución histórica en franco enfrentamiento al imperialismo yanqui y su desaparición física – en el que se forjan su sólida formación martiana, marxista leninista y nuestroamericana, profundamente influido por la vida, obra y el pensamiento de figuras imprescindibles de la historia patria y universal: José Martí, Julio Antonio Mella, Ernesto Che Guevara, Karl Marx, Vladimir I. Lenin José Carlos Mariátegui (s.f), por solo mencionar  estos, que se articulan en la evolución de sus concepciones y constituyen una reserva de inigualable valía y pertinencia en las condiciones actuales para la formación de cuadros del PCC frente a la burocratización y globalización neoliberal.

Fidel Castro no es un héroe aislado sino expresión de las contradicciones de la Cuba y le mundo que le tocó vivir.  Su subjetividad se gesta en la tensión entre ética jesuítica sacrificial, antiimperialismo martiano y marxismo crítico vivo, que proyectan el liderazgo como la capacidad para hegemonizar bloques subalternos en contextos de asedio. Su legado teórico es base metodológica y práctico – teórica en las condiciones del socialismo cubano actual.

La evolución dialéctica de su pensamiento demuestra que la asunción de las fuentes de las que bebió fue un acto heroico y complejo de articulación electiva, no eclética, que le permitió comprender la realidad histórica de Cuba, actuar en consecuencia, y asumir una altura ético – humanista que rebasa a sus contemporáneos. Este itinerario valida su liderazgo dentro de la Revolución como intelectual orgánico de las transiciones socialistas en países periféricos.

Desde estas concepciones su pensamiento se posiciona como brújula metodológica para analizar y formar a los cuadros del PCC en Cienfuegos, integrando condicionantes históricos con evolución teórica en un marco marxista nuestroamericano que evita tanto el culto personalista como el revisionismo, lo que abre la posibilidad concreta de su aplicación en la formación partidista local.


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El periódico de Cienfuegos. Fundado en 1980 y en la red desde Junio de 1998.

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