Ante la adversidad: Cuba digna
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El cerco imperial se cierra cada día más en torno a nuestro país y nuestro pueblo. Eso no es novedad. Basta con echar un vistazo a las noticias, a las redes sociales o a otros mecanismos de información para advertir nuevas medidas, bajo el supuesto argumento de que Cuba constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, tal y como lo ha asegurado, una vez más, el Secretario de Estado imperial y acérrimo enemigo de la Revolución Cubana.
No hay nada nuevo en sus palabras para sustentar semejante idea; entre lo expuesto podemos leer la cercanía geográfica de la Isla, sus relaciones con Rusia y China, los casos históricos de espionaje y una supuesta red cubana de influencia sobre protestas y organizaciones políticas estadounidenses. ¡Imagínense!
Nosotros, que defendemos con uñas y dientes la paz; que, pese a todos los obstáculos, seguimos aferrados a la vida; que no nos rendimos aun cuando hace más de siete meses no entra un solo barco con combustible y existen miles de contenedores varados en diversos puertos por temor a represalias contra navieras, armadores y todos los involucrados en el trasiego de mercancías por vía marítima, seguimos adelante.
De tanto insistir en su pronunciamiento algunos podrían creer que —en efecto— Cuba es una amenaza, mas la brújula de los hechos apunta a todo lo contrario. Es el gobierno de los Estados Unidos quien no solo amedrenta, sino que ejecuta acciones macabras para rendir, por cualquier vía posible, incluida la armada, a todo un pueblo.
El Canciller Bruno Rodríguez Parrilla afirmó en ocasión de la sexta desconexión del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en lo que va de año que el cerco energético es mucho más amplio que la simple prohibición de comprar crudo y derivados en el mercado internacional. “No solo impide la libre importación de combustibles. Bloquea la entrada a nuestro país de partes y piezas necesarias para el SEN, impide la colaboración con expertos de otras naciones y dificulta el acceso a financiamiento internacional”.
No es mera retórica; es realidad contundente. La política de bloqueo contra Cuba toma rasgos de genocidio, porque ¿qué es si no?
La del gobierno yanqui es una actitud genocida que impide, a ultranza, solo por el hecho de hacer morir a un pueblo entero, la entrada de medicamentos, alimentos, combustibles y, por ende electricidad, agua, vitalidad.
No es mera retórica insisto. Lo vivimos usted y yo; mis vecinos y familia como los suyos también.
Pudiéramos lamentarnos, decaer, desfallecer, “tirar la toalla”, pero la tozudez cubana —¡bendita tozudez!— nos lleva a levantarnos cada día, a comentar y hasta maldecir esta situación agónica, Sí, pero también a continuar empujando un país —como diría el poeta—, a continuar peleando por nuestros sueños y aferrándonos a la vida con la dignidad que nos es propia.
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