El regreso a casa de los hijos de la Patria

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 49 segundos

Un velo de lluvia fina cubría La Habana en la mañana de este 15 de enero. No era un aguacero cualquiera; era la atmósfera doliente y solemne que recibía, en el Aeropuerto Internacional José Martí, a los 32 combatientes, a los 32 hermanos revolucionarios que ofrendaron su vida por la lealtad más grande.

Doce días antes, en la madrugada del 3 de enero, lejos de su suelo natal, en la tierra hermana de la República Bolivariana de Venezuela, estos internacionalistas cubanos se enfrentaron en combate, con la bravura de los mambises, contra el imperialismo yanqui. Cumplían con el deber sagrado de la solidaridad, defendiendo con valor la seguridad de un pueblo aliado y su proceso bolivariano. Su sacrificio, instantáneo y heroico, resonó como un trueno en el corazón de Cuba, que desde ese momento comenzó a prepararse para recibirlos.

Y hoy, 15 de enero, ese momento llegó. La pista del aeropuerto se transformó en un sagrado recinto de honor. Nuestra bandera de la estrella solitaria se mecía pesadamente bajo el cielo gris. El silencio, solo roto por los compases fúnebres de la banda militar envolvía la ceremonia de recepción. Uno a uno, los féretros, cubiertos con la bandera cubana, fueron descendidos con una lentitud que dolía. Era el regreso de los hijos a la Madre Patria.

Foto: Tomada del perfil de Facebook del Partido Comunista de Cuba
Foto: Tomada del perfil de Facebook del Partido Comunista de Cuba

Desde allí, iniciaron su último recorrido por la Avenida Boyeros, una vía convertida en corredor de honor. Bajo la persistente llovizna, el pueblo se alineó en el camino. No hubo gritos, sino miradas fijas, saludos militares espontáneos desde la acera, manos sobre el corazón. La caravana avanzó hacia la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), donde los restos serán expuestos para el tributo popular hasta las 6 de la tarde.

Allí, ante el MINFAR, se congregó Cuba. Filas largas y ordenadas de personas, impermeables al clima, esperaban para rendir homenaje. La lluvia se mezclaba con las lágrimas en un duelo nacional palpable. En ese recogimiento colectivo, adquirieron una vigencia estremecedora las palabras expresadas por nuestro Comandante en Jefe en el sepelio de las víctimas del crímen en Barbados: “¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”. Hoy Cuba lloraba con una fuerza serena y poderosa.

Este dolor no es impotencia; es juramento. Ellos cayeron defendiendo la soberanía de un pueblo hermano y la figura de su presidente, Nicolás Maduro Moros, en un acto de coherencia absoluta con el internacionalismo que profesa la Revolución. Su deber no tuvo fronteras porque, para ellos, la Patria era allí donde había que defender la justicia.

Al concluir el homenaje en la capital, iniciarán su viaje final hacia sus provincias de origen, donde serán recibidos por su tierra local y sus familias, completando así el ciclo de su regreso a casa.

Hoy, 15 de enero, Cuba honra con el corazón desgarrado pero el espíritu indómito a estos 32 hijos. Su partida no es un adiós, sino una semilla de valor y dignidad plantada en el alma de la nación. Un pueblo que llora así, unido y firme, es un pueblo que jamás será vencido. Su ejemplo, ahora más vivo que nunca, grita al futuro con una verdad inmutable: ¡Honor y gloria eterna a los héroes de la Patria!

Visitas: 5

Barbara M. Cortellan Conesa

Ingeniera Química por la Universidad de Camagüey. Diplomada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista-Editora del diario 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *